sábado, 5 de abril de 2014

Los principios de las Madres

POSTURAS POLÍTICAS QUE CIMIENTAN LA ORGANIZACIÓN

A lo largo de las décadas, la Asociación Madres de Plaza de Mayo constituyó su identidad política sobre la base de distintas decisiones. Dos de ellas –la socialización de la maternidad y el rechazo a la reparación económica– fueron y son trascendentales para el desarrollo de su lucha.

Por Luis Zarranz
A lo largo de sus 37 años de lucha, las Madres de Plaza de Mayo han tomado diversas decisiones políticas. Cada una de ellas sintetizan a la organización: la nombran y la definen.
De todas las posturas políticas, hay dos que fueron –son– trascendentales y constituyentes de su identidad: la socialización de la maternidad y el rechazo a la reparación económica.
Ambas decisiones no sólo fueron el pilar sobre el que cimentó buena parte de su ideario político en tantos años de recorrido, sino que tienen un condimento extra: su permanente actualidad, su continuidad histórica en diferentes contextos políticos y cómo tal postura la distingue del resto de los organismos.

De singular a plural
A medida que avanzaba la lucha de las Madres y su reclamo por los desaparecidos, ellas mismas fueron desarrollando un crecimiento político que al principio –cuando salieron de sus casas a las plazas- no tenían. En ese impulso comprendieron que la lucha individual se agotaba en sí misma. Para ese entonces, el gobierno de Raúl Alfonsín pretendía reducir la lucha de los que habían dado su vida por un mundo mejor por un puñado de huesos que cada madre debía reconocer. La Asociación rechazó tajantemente la exhumación de cadáveres que pretendía disolver los ideales revolucionarios de los 30.000 en restos óseos.
En esa fase de lucha, las Madres decidieron hacerse madres de todos y todas y llamaron a ese proceso “socialización de la maternidad”. Tal decisión fue debatida internamente, con posturas de diferentes matices. Ser Madres de los 30.000 desaparecidos implicaba una reivindicación de su lucha sin hacer distinciones a la vez que significaba asumir el compromiso revolucionario de sus hijos.
En el debate por la socialización de la maternidad, las Madres enterraron la lucha individual por el hijo propio y tuvieron miles de hijos: un inmenso parto colectivo que fue una de las razones de la ruptura de un grupo pequeño de madres, no conformes con tal decisión.
Como todo parto, el proceso fue doloroso pero repleto de amor. El momento de dejar la foto y el nombre de cada hijo fue, seguramente, de gran incertidumbre para muchas de las Madres, pero en el mismo instante colectivizaron su propia experiencia de ser madres de revolucionarios. Ya los habían parido una vez y ahora los estaban volviendo a parir. Además, el legado que ellos habían dejado las estaba pariendo a ellas como protagonistas políticas de la época.
Una metáfora maravillosa.
Desde aquel momento, el pañuelo blanco que portan las Madres de la Asociación perdió el nombre y la fecha del secuestro de cada hijo propio por la leyenda que perdura hasta hoy: “Aparición con vida de los desaparecidos. Asociación Madres de Plaza de Mayo”.
Ese proceso de convertir lo singular en plural convirtió a las Madres en Madres de todos los que luchan. A lo largo de los años, donde fuera que había una lucha contra alguna injusticia, allí estaba el pañuelo blanco. La trascendencia de esa decisión, entonces, tiene estricta actualidad. Este significativo hecho posibilitó que las Madres se convirtieran en la referencia de la rebeldía y el coraje.
Pensemos por un instante el mensaje que emitieron las Madres cuando decidieron colectivizar su maternidad, cuánta carga política hubo, y hay, en esa decisión: el fin de la lucha individual, la derrota del egoísmo y el fin de los héroes solitarios. Nadie trasciende en sus reclamos por sí sólo. No hay victoria posible si no es con otros y para otros: ésa fue una de las mayores experiencias que nos legaron los 30.000 y que las Madres pusieron en práctica, no a través de algo lejano o simbólico sino con algo concreto de su propia historia.

La vida vale vida
En 1994, en pleno menemismo, el Congreso sancionó la ley 24.411, conocida como “Ley de Reparación Económica”, que establecía una indemnización para los herederos directos o “causahabientes” de los desaparecidos. Las Madres rechazaron fervorosamente la ley y se negaron a cobrar el dinero que el Estado que había desaparecido a sus hijos les ofrecía dieciocho años después. Fueron –son– el único organismo que se negó a aceptar dinero por la desaparición de sus hijos.
Para explicar y militar su decisión, las Madres sostuvieron que “la vida vale vida” y afirmaron: “No aceptamos que se le ponga precio a la vida”. Entre sus consignas históricas, así explican su decisión:

“Nuestros hijos nos enseñaron el valor que tiene la vida. Ellos la pusieron al servicio de todos los oprimidos, de los que sufren injusticias. Las Madres de Plaza de Mayo rechazamos la reparación económica y decimos que la vida sólo vale vida. Que la vida sólo vale algo cuando la ponemos al servicio del otro. La vida de un ser humano no puede valer dinero, y mucho menos la vida de un revolucionario. Lo que hay que reparar con justicia no se puede reparar con dinero. Los radicales y menemistas que perdonaron a los asesinos, ahora quieren tapar sus crímenes con dinero. Nadie le va a poner precio a la vida de nuestros hijos. Las Madres de Plaza de Mayo seguiremos afirmando que los que cobran las reparaciones económicas se prostituyen”.

