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miércoles, 5 de marzo de 2014

La Red de periodistas por una comunicación igualitaria

Red PAR

Por Luis Zarranz
Las cuestiones de género son recurrentes en las noticias de los medios de comunicación. Sin embargo, muchas veces su tratamiento no es apropiado y se estigmatiza e invisibiliza más de lo que se informa.
Ésa fue una de las razones por la que periodistas que trabajaban la temática comenzaron a compartir sus inquietudes, sus preocupaciones y esfuerzos: colectivamente tenían más posibilidades de incidir en el contenido de lo que publicaban los medios en los que se desempeñaban, y en otrxs colegas.
Ésa es la génesis de la Red PAR (Periodistas de Argentina en Red) por una Comunicación no sexista, en la que participan casi ciento cincuenta periodistas – varones y mujeres– de distintos lugares del país, intercambiando información, generando acciones mediáticas y políticas, brindando capacitación en medios y escuelas de formación, entre otras diversas actividades.
En la cotidianidad, la Red funciona de manera virtual, a través de correos electrónicos. En ella, sus miembros se llaman entre sí como “pares”, término que encierra en sí mismo un concepto valorativo de cada colega.
Según se detalla en el “Decálogo para el tratamiento periodístico de la violencia contra las mujeres”, que PAR editó en 2008, la Red “procura la erradicación de cualquier tipo de violencia de género, la visibilización de la condición social de las mujeres y la igualdad de oportunidades entre varones y mujeres”. Nació en noviembre de 2006, durante el I Encuentro Nacional de Periodistas con Visión de Género, convocado por la Asociación Civil Artemisa Comunicación, en la ciudad de Buenos Aires.
A partir de ese momento se creó una lista virtual, a través de la cual se promovió la horizontalidad, la solidaridad, el compromiso, la organización y la coordinación de acciones entre “pares”.
Esas acciones fueron diversas. Entre otras, cabe mencionarse:

ü  La elaboración de dos decálogos: sobre violencia de género y trata de personas.
ü  La participación en los Foros de Debate del Proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.
ü  Encuentros nacionales de la Red: en Buenos Aires, Córdoba, Salta, La Pampa, La Plata y Bariloche.
ü  La articulación con otras organizaciones de la sociedad civil, con movimientos de mujeres y con redes feministas locales, nacionales e internacionales, para incidir en la agenda periodística de los medios de comunicación.

Amanda Alma es periodista de Radio Nacional y desde hace cuatro temporadas conduce el programa El Vahído en FM La Tribu de la Ciudad de Buenos Aires. Es integrante de la Red PAR y feminista. Respecto a los aportes que hace la Red para elevar el tratamiento informativo de las cuestiones de género, sostiene: “Me parece que son esenciales en la difusión de información desde una perspectiva inclusiva. En ese sentido, diría que sin esta mirada inclusiva, no sexista ni estereotipada, hoy se mantendrían fuera de la agenda mucha información sensible para las mujeres y el colectivo de la diversidad sexual. También diría aportó a la forma en que se presentan determinados temas. Si bien es muy común leer, escuchar y ver comentarios machistas, misóginos y trans-lesbo-homofóbicos existe una corrección política que ha elevado el piso desde donde se comunica”.

DEMOCRATICACIÓN DE LA PALABRA
En PAR participan periodistas que trabajan en medios de diversas concepciones: hegemónicos, autogestivos, regionales, oficialistas u opositores. Esa situación, permite una diversidad que enriquece el trabajo en red. En Río Negro hay siete miembros de la Red y a la vez hay integrantes en Neuquén. Ambos conforman la Regional Patagónica, que en septiembre del año pasado organizó el VIII Encuentro Nacional en Bariloche. 
Amanda Alma sostiene que “La Red PAR da un debate sobre la formación profesional dentro de la comunicación y en el periodismo”. “Por eso –agrega–desde diferentes acciones de intervención, participa en universidades, en foros comunitarios y a través de organismos de gobierno en la capacitación de quienes desarrollan la práctica periodística”.
Además, explicita el desarrollo de materiales con pautas claras para el abordaje de información desde una óptica inclusiva: “Tenemos dos decálogos de cobertura de noticias sobre violencia de género y de trata de personas y debatimos cómo abordar los temas de la actualidad sin sensacionalismos”.