Efectivamente, frente a la postura de otros organismos, las Madres sostuvieron: “El que cobra la reparación se prostituye”. Fue una manera contundente de diferenciarse y señalar un límite contundente en una de sus históricas posturas políticas.
Cuando la Ley de Reparación Económica fue reglamentada estableció como monto 250.000 pesos/dólares por cada desaparecido. Además de ser una medida que pretendía ubicar la gesta de las Madres en una lucha individual, la ley –como suele explicar Hebe de Bonafini– es reflejo puro del capitalismo: el sistema primero te mata y te desaparece, luego te ofrece plata.
Una perversidad sin límites.
En aquel entonces, Hebe sostuvo: “Yo tengo tres desaparecidos: 750.000 dólares, igual a madre millonaria pero sin hijos. ¡Nosotras no queremos reparación económica porque la vida de un revolucionario no puede tener precio! Ni a la vida de nadie se le puede poner precio. Pero además, tenés que firmar cuándo crees que tu hijo murió, no que lo que lo asesinaron ¿Yo voy a firmar la muerte de mi hijo? ¿Yo voy a poner cuándo creo que lo asesinaron? ¡Es una locura eso! Es también una manera de vender la sangre de los desaparecidos. Las madres decimos: el que cobra la reparación económica se prostituye. Te están pagando por el asesinato de tu hijo. La justicia no se puede pagar con plata, no hay plata en el mundo en el mundo para reparar este horror. La gente tiene que acostumbrase a hacer la revolución poniendo el cuerpo, no pensando que si lo ponen y si le pegan mucho mañana le pagan. ¡No!”.
Esa contundencia en el decir de las Madres y la convicción y claridad para analizar las “propuestas” del sistema hizo que se fortaleciera aún más el lazo que las une al pueblo.
En el mensaje de Hebe había, también, un recado para los jóvenes. En pleno menemismo, donde en el contexto de pizza con champagne la defensa de los ideales parecía ser un despropósito, las Madres se transformaron en un oasis en medio de un desierto: su defensa de la vida y la tozudez con la que defendieron su postura desparramó un aire fresco frente a la desesperanza y el pretendido “fin de la historia” con que una parte de la sociedad transitó la década.
Para reafirmar la postura de las Madres, Hebe publicó un artículo en el diario Página/12 que finalizaba con estas palabras: “Reafirmamos que nuestros hijos jamás van a morir mientras haya jóvenes que sientan que la vida es el valor máximo de todo revolucionario, que la sangre no se vende, y, como decía Camilo Torres: ‘Ser revolucionario y amar la vida es no venderse jamás a cambio de gratificaciones, promesas y prebendas’. ¡Ni un paso atrás!”

El mundo es un pañuelo
Para quienes en la década del noventa éramos jóvenes y comenzábamos mirar los hechos políticos con interés, las Madres eran un faro que iluminaba en medio de la oscuridad de la exclusión, el saqueo, el individualismo extremo y la falta de escrúpulos del peronismo gobernante. Cada acción de las Madres alimentaba la rebeldía, la esperanza, el coraje, la solidaridad y propiciaba nuevos espacios de encuentro para combatir la injusticia.
El rechazo a la reparación económica de la Asociación no sólo sacudió el avispero en el ámbito de los organismos, sino que esa postura levantó una bisagra ante los intentos del menemismo de diluir cada una de las luchas con una mezcla de represión y otra de poder económico. La decisión de las Madres recorrió el mundo entero y se convirtió en un ejemplo de la lucha del pañuelo blanco: no abandonar a los hijos y no dar ni un paso atrás.
Veinte años después del rechazo a la reparación económica, la postura de las Madres se actualiza y se dimensiona cuando los medios y ciertos periodistas las difaman injustamente.

Principios sin final
Tanto la socialización de la maternidad como la tajante decisión de rechazar la reparación económica tuvieron –tienen– íntima relación con otras posturas históricas de las Madres: los principios de la Asociación. Todos ellos componen una red en la que cada uno se entrelaza con otro: un todo que es más que la suma de las partes y que sustenta su praxis política desde hace 37 años.
Por ejemplo:

ü  No dar por muertos a sus hijos y reconocerlos en los sueños y el compromiso revolucionarios de otros jóvenes.

ü  El rechazo de las exhumaciones. “Las Madres de Plaza de Mayo rechazamos las exhumaciones porque nuestros hijos no son cadáveres. Están físicamente desaparecidos pero viven en la lucha, los ideales y el compromiso de todos los que luchan por la justicia y la libertad de sus pueblos. No hay tumba que encierre a un revolucionario. Un puñado de huesos no los identifica porque ellos son sueños, esperanzas y un ejemplo para las generaciones que vendrán”, sostienen las Madres

ü  El rechazo a los homenajes póstumos. “Rechazamos las placas y los monumentos porque eso significa enterrar a los muertos. El único homenaje posible es levantar sus banderas de lucha y continuar su camino. Los homenajes póstumos sólo sirven para que los que garantizaron la impunidad, hoy laven sus culpas. El único monumento que podemos levantar es un inquebrantable compromiso con sus ideales”, afirman en sus consignas.

Amarlos es reivindicarlos
Todos estos pilares sustentan la acción política que las Madres han sostenido a lo largo de las décadas. Son estas posturas, debatidas en el seno de la organización, las que les permitieron derrotar a sus verdugos, junto con el despliegue de un sinfín de actividades que pusieron siempre a la vida por sobre la muerte.
Se podrán opinar muchas cosas sobre la radicalidad de las posturas de las Madres, pero nadie podrá desconocer que están fundadas en el amor a sus hijos y en la reivindicación de su lucha. Negar esa premisa invalida todo el análisis posterior que se pretenda hacer.
Pero, además, las decisiones que cimentaron su ideario político generaron otras concepciones en la práctica, que ya corresponden al capital simbólico que la lucha de las Madres sembró en sus 37 años de acción. Algunas de ellas:

ü  “Las calles y las plazas son de los pueblos”.

ü  “La única lucha que se pierde es la que se abandona”.

ü  “Los pueblos tienen poder si logran ganar las calles y ocupan las plazas”.

ü  “El otro soy yo”.

ü  “No existe la política sin amor”.

ü  “La revolución es una tarea de todos los días: pensar qué puedo hacer por el otro”.

Es imposible mensurar la dimensión que han tenido cada uno de estos conceptos a lo largo de los años, pero sí es perfectamente posible afirmar que la lucha de gran parte de las organizaciones y movimientos sociales de Argentina y América Latina se vio influenciada por las Madres. Su lucha y sus posturas han inspirado a cientos de movimientos sociales.
Las Madres que eligieron ser Madres de todos los que luchan y que rechazaron dinero por la vida de sus hijos son, por todo eso, imposible de abarcar con una definición lineal. Y mucho menos con una palabra precisa. Cualquiera que se escoja amputaría algún sentido de su historia.
Si escoger una palabra que resuma la lucha de las Madres y condense sus principios históricos es una misión titánica, bien puede elegirse arbitrariamente –como toda elección– treinta y siete palabras, una por cada año de lucha, para emplearlas como sinónimos, aunque todo el mundo sepa que las Madres de Plaza de Mayo son únicas.
Rebeldía. Amor. Libertad. Alegría. Coraje. Pasión. Esperanza. Hogar. Pañal. Pañuelo. Lucha. Solidaridad. Partos. Hijos. Sueños. Jueves. Revolución. Marcha. Plaza. Creatividad. Valentía. Constancia. Patria. Comunicación. Resistencia. 30.000. Claridad. Dignidad. Firmeza. Generosidad. Integridad. Inteligencia. Juventud. Ternura. Proyectos. Política. Vida.

(Publicada en la revista "Ni un paso atrás", abril 2014)

martes, 1 de abril de 2014

TALLER DE CRÓNICA PERIODÍSTICA IN SITU


Abril- Julio (inclusive)
Encuentros quincenales: sábados de 11 a 13 horas
Comienza: sábado 5 de abril
10 encuentros. 10 lugares. 10 historias
Una invitación a recorrer distintos espacios de la Ciudad de Buenos Aires con el propósito de narrarlos y contar lo que allí sucede. Una invitación a ser testigos de diferentes hechos y lugares para intentar captar su esencia y luego elaborar una crónica periodística: cómo contarle eso a alguien que no estuvo allí.
En cada jornada, que tendrá un punto de encuentro diferente al anterior, pondremos en juego nuestros sentidos para, luego, narrar lo que percibimos.
La frecuencia quincenal nos permitirá trabajar los textos de manera personalizada, hasta lograr uno definitivo. Entre encuentros, se trabajará en la edición de cada crónica, en la búsqueda de un estilo propio.
Si los hechos no están en el aula, ¿por qué todos los talleres de crónica periodística tienen que ser puertas adentro? En esta oportunidad, la propuesta es un taller a cielo abierto, con el propósito de devolver al cronista al ámbito que le es propio: el espacio público.
El desafío de borrar las fronteras materiales del aula apunta, también, a disolver las fronteras narrativas, más invisibles pero a veces más sólidas.
Las salidas se harán en conjunto con el Taller de Ensayo Fotográfico Urbano, a cargo de Sebastián Romero, por lo que habrá crónicas escritas y visuales. Esa complementación enriquecerá cada salida.
MODALIDAD DE TRABAJO:
Cada encuentro se desarrollará en un lugar distinto. Con anticipación, se informará cuál será el sitio de cada actividad.
En el primero, el docente brindará las pautas generales de trabajo, conceptos referidos a la crónica periodística, textos y material sugerido, etc. Luego, durante el transcurso del taller, realizará correcciones personalizadas y sugerirá lecturas, apuntes y otros elementos que posibiliten un desempeño más fluido en el ámbito de la práctica. 
Estando in situ, los integrantes del taller recibirán una consigna precisa y tendrán total libertad para moverse dentro de ése ámbito recopilando datos, registrando sensaciones, realizando entrevistas. En el plazo de una semana, las y los estudiantes deberán entregar una crónica para ser editada, hasta su versión definitiva, antes del siguiente encuentro.
GRUPOS REDUCIDOS.
 Informes e Inscripción:

Luis Zarranz
Periodista y Licenciado en Comunicación Audiovisual. Fue docente de “Técnicas de la Comunicación II”, en la Escuela de Periodismo “Círculo de la Prensa”, “Comunicación Alternativa”, en la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, y de la “Cátedra Autónoma de Comunicación Social”, de la cooperativa lavaca. Además, dictó diversos talleres de crónica periodística y de redacción, entre otros cursos de periodismo gráfico y radial.
Integra el equipo de Prensa y Comunicación de la Asociación Madres de Plaza de Mayo y ha sido designado director de la futura Licenciatura en Comunicación, por lo que trabaja en el diseño curricular de la misma.
Posee vasta trayectoria en medios sociales de comunicación. Escribe en el periódico MU, que edita la cooperativa lavaca, y se desempeña como corresponsal en Buenos Aires de la revista “Al Margen” (Bariloche) que venden personas en “situación de calle”. Para esta publicación entrevistó a Eduardo Galeano, Silvio Rodríguez, Osvaldo Bayer, Diego Capusotto, Pascual Serrano, León Gieco, Gillespi, Teresa Parodi, “Arbolito”, “Falta y Resto”, Pedro Saborido, la cubana Yusa, la hondureña Katia Lara, entre otros referentes de la cultura. Fue director periodístico de la revista virtual Jaque al Rey y colaboró con distintos colectivos de información. También publicó sus artículos en los diarios Tiempo Argentino, Miradas al Sur y en la revista “Ni un paso atrás” de las Madres de Plaza de Mayo.
Ha participado en numerosas experiencias de Prensa y Difusión institucional, en el ámbito de los Derechos Humanos, la Cultura y la Educación, sobre todo en la elaboración y producción de textos. Fue parte del Departamento de Prensa del Centro Cultural Recoleta y trabajó en la difusión de obras de teatro para la Agencia de Comunicación Colombo-Pashkus.
En radio, fue creador, guionista y conductor de diversos programas entre los que se destacan “Nos Sobran los Motivos”, “Primeras Luces”, “Dímelo en la Calle” y Baldosas Flojas”. (Radio Nacional, Radio Colonia, Radio Cultura, entre otras).
Junto con Gonzalo Seoane escribió “Las Madres en la tierra de Néstor. Crónica de un viaje histórico” (Ediciones Madres de Plaza de Mayo). Además, participó en la elaboración e investigación del libro “Sin Patrón”, edición de bolsillo (Lavaca Editora), sobre la experiencia de las fábricas recuperadas, y fue corrector de “El Plan de Operaciones en Marcha”, de Eduardo Nocera (Editorial del Nuevo Extremo). Actualmente está trabajando en un libro sobre los grupos de teatro comunitario. 

miércoles, 5 de marzo de 2014

La creatividad al poder

ADHEMAR BIANCHI Y RICARDO TALENTO

Son los padres del teatro comunitario. Uno es el director del Grupo Catalinas Sur, el que nació sobre el fin de la dictadura. Otro dirige el Circuito Cultural Barracas, parido en 1996, en plena sobredosis menemista.

Teatro de y para vecinos. En la práctica significa fusionar los conceptos de comunidad, arte, identidad, celebración, autogestión y juego como una unidad teatral. Sin embargo, lo que hace más interesante aún al teatro comunitario es la generosidad fundacional con la que creció: durante los días aciagos del 2001, Adhemar Bianchi y Ricardo Talento salieron juntos por los barrios a propalar el encuentro de vecinos a través del arte. Así, hoy existen casi 50 grupos de teatro comunitario en todo el país, unidos a través de la Red de Teatro Comunitario, de la que también fueron impulsores.
Con ustedes, los reyes más plebeyos de la cultura teatral.