-¿Qué cambios generó la implementación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual respecto al discurso sexista?
-Hoy los medios de comunicación tienen obligaciones específicas que impone la Ley, como los contenidos para la infancia y el trabajo para desterrar los estereotipos. Pero una ley no cambia la cultura. La televisión, sobre todo, es un espacio donde las mujeres y todas las identidades no hegemónicas son mercantilizadas, descalificadas y cosificadas. Esto provoca y refuerza la desigualdad. Por eso la constitución de la Defensoría del Público (organismo creado a partir de la ley, a cargo de la periodista Cynthia Ottaviano), como los observatorios de radio y televisión que controlan los contenidos a partir de las denuncias del público, contribuyen a construir audiencias críticas y activas que asumen la responsabilidad de la denuncia como una herramienta para contribuir a la formación de una comunicación sin violencia ni discriminación.
.
En su participación en los Foros que debatieron el Anteproyecto de la Ley de Servicios de Comunicación en todo el país, la Red PAR impulsó que se incluyeran dos artículos en el texto. El primero: “El Gobierno Nacional adoptará las medidas que procedan a fin de que los medios de comunicación fomenten la protección y salvaguarda de la igualdad entre mujeres y varones, evitando toda discriminación y transmitiendo una imagen plural, igualitaria y no estereotipada de mujeres y varones”.
Por su parte, el segundo, sostenía: “Respecto a la difusión de informaciones relativas a la violencia contra las mujeres, deberá tenerse especial cuidado en el lenguaje y el tratamiento audiovisual utilizado para emitir estas informaciones, dejando siempre en claro que la violencia contra las mujeres es una violación a su dignidad, su libertad y a los derechos humanos”
Finalmente, en la versión definitiva de la Ley, aprobada en octubre de 2009, las demandas de PAR quedaron parcialmente reflejadas en el Artículo 3 (“Objetivos”), el Inc. m.: “Promover la protección y salvaguarda de la igualdad entre hombres y mujeres, y el tratamiento plural, igualitario y no estereotipado, evitando toda discriminación por género u orientación sexual”.

DECÁLOGOS PARA UN PERIODISMO IGUALITARIO
El “Decálogo para el tratamiento periodístico de la violencia contra las mujeres” tuvo amplia repercusión en el país y trascendió las fronteras: fue traducido al inglés, francés, portugués y árabe.
El material recoge el trabajo colectivo y los aportes realizados por integrantes de la Red y plantea diversas sugerencias para el tratamiento apropiado de la cobertura periodística referida a cuestiones de género. Por ejemplo, en el punto uno, sostiene: “Es correcto utilizar los siguientes términos: violencia contra las mujeres, violencia de género y violencia machista”. En el tres: “Desterramos de nuestras redacciones la figura de «crimen pasional» para referirnos al asesinato de mujeres víctimas de la violencia de género. Los crímenes pasionales no existen”.
El texto fue tomado como base para el proyecto de ley que regula el tratamiento periodístico de la violencia de género en los medios de comunicación del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, según consta en el expediente N° 578-D-09.
En tanto, el "Decálogo para el tratamiento periodístico de la trata y la explotación sexual" fue editado en un cuadernillo por el programa “Memoria en Movimiento” de la Jefatura de Gabinete de la Nación junto con la Fundación María de los Ángeles. En el punto uno, se expresa: “Entendemos por trata de personas el delito que consiste en la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas con el uso de la fuerza u otras formas de coacción, como el rapto, el fraude o el engaño; el abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad; o para la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra para propósitos de explotación. Es fundamental que vinculemos el delito de trata para explotación sexual con prostitución y que, al hacerlo, pongamos en evidencia la trama social, cultural y económica que los relaciona”.

LAS AUDIENCIAS
La Red PAR elabora dichos materiales porque considera que “los medios son actores sociales, políticos y económicos, con un rol fundamental en la construcción de valores, mitos, saberes y con incidencia en la instalación de aquellos temas que se consideran importantes en el imaginario colectivo”.
“Como periodistas –agregan–, reproducimos la cultura de la cual formamos parte. Es así que a través de nuestra labor cotidiana toman estado público muchos casos de violencia de género, y la forma en la cual comunicamos los mismos es determinante en la consolidación de modelos y estigmas”.
Amanda Alma sostiene, además, que desde su perspectiva “el gran desafío es lograr audiencias críticas que desoigan las propuestas discriminatorias y cambien de canal o de dial. Por eso es fundamental que se trabaje sobre las audiencias y sus derechos a tener una comunicación no sexista ni discriminatoria. El trabajo conjunto con la Defensoría del Público y los medios alternativos ayudan en ese camino”.