EL PARADIGMA
Talento: En la práctica hemos ido conceptualizando sobre lo hecho y podríamos decir que el teatro comunitario recuperó la esencia del teatro: esta ceremonia del ser humano que necesita de otros para que se produzca el hecho celebrativo.
Bianchi: Treinta años atrás, cuando salíamos de la dictadura, teníamos como propósito recuperar la red social, el espacio público. Ese paradigma se fue consolidando y mutando y, básicamente, lo que se instaló con fuerza es pensar el lugar donde uno vive como un espacio creativo y no como el lugar a donde uno duerme. Eso es transformador porque el mercado te pone el cine y todo en el shopping, lejos de los barrios. Hay una tensión: la comunidad resiste los mandatos del mercado, que pretende arrasar con todo: las costumbres, la cultura; te segmenta.
Talento: La práctica ha generado cuestiones inéditas. Una es lo intergeneracional: chicos recién nacidos, jóvenes y viejos compartiendo el mismo espacio. No hay otros lugares donde ocurra eso. Hay diversidad de profesiones, de trabajos, de sectores sociales y lo interesante es que si vos ves un espectáculo no decís: “Ése es ingeniero, esa limpia casas”. No te penetran en estamentos los roles sociales: se mezclan. A mí me sorprende lo que pasa con los chicos. En todos los grupos hay muchos chicos, los hijos de los vecinos, y adquieren una socialización distinta: empiezan a relacionarse con un adulto que no es su padre, su maestro o su tutor y comienzan a confiar en la comunidad. Además, cuestionan parámetros estéticos que pone el mercado, que después trasladan a un programa televisivo, a cosas de la escuela: empiezan a tener una mirada que uno ni se había propuesto sembrar.
Bianchi: Los pibes empiezan a sentirse incluidos en algo colectivo con los adultos. Ahora la palabra inclusión está de moda y nadie sabe muy bien de qué está hablando. Muchos dicen: “Que los chicos tengan derecho a la arte”. Es una generalidad: acá tienen derecho a crear. Otro de los paradigmas que planteamos es que crear es un aprendizaje para otras cosas porque en una obra de teatro pensas qué queres decir, cómo haces la producción. La construcción de eso implica un trabajo colectivo de un montón de gente: lo opuesto del mercado, al triunfo personal.
Talento: Creatividad significa cómo puede imaginarse uno de otra manera, cómo puede modificar el entorno y puede construir política. Estás desarrollando prácticas a nivel comunitario, de construcción política, partiendo de la posibilidad de imaginar de otra manera. Y ejercerla, además, porque no es que lo decís teóricamente y después te vas a tu casa solo. No, lo estás ejerciendo todo el día en la práctica, con otros.
Bianchi: Vivimos en una sociedad donde lo principal es triunfar a nivel personal. Entonces, lograr un lugar donde pueda juntarse con otros es importantísimo: la clave de la igualdad. Pero, además, se trata de un espacio de pertenencia a donde se va a crear. El vecino puede ir con su hijo o con su madre y no se trata de los tallercitos que puede hacer el Estado para el tiempo libre, sino de un lugar donde va a producir algo creativo. No es la producción del trabajo formal, peor es producción. El hecho de que sean espacios para crear y producir en conjunto, con otros, es un cambio fundamental para el vecino y para la red social. Otra cosa interesante es el vecino que ve a otros vecinos creando y dice: “Pará, si ésta es la del 4°A”. Ensancha el mundo de lo posible. Antes existía la vida en los barrios: los clubes de futbol tenían sus grupos filodramáticos, los partidos políticos tenían inserción. Ahora qué ves una unidad básica o un comité: un puntero sentado hablando por teléfono. Como espacio de pertenencia están muertos. Los clubes de futbol se convirtieron en empresas, a todo nivel. Quedan los centros de jubilados, que son una cuestión argentina porque no existen en otros países, y funcionan porque los viejos tienen tiempo y se juntan.

LA COMUNICACIÓN
Talento: En los espectáculos que hacemos hay una necesidad colectiva de contar algo, de compartir algo. Luego surge todo lo demás. Hay una empatía con el espectador, que siente que no es excluido, que lo invitamos a una fiesta y no lo dejamos afuera.
Bianchi: Las obras interpretan el lugar y el momento histórico en el que están, las claves de la época.
Talento: Eso hace que sean tan efectivas, que actuemos a sala llena todos los fines de semana, que los grupos creados no se hayan desintegrado con el paso del tiempo.
Bianchi: La comunicación que hacen los grandes medios es vertical. Acá es al revés: surge de la necesidad de interpretar al receptor, que es el pueblo, la cosa se invierte. Lo comunitario es una práctica de resistencia en la cual, en instancias finales, parte del asunto pasa por interpretar qué está pasando.
Talento: Ojo: también se corre el riesgo de armar islas: creernos los esclarecidos. No. Tenemos las virtudes y defectos que tiene nuestra sociedad en el momento que se está viviendo. Y ésa es una fortaleza porque si no, vivís en una comunidad cerrada. Acá entran y salen vecinos. Y eso, después de un tiempo, lo pudimos ver como una fortaleza. Descubrimos que esa movilidad define a la comunidad.

QUÉ SERÍA DE NOSOTROS
Talento: Que las obras de casi todos los grupos tengan muy buena calidad artística rompe las estructuras porque cuando la gente viene, dice: “Ah, mierda, esto es bueno”. Si uno hiciese las cosas así nomás sería ir en contra de lo que creemos ideológicamente
Bianchi: Hay una cosa que es importante resaltar: la necesidad. Porque vos no armás un hospital sino tenés médicos, entonces tampoco podés armar un grupo de teatro comunitario sino tenés gente formada para compartir la experiencia. Talento: Esa famosa individualidad en el colectivo no se pierde: se potencia. Bianchi: Lo que uno hace, como director de los grupos, es crear un marco. Lo que llena ese marco es la creatividad de la gente y el rol de uno es organizar la creatividad.
Talento: ¿Te imaginas un chico que ve a su padre maquillándose, jugando, actuando, riéndose con el otro? Por la cabeza le debe pasar otro mundo porque no tiene dónde ver a sus padres en una situación así: que se ponga otra ropa, se vista, arme un personaje y ese hijo arme un personaje también, se maquilla y actúa con el padre. Eso no se lo sacás más de la cabeza
Bianchi: Hay una pelea con el mundo de los artistas, que se resisten. No toleran que cualquiera pueda ser actor; que no es cualquiera en realidad: es el que lo elige. Hay un montón de actores profesionales que sienten que son distintos y resulta que ahora la tía actúa
Talento: Y a sala llena, con funciones toda la semana.
Bianchi: Hay una anécdota. Una vez Miguel Ángel Solá, que es un tipo bárbaro, vino a ver una obra y al final se le acerca a felicitar a una vecina/actriz de 85 años. Y ella le dijo: “Ay, gracias, pero qué sería de nosotros los artistas sin ustedes, el público”. Y Solá se cagó de risa.

¿Y SI FALTA UNO?
Talento: Cuando se habla de horizontalidad, liderazgo, producción colectiva se arma un matete en el que parece que todo vale, que todo es asamblea. Nosotros usamos el término “aportes colectivos”. Después está el equipo de dramaturgia y el director para hacer sus aportes para que las obras no sean un Frankenstein, un pastiche. Lo interesante es que hay mucho aporte colectivo y no solo teórico: corporal, de propuestas. Una de las cualidades es que podemos ver el proceso de cada uno y que debemos incluir a todos. Tenés 70 personas, no podés decir: “No, esta obra es para 30 actores. Cuando se muera alguno, vení”. Todo esto crea una dinámica única: trabajar con elencos numerosos, calcular que puede haber ausencias. En esos casos, ni siquiera hablamos de reemplazos sino de versiones sobre un mismo personaje. Y el vecino lo toma bárbaro porque sabe que si no puede venir, está otro vecino para hacer ese personaje, con su impronta.
Bianchi: Cuando ven a otro trabajar, en vez de mirarlo como competencia se plantea como apertura.

LA REGLA ROTA
Bianchi: Sin falsas humildades creo que ha sido muy bueno que los más viejos en esto, que somos nosotros, hayamos demostrado que se puede romper una regla del mundo teatral: la competencia. Nosotros dirigimos juntos, separados, trabajamos en conjunto y eso ha creado una forma de trabajo donde la redes, con sus conflictos naturales, funcionan. La red ha permitido crecer no sólo hacia afuera sino hacia adentro: un grupo ayuda a otro. Antes éramos nosotros dos, pero ahora se ha multiplicado. Y hemos logrado un concepto de red que camina, con los grupos del país y también con los de Latinoamérica.
Talento: Cuando uno habla de red tiende a pensarla como un cuerpo humano, un sistema con centros. Como si fuera una telaraña con un centro, una autoridad, pero las redes pueden ser de cualquier manera. Lo que sí hay que estar atento a la emisión de señales. Nosotros ahora estamos acá, charlando. En 9 de Julio ahora están ensayando, en Parque Patricios, en La Plata también. Si vos visualizás eso, ves que todo está en movimiento: eso es la red, los lazos sin un centro. En cambio, si lo mirás desde un lugar central, como no hay interacción con el núcleo pareciese que no pasara nada.

MENEMISMO EXPLÍCITO
Talento: Antes de la autogestión está el tema de la independencia con la que nacieron los grupos: no hubo un proyecto del Estado. Eso da una impronta, es una piedra fundacional que se mantiene. De ahí surge la autogestión, de la más mínima –juntar plata o hacer fiestas– a haber aprendido a gestionar recursos, asociarte con otros grupos, formar a nuestra gente, aprender a armar un proyecto o cómo rendirlo. La autogestión contribuye a tu empoderamiento. Nuestra comunidad entendió que la cosa pasaba por lo cultural, la religación social. La única forma era juntarse de vuelta con los vecinos. Es interesante pensar que Catalinas nació con el fin de la dictadura, el Circuito Barracas en pleno menemismo, el peor momento del individualismo. E evidentemente era necesario porque la gente empezó a venir: en Barracas no había nada que tuviera que ver con lo cultural. La mayoría de los grupos surgen tras la crisis del 2001 y los que surgen ahora lo hacen porque hay una intencionalidad comunitaria de construcción.
Bianchi: La autogestión tiene que ver también con que conocemos los territorios y las necesidades. Parte de la autogestión es saber qué es lo que pasa. El Estado debería comprender eso para asociarse a la comunidad. Pero no terminan de entenderla y el presupuesto cultural sigue siendo todo para el Colon, cuando podría ser más equitativo. Todavía no está visualizada la necesidad de potenciar esto. El Estado recién lo está viendo. Lo comunitario tiene muchas implicancias porque, por ejemplo, al ocupar el espacio público genera seguridad. Es más seguro un circuito cultural vivo que poner policías. Cuando vamos a buscar financiamiento del Estado no vamos con la carpetita a decir: “Mirá quiero hacer un proyecto”. No, el proyecto se está haciendo y lo tenés que apoyar por esto, esto y esto, aunque ni siquiera de esa manera siempre lo apoyan. Pero los principales recursos con los que contamos son entusiasmo y ganas, que son los que hacen que después consigas otros recursos. Y se crece. Lo importante es intentar e intentar. ¿Qué necesito para empezar? Cantidad de fracasos.

LOS TRES RENGOS
Talento: Una de las dificultades troncales sigue siendo el dinero, porque estos proyectos han crecido siempre al borde de la quiebra, en el día a día. Nuestros propios equipos se van empobreciendo porque formamos gente que no podemos absorber, que podrían estar de coordinadores, de profesores, Ésa es la discusión que tenemos con el Estado: alguna vez por todas apoyen en serio. Siempre te dan un poquitito y continuamente nos hacen disfrazar de otras cosas, porque sacan un subsidio, por ejemplo, para “jóvenes en situación vulnerable”. Entonces, miramos y decimos: “Sí, tenemos”. O “que haya tres rengos”. Tres rengos, tenemos. Entonces vas respondiendo de esa manera para poder subsistir. Ninguno de los grupos tiene un subsidio anual por lo que estás haciendo. No tendría que ser así porque generamos productos exitosos. Tenemos un gran porcentaje de recursos propios (amigos y socios, éxito de taquilla), pero estos grupos no tendrían que estar basados en el éxito de taquilla
Bianchi: Es un peligro.
Talento: Te encorseta a hacer un espectáculo cuando tal vez el vecino quiere hacer otro. Esto no es teatro comercial. Si yo lleno la sala no puedo hacer cuatro funciones semanales porque estaría explotando al vecino.