“También es fundamental el debate de la práctica periodística al interior del colectivo de trabajo ya que ha quedado invisibilizada por los debates sobre la precarización del trabajo. Tras el neoliberalismo, el trabajo periodístico perdió densidad de su contenido social y el desarrollo de la concentración de medios melló la capacidad crítica de este oficio. En ese sentido estoy convencida que hay que recuperar el carácter social de la comunicación, y ahí la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual aporta muchísimo al incorporar la comunicación como un derecho humano”, concluye.


(Publicada en la revista "Al Margen", de Bariloche, edición marzo-abril 2014)

martes, 15 de octubre de 2013

Susy con alas

Susy odia tanto los rótulos que su vida es un intento por saltar las fronteras que separan una clasificación de otra. Es itinerante: todo el tiempo está en movimiento. Aunque esté quieta, nunca está parada en el mismo lugar. Es movediza e intrigante, como un gato en celo. Maúlla y ronronea al mismo tiempo, para que nadie diga que hace una u otra cosa.
Es poeta. Es cantante. Es escritora. Es activista. Pero es más que la suma de sus partes: ese enigma es su potencia.
No es hombre ni mujer: no se siente parte de ninguno de esos dos géneros. Nació varón, pero luego se travistió para construir su identidad trans, “en permanente construcción”, como se apura en aclarar.
En su blog se presenta así: “¿Qué soy? ¿Importa? Soy arte”. En Facebook se presenta así: “Soy género colibrí”. Pero ante mí, se presenta así: “Tomamos una cerveza, ¿no?”.
Susy es su primera obra de arte: una apuesta poética y política; una revolución permanente. Uno de sus poemas se llama “Reivindico mi derecho a ser un monstruo”. Allí expone sus elecciones:

Mi derecho a explorarme,
a reinventarme.
A hacer de mi mutar mi noble ejercicio.

En esa exploración fue padre y también madre: cuando nació su hija, veintidós años atrás, era Daniel Bazán Lazarte, su papá; ahora es Susy Shock, el nombre que eligió cuando decidió parirse a sí misma. Un ma-pa con puntos cardinales diversos.
Toma la cerveza como su vida: desprejuiciadamente. Le preocupa tan excesivamente poco la mirada de los otros, que parece preocuparle demasiado. Antes de verbalizarlas, tantea el espectro de palabras a utilizar. Ella, escapista de las definiciones, busca la definición exacta. Cuando la encuentra dispara como una guerrillera contra lo constituido. Es pintora: como Dalí quiere derretir relojes para anunciar el fin de los tiempos del mundo binario, dividido en hombre o mujer.
A veces no las encuentra, a veces no existen las palabras para lo que quiere nombrar. Su relación sentimental, no en pareja sino en una tríada (tres en el lugar de dos), es un ejemplo: “No sé qué somos, pero sí lo que vamos dejando de ser”, dice.

Se escapa de lo establecido –como si eso fuese un laberinto– por arriba. Hay algo en su postura que anhela volar. 

(Ejercicio del "Máster en Crónica Periodística" de la Revista Orsai, a cargo de Josefina Licitra. Consigna: presentación de un personaje)

martes, 19 de febrero de 2013

Parirse a unx mismx


SUSY SHOCK

Por Luis Zarranz
La noche es un farol que alumbra una porción de esquina. Un farol y un cielo embarazado de tormenta que aún no termina de nacer. Es invierno, el día ya pasó de moda y esta esquina de Buenos Aires tiene poco rating: a esta hora –una cualquiera de la noche– no la eligen los peatones, los taxis, los colectivos.
La veo alejarse en soledad, entre apurada y agotada, perdiéndose en la sombra que dibuja el farol, que la mastica y la saborea paso tras paso. No advierto si dobla en la esquina, si sigue taconeando la misma vereda o si pesca algún transporte furtivo con el que cruza destinos. No lo sé ni tampoco se lo pregunté al verla nuevamente. De todos modos, la noche no le es ajena: es el escenario en su mundo de artista trans.
Comienza a llover.
*
Susy Shock se creó a sí mismx y, poquito a poco, dejó el cuerpo de varón con el que nació para parir aquello que quería ser, aquello que ya era. En ese parto abandonó –no del todo, ya veremos por qué– a Daniel Bazán Lazarte y adoptó una nueva identidad travesti, en permanente construcción.
En un país como Argentina, que sufrió una dictadura genocida que desapareció a 30.000 personas y empleó un método sistemático de apropiación de sus hijos como botín de guerra, Identidad se escribe con mayúscula. Su construcción identitaria no implica sentirse mujer, como se presume (“travesti, igual a hombre que viste como una mujer”), sino trans, lejos de la lógica binaria hombre-mujer.
–Susy primero fue –dice sobre sí mismx– un juego íntimo, propio; el escenario se encargó de sacarlo para los demás y obvio que después fue una apuesta política a lo Wayar. Marlene Wayar, referente travesti, es una de sus amigas y compañeras más entrañables; es directora de El Teje, primer periódico travesti de Latinoamérica. Wayar sostiene precisamente eso: que lo trans es el alumbramiento del cuerpo como campo de visibilización y batalla. Una apuesta poética y política.

Yo, pobre mortal,
equidistante de todo
yo, DNI 20.598.061,
yo, primer hijo de la madre que después fui,
yo, vieja alumna
de esta escuela de los suplicios.

Amazona de mi deseo.
Yo, perra en celo de mi sueño rojo.

Yo reivindico mi derecho a ser un monstruo.
Ni varón ni mujer.
Ni XXY ni H2O.
(Fragmento de “Reivindico mi derecho a ser un monstruo”, Susy Shock)
*
Al parirse, tuvo que crear un nombre. –Fue un juego irónico. Susy era la Susy Giménez (Susana Giménez actriz y conductora de televisión), pero de pelo castaño, la de antes de los milicos, la que tiene lo peor y lo mejor nuestro; la que podía haber sido, no la que terminó siendo. El Shock parece obvio viniendo de este personaje, pero tiene también una dimensión muy fuerte y dramática: de adolescente me enteré que los milicos le decían “Susanita” a la picana “porque te hace shock”. Un horror.
*
Antes de ser Susy, había algo que Daniel Bazán Lazarte, el mayor de tres hermanxs –el del medio, jugador de fútbol; la menor, música–, traía desde la cuna y que asombró a sus padres, obreros y laburantes: el amor al arte. Ser padre es sorprenderse. Desde los primeros años, cuando comenzó danzas folclóricas, Daniel/Susy abrió el abanico a una versatilidad expresiva que incluye teatro, poesía, canción: había algo que quería decir.
*
El viernes es húmedo como el desasosiego, como el llanto. Casa Brandon es un espacio artístico gay-lésbico-transexual en un barrio alejado del centro de Buenos Aires: Parque Centenario. Tiene una escalera pasando la antesala. Tiene dos. Tiene tres. Primer piso: la barra; segundo y tercero: mesas ratonas, sillones, copas, picadas, la gente alegre, queriendo ser. Segundo piso, en cascada respecto al tercero: el escenario.
No es un ghetto, en absoluto, pero detrás del púlpito, en una pantalla gigante, hay un dibujo: un torso desnudo, tres tetas, y dos axilas peludas. En el primer seno dice QUE; en el segundo, OTROS SEAN; tercero: LO NORMAL: “QUE OTROS SEAN LO NORMAL”.
“La Shock” –así la nombran varios de lxs que la conocen– lleva 42 años oyendo el mundo. Aun con la identidad que uno se construye, los oídos tienen la edad que tienen. Comienza el show, no desde el escenario sino desde el tercer piso. Susy agita un instrumento de percusión africano –el shekere– que exhala un sonido tántrico como el de una máquina de escribir poseída. “Mandé noticias del mundo de allá a quien supiera/ en un abrazo véngame a esperar/ voy llegando”, canta.
Baja los escalones en tacos aguja, suave como el roce, mientras sigue la melodía. Se desliza entre el público que vino a verla, que vino a escucharla, que vino a gritarle ¡uuuuuuuuuhhh! y a levantar la mano cada vez que una frase suya hace eco. Canta bagualas. Recita poesías. Es una gran showtrans. Diosa: le gritan diosa. La aplauden: una, cien, nosécuantasveces. En el artístico mundo under trans es una celebridad. Tal vez por eso, Susy me dice que es, artísticamente, más que Daniel, aunque Daniel y Susy sean una continuidad: en lo político, en el jugar. Así dice.
Tiene una pulsión a abanicarse. La mano derecha es inquieta y el abanico su cómplice. Lo abre, lo cierra, sacude el aire con frenético swing. Afuera llueve como en las malas películas. Adentro, la lluvia se transforma, se transpira, se transporta, se transita: hace calor pero no sofoca. La noche es un elástico: se estira. Hay más bagualas. Hay más poesías, adentro. Afuera, un taxi, no hay.
*
Sobre la mesa hay una cerveza fría, dos vasos que se calientan y un celular, en vibrador, que ronronea con aterciopelada fragilidad. Los uñas de Susy juegan, como si no jugaran, con él.
En su blog se presenta así: “¿Qué soy? ¿Importa? Soy arte”. En Facebook se presenta así: “Soy género colibrí”. Ante mí, se presenta así: “Tomamos una cerveza, ¿no?”.