Bianchi: No se puede quedar preso ni de la taquilla ni de las oenegé. Si mañana deciden cambiar de proyecto y retirar el subsidio y vos basaste todo en eso, chau. Así se fueron a la mierda el 90% de los proyectos chilenos después de la dictadura. En América Latina se está logrando influir sobre las políticas públicas a partir de los “Puntos de Cultura” impulsados por Gilberto Gil, en Brasil, cuando fue ministro. Eso significa que el Estado comienza a asociarse con la comunidad para resistir al mercado. Es un ejemplo, un camino a seguir. Se debe entender que la cultura y el arte son parte de los derechos del ciudadano. No son un accesorio. El lío es que muchos, incluso en buena parte de la izquierda, los consideran una herramienta. Y no lo es: es mucho más. El arte es transformador en sí mismo. 

(Publicada en la revista MU, marzo 2014)

La Red de periodistas por una comunicación igualitaria

Red PAR

Por Luis Zarranz
Las cuestiones de género son recurrentes en las noticias de los medios de comunicación. Sin embargo, muchas veces su tratamiento no es apropiado y se estigmatiza e invisibiliza más de lo que se informa.
Ésa fue una de las razones por la que periodistas que trabajaban la temática comenzaron a compartir sus inquietudes, sus preocupaciones y esfuerzos: colectivamente tenían más posibilidades de incidir en el contenido de lo que publicaban los medios en los que se desempeñaban, y en otrxs colegas.
Ésa es la génesis de la Red PAR (Periodistas de Argentina en Red) por una Comunicación no sexista, en la que participan casi ciento cincuenta periodistas – varones y mujeres– de distintos lugares del país, intercambiando información, generando acciones mediáticas y políticas, brindando capacitación en medios y escuelas de formación, entre otras diversas actividades.
En la cotidianidad, la Red funciona de manera virtual, a través de correos electrónicos. En ella, sus miembros se llaman entre sí como “pares”, término que encierra en sí mismo un concepto valorativo de cada colega.
Según se detalla en el “Decálogo para el tratamiento periodístico de la violencia contra las mujeres”, que PAR editó en 2008, la Red “procura la erradicación de cualquier tipo de violencia de género, la visibilización de la condición social de las mujeres y la igualdad de oportunidades entre varones y mujeres”. Nació en noviembre de 2006, durante el I Encuentro Nacional de Periodistas con Visión de Género, convocado por la Asociación Civil Artemisa Comunicación, en la ciudad de Buenos Aires.
A partir de ese momento se creó una lista virtual, a través de la cual se promovió la horizontalidad, la solidaridad, el compromiso, la organización y la coordinación de acciones entre “pares”.
Esas acciones fueron diversas. Entre otras, cabe mencionarse:

ü  La elaboración de dos decálogos: sobre violencia de género y trata de personas.
ü  La participación en los Foros de Debate del Proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.
ü  Encuentros nacionales de la Red: en Buenos Aires, Córdoba, Salta, La Pampa, La Plata y Bariloche.
ü  La articulación con otras organizaciones de la sociedad civil, con movimientos de mujeres y con redes feministas locales, nacionales e internacionales, para incidir en la agenda periodística de los medios de comunicación.

Amanda Alma es periodista de Radio Nacional y desde hace cuatro temporadas conduce el programa El Vahído en FM La Tribu de la Ciudad de Buenos Aires. Es integrante de la Red PAR y feminista. Respecto a los aportes que hace la Red para elevar el tratamiento informativo de las cuestiones de género, sostiene: “Me parece que son esenciales en la difusión de información desde una perspectiva inclusiva. En ese sentido, diría que sin esta mirada inclusiva, no sexista ni estereotipada, hoy se mantendrían fuera de la agenda mucha información sensible para las mujeres y el colectivo de la diversidad sexual. También diría aportó a la forma en que se presentan determinados temas. Si bien es muy común leer, escuchar y ver comentarios machistas, misóginos y trans-lesbo-homofóbicos existe una corrección política que ha elevado el piso desde donde se comunica”.

DEMOCRATICACIÓN DE LA PALABRA
En PAR participan periodistas que trabajan en medios de diversas concepciones: hegemónicos, autogestivos, regionales, oficialistas u opositores. Esa situación, permite una diversidad que enriquece el trabajo en red. En Río Negro hay siete miembros de la Red y a la vez hay integrantes en Neuquén. Ambos conforman la Regional Patagónica, que en septiembre del año pasado organizó el VIII Encuentro Nacional en Bariloche. 
Amanda Alma sostiene que “La Red PAR da un debate sobre la formación profesional dentro de la comunicación y en el periodismo”. “Por eso –agrega–desde diferentes acciones de intervención, participa en universidades, en foros comunitarios y a través de organismos de gobierno en la capacitación de quienes desarrollan la práctica periodística”.
Además, explicita el desarrollo de materiales con pautas claras para el abordaje de información desde una óptica inclusiva: “Tenemos dos decálogos de cobertura de noticias sobre violencia de género y de trata de personas y debatimos cómo abordar los temas de la actualidad sin sensacionalismos”.

-¿Qué cambios generó la implementación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual respecto al discurso sexista?
-Hoy los medios de comunicación tienen obligaciones específicas que impone la Ley, como los contenidos para la infancia y el trabajo para desterrar los estereotipos. Pero una ley no cambia la cultura. La televisión, sobre todo, es un espacio donde las mujeres y todas las identidades no hegemónicas son mercantilizadas, descalificadas y cosificadas. Esto provoca y refuerza la desigualdad. Por eso la constitución de la Defensoría del Público (organismo creado a partir de la ley, a cargo de la periodista Cynthia Ottaviano), como los observatorios de radio y televisión que controlan los contenidos a partir de las denuncias del público, contribuyen a construir audiencias críticas y activas que asumen la responsabilidad de la denuncia como una herramienta para contribuir a la formación de una comunicación sin violencia ni discriminación.
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En su participación en los Foros que debatieron el Anteproyecto de la Ley de Servicios de Comunicación en todo el país, la Red PAR impulsó que se incluyeran dos artículos en el texto. El primero: “El Gobierno Nacional adoptará las medidas que procedan a fin de que los medios de comunicación fomenten la protección y salvaguarda de la igualdad entre mujeres y varones, evitando toda discriminación y transmitiendo una imagen plural, igualitaria y no estereotipada de mujeres y varones”.
Por su parte, el segundo, sostenía: “Respecto a la difusión de informaciones relativas a la violencia contra las mujeres, deberá tenerse especial cuidado en el lenguaje y el tratamiento audiovisual utilizado para emitir estas informaciones, dejando siempre en claro que la violencia contra las mujeres es una violación a su dignidad, su libertad y a los derechos humanos”
Finalmente, en la versión definitiva de la Ley, aprobada en octubre de 2009, las demandas de PAR quedaron parcialmente reflejadas en el Artículo 3 (“Objetivos”), el Inc. m.: “Promover la protección y salvaguarda de la igualdad entre hombres y mujeres, y el tratamiento plural, igualitario y no estereotipado, evitando toda discriminación por género u orientación sexual”.