Afuera, el sol se acuesta; la luna cumple su función. Adentro, el grabador también cumple su función. Registra: –Ser arte está ligado al hecho natural de andar bien pegadita al eje creativo, a mirar de ese modo las cosas y desde ese modo actuar. Soy el primer objeto de arte a construir.
El aparato también registra: silencios perfectos, que hablan; una voz seca y calma como el tabaco y una búsqueda intensa de la palabra exacta. El escritor Ítalo Calvino usa un concepto, “levedad”, como un principio básico de la composición artística en alusión al peso de las palabras. Como un radar, Susy tantea el espectro de su decir antes de verbalizarlo. Busca el peso específico.
Todavía no, pero en un rato traerá, a su diccionariohabitualdefrases, adjetivos tales como binario, machista, patriarcal. Si las palabras dibujan mundos, ésos son los que aspira a derruir con un afán: hacer de su práctica cotidiana su apuesta política. Desde esa trinchera dispara, como una guerrillera.
–Yo tengo una hija y me parece que hay algo absolutamente práctico en ser madre, padre, todo lo que nos toca ser: poner en actos, en la cotidianidad, ese “Hombre Nuevo” que añoraba el Che Guevara.
*
Si las palabras definen los mundos, Susy me obliga a descartar, en varios pasajes, los términos que las dividen en masculinas y femeninas, y usar una x genérica. El lenguaje no es trans, pero hay términos que mutilan la profundidad y el significante de lo que, no sólo su boca, aspira a nombrar.
La expresión trans es, por definición, inefable: cualquier significado la aprisiona, la asfixia. En sentido estricto incluye a travestis, transexuales y transgéneros aunque en términos más usuales remite a las identidades y construcciones culturales que se diferencian de la lógica binaria (hombre o mujer), signada por el genitalismo: pene igual varón, vagina igual mujer. –En la medida en que nos desidentifiquemos de lo preestablecido, todxs somos trans, independientemente de la sexualidad que practiquemos –dice.
Otro día, de tarde –el sol se extingue, la luna se asoma– Susy me dirá cómo define lo trans: –El tránsito de este mundo pacato a la búsqueda de otras masculinidades y feminidades enormemente ricas y potencialmente entrecruzadas. Descolonizarnos de los modelos reproductores de lo binario.
En los últimos años, el Congreso argentino parece haber pulsado la tecla F5 en la sanción de leyes de diversidad, con la aprobación de dos que eran largamente reclamadas por la comunidad LGBT (lesbianas, gays, bisexuales, transgénero). El 15 de julio de 2010, Argentina pasó a ser el primer país de América Latina en legalizar el matrimonio entre personas de un mismo sexo. El 9 de mayo de 2012, la Ley Nacional de Identidad de Género: “Toda persona podrá solicitar la rectificación registral del sexo y el cambio de nombre de pila e imagen, cuando no coincidan con su identidad de género autopercibida".
La legislación ubica al país, en términos legales, en una situación de vanguardia frente a sus pares de la región. Sin embargo, aunque puedan casarse, aunque tengan su nombre en el documento de identidad, el 90% de las travestis sigue teniendo un destino laboral excluyente: la prostitución.
*
La hija de Susy se llama Anahí, tiene 21 años y es artista plástica. Cuando nació, Susy era Daniel: su papá. Ser hijo es crecer y confiar.
El vínculo que las une respira arte. Comparten espacios, amigxs, escenografías: en Casa Brandon, Susy canta y recita poesías; Anahí expone sus pinturas. La noche también crece, afuera. Adentro, se alarga. –Somos pares en muchas cosas, no sólo porque ella también sea una artista: por ese mundo nuevo que optamos por construir –dice Susy.
Con el ticket que me dan al pagar la entrada recibo una tarjeta personal con los datos de contacto de Anahí, en función de las pinturas que expone en el lugar. Al otro día recibo, también, un mail con sus respuestas a mi pregunta.
–La transición de Daniel a Susy la viví durante toda mi vida, no es que de pronto decidió calzarse el canecalón y salir