DECÁLOGOS PARA UN PERIODISMO IGUALITARIO
El “Decálogo para el tratamiento periodístico de la violencia contra las mujeres” tuvo amplia repercusión en el país y trascendió las fronteras: fue traducido al inglés, francés, portugués y árabe.
El material recoge el trabajo colectivo y los aportes realizados por integrantes de la Red y plantea diversas sugerencias para el tratamiento apropiado de la cobertura periodística referida a cuestiones de género. Por ejemplo, en el punto uno, sostiene: “Es correcto utilizar los siguientes términos: violencia contra las mujeres, violencia de género y violencia machista”. En el tres: “Desterramos de nuestras redacciones la figura de «crimen pasional» para referirnos al asesinato de mujeres víctimas de la violencia de género. Los crímenes pasionales no existen”.
El texto fue tomado como base para el proyecto de ley que regula el tratamiento periodístico de la violencia de género en los medios de comunicación del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, según consta en el expediente N° 578-D-09.
En tanto, el "Decálogo para el tratamiento periodístico de la trata y la explotación sexual" fue editado en un cuadernillo por el programa “Memoria en Movimiento” de la Jefatura de Gabinete de la Nación junto con la Fundación María de los Ángeles. En el punto uno, se expresa: “Entendemos por trata de personas el delito que consiste en la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas con el uso de la fuerza u otras formas de coacción, como el rapto, el fraude o el engaño; el abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad; o para la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra para propósitos de explotación. Es fundamental que vinculemos el delito de trata para explotación sexual con prostitución y que, al hacerlo, pongamos en evidencia la trama social, cultural y económica que los relaciona”.

LAS AUDIENCIAS
La Red PAR elabora dichos materiales porque considera que “los medios son actores sociales, políticos y económicos, con un rol fundamental en la construcción de valores, mitos, saberes y con incidencia en la instalación de aquellos temas que se consideran importantes en el imaginario colectivo”.
“Como periodistas –agregan–, reproducimos la cultura de la cual formamos parte. Es así que a través de nuestra labor cotidiana toman estado público muchos casos de violencia de género, y la forma en la cual comunicamos los mismos es determinante en la consolidación de modelos y estigmas”.
Amanda Alma sostiene, además, que desde su perspectiva “el gran desafío es lograr audiencias críticas que desoigan las propuestas discriminatorias y cambien de canal o de dial. Por eso es fundamental que se trabaje sobre las audiencias y sus derechos a tener una comunicación no sexista ni discriminatoria. El trabajo conjunto con la Defensoría del Público y los medios alternativos ayudan en ese camino”.

“También es fundamental el debate de la práctica periodística al interior del colectivo de trabajo ya que ha quedado invisibilizada por los debates sobre la precarización del trabajo. Tras el neoliberalismo, el trabajo periodístico perdió densidad de su contenido social y el desarrollo de la concentración de medios melló la capacidad crítica de este oficio. En ese sentido estoy convencida que hay que recuperar el carácter social de la comunicación, y ahí la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual aporta muchísimo al incorporar la comunicación como un derecho humano”, concluye.


(Publicada en la revista "Al Margen", de Bariloche, edición marzo-abril 2014)

miércoles, 5 de febrero de 2014

El libro de los abrazos

EL LIBRO DE LOS 10 AÑOS DE MATEMURGA

El grupo de Villa Crespo comparte su experiencia de sostener durante una década la creación colectiva de un espacio para soñar. 
La sala está repleta y la ansiedad es el mejor termómetro para medir las expectativas: el público transpira entusiasmo. Faltan unos minutos para que el grupo de teatro comunitario Matemurga, de Villa Crespo, alumbre un nuevo parto creativo: el libro que recopila sus primeros diez años de existencia. Edith Scher, la directora, no oculta nada: no puede. Está emocionada, orgullosa, nerviosa, feliz: maravillosamente viva. Cuando se sienta y se proyecta un breve video que repasa la historia del grupo, le alcanzan pañuelos descartables para que el llanto tenga donde continuar. Las lágrimas son como ella: intensas y contagiosas. Como los integrantes de Matemurga, que en diez años crearon dos espectáculos de primerísimo nivel, una película sobre la historia del grupo, CDs con las canciones y cientos de presentaciones. Los que integran el grupo (más de 80 vecinas y vecinos) , los que alguna vez fueron parte, sus familiares, también están aquí, orgullosamente presentes.
“El libro es una extensión de la memoria y de la imaginación”. Jorge Luis Borges se refería a todos, pero su definición se ajusta a lo que representa 10 años. Matemurga. 2002-2012.
La presentación comienza: los libros, prolijamente acomodados, se exhiben como lo que son: el resultado de un proceso colectivo. Tal vez por eso, Ricardo Talento haya comenzado su discurso rescatando ese aspecto: “A veces hablamos de Identidad, de Memoria y olvidamos la propia identidad y memoria de los grupos. Una de las cosas hermosas que tiene el teatro comunitario es la dinámica: se van unos, entran otros. A veces creés que todo el mundo sabe la historia del grupo y cuando hablas con los compañeros tal vez no tienen ni idea de cómo comenzó”. En ese sentido, el libro de los diez años de Matemurga es una herramienta y un recurso para compartir las experiencias grupales, los aprendizajes, los desafíos, las alegrías, las frustraciones y el proceso que significaron estos diez años de recorrido.
Dice Edith: “Este libro es un gran logro no sólo porque otros se enterarán de quiénes somos, sino porque nos permite saber de dónde venimos y qué queremos. Leer este libro, nuestra historia, nos ayuda a tomar conciencia de lo que fuimos capaces de transformar y en consecuencia de lo que podemos hacer de ahora en más”.
El libro está dividido por años, con un detalle no menor: no se desentiende del contexto político y social en el que transcurren los hechos del grupo. Y es un libro paciente: no se ven pero se aprecian las manos que recogieron y guardaron las fotos, las ilustraciones, los manuscritos. Tiene otra virtud: es un libro coral, que incorpora las voces –miradas, anécdotas, recuerdos– de los vecinos que en algún momento formaron parte de Matemurga con el propósito de construir con otros.
Construir con otros: una de las marcas del teatro comunitario.

LA HISTORIA QUE SERÁ
Días después de la presentación, con el libro ya en la calle y cuando las lágrimas ya no saltan a borbotones, pero la emoción está intacta, Edith brinda más pistas.

–¿Cómo surgió la idea de escribir el libro?
–Cuando estábamos por cumplir diez años nos dimos cuenta de lo que implicaba haber apostado durante una década a un proyecto de estas características. Empezamos a mirar para atrás y a recordar cómo se había transformado nuestra realidad y la relación con nuestro territorio, Villa Crespo. Empezamos a reflexionar acerca de cómo había cambiado nuestra percepción del mundo, cómo se había ensanchado nuestro horizonte. Nos dimos cuenta, también, de que necesitábamos contar nuestra historia, transmitir a otros cómo había sido ese crecimiento, cómo el arte, que debería ser un derecho de todos, podía transformar la vida de un barrio, cómo nos había transformado. Matemurga es una porción de comunidad, que podría ser mucho más grande si otras personas se enterasen de su existencia, de su potencial, de que es una opción para cualquiera que quiera integrarse. El libro podía, además –pensamos en aquel momento y lo creemos hoy– entusiasmar a otros y alimentar la necesidad que existe en muchos barrios y desarrollar este tipo de proyectos. Por otra parte, necesitábamos contarnos a nosotros mismos lo que habíamos hecho, transmitir internamente y a los futuros integrantes quiénes éramos”.

-¿Cómo fue el proceso de creación hasta su publicación?
-Fue largo. A comienzos de 2011 nos reunimos varios compañeros que estábamos interesados en el tema a proponer ideas, tamaños, formatos.  Finalmente lo escribimos  dos personas: Liliana Palavecino y yo. Ella integra el grupo desde 2002 y comprende en profundidad cuál es la propuesta. Además tenía mucho material guardado de los primeros años (correos electrónicos, cartas y otros escritos). Yo, que pienso en Matemurga las 24 horas del día, tenía no sólo recuerdos a flor de piel (vivencias, actuaciones que nos marcaron, hitos en la historia), sino también la conceptualización del sentido de todo esto. He pensado mucho en estos años acerca del teatro comunitario y del arte como un motor de transformación comunitaria. Generalmente, cuando se habla de cuestiones sociales, se concibe el arte únicamente como un medio, una herramienta para transmitir cosas que la gente quiere decir. Creo que el teatro comunitario tiene la extraordinaria posibilidad de modificar construcciones culturales, de desnaturalizar creencias opresivas.  Algo de eso trató de transmitir nuestro libro. En cuanto a la decisión formal de cómo debía ser esta publicación, me parece que apareció cuando escribimos el prólogo y el primer capítulo. Esto es: un relato central que pasa revista a los hechos que nos marcaron, las preguntas de crecimiento que cada año nos hicimos, siempre relacionadas con nuestro procesos artísticos, que son el eje del trabajo y lo que medularmente nos transforma. Acompañan y dialogan con este relato central un montón de recuadros con anécdotas, recuerdos, reflexiones de integrantes de Matemurga de ayer y de hoy. Esto le da al libro un aire, una multiplicidad de voces que, a mi criterio, lo enriquece. Una vez que la escritura avanzó, comenzó a tener relevancia el trabajo de diseño, coordinado por otra integrante de Matemurga, Claudia Poncetta, que es la coordinadora de plástica del grupo. Creo que el material gráfico es fundamental en este libro. Viejas fotos, volantes de otro tiempo, ilustraciones (de Jorge Vallerga, ex integrante), bocetos de los diseños de vestuario, etc., constituyen un relato paralelo y elocuente. Finalmente, otro compañero, Daniel Caamaño, hizo la corrección.

-¿Qué proyectos se plantean para este año?
-El más importante es lograr estrenar el nuevo espectáculo en el que estamos trabajando desde hace un año y medio, con algunas interrupciones. Tenemos mucha ilusión con este nuevo material, que habla de una herida social: la de la pérdida de los vínculos barriales, la pérdida del sentido de comunidad. Esto se percibe claramente en nuestro barrio. También están en marcha algunos proyectos musicales comunitarios. Otro objetivo fundamental es la sustentabilidad. Es ingenuo pensar que estos proyectos pueden funcionar sin dinero. Llevarlos a buen puerto implica muchísimo trabajo y dedicación. Nuestro grupo no tiene ningún tipo de subsidio permanente.

-Como directora del grupo, ¿cuáles son los mayores desafíos para encauzar la creación colectiva y la puesta en escena de tantos actores?
-El mayor desafío es saber leer qué es lo que el grupo quiere decir, sin deslindarse nunca de la responsabilidad que le cabe a un director de generar una síntesis poética de ese material, porque de lo contrario éste puede convertirse en un compendio de buenas ideas y nada más. El director no es un mero administrador de relatos de los vecinos. Es, en cambio, quien trata de unir todo eso con su propia lectura del mundo. Además, en el trabajo concreto del día a día, es importante saber mirar a todos y cada uno para potenciar lo que cada cual puede dar.
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-¿Qué dice el teatro comunitario sobre esta época?
-El teatro comunitario dice que es posible generar un espacio para soñar, que es posible imaginar mundos. El hecho de crear, de la nada y con la participación de muchos integrantes de todas las edades, un espectáculo, es una prueba tangible de que las cosas se pueden mover. La creación, entendida de este modo, es capaz de modificar mentalidades y creencias rígidas, ayuda a pensar que no todo está dado ni es indiscutible e inmóvil. Insisto: si el arte, en lugar de ser concebido como un accesorio de la vida, fuera entendido como un derecho, como una práctica de fundamental importancia para la vida social, muchas cosas cambiarían. Nosotros fuimos corriendo el horizonte de lo posible. Creo que desnaturalizar lo quieto es siempre es saludable y es políticamente interesante.

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Próximamente, el libro estará a la venta en Mu. Punto de Encuentro

(Publicada en la revista MU, febrero 2014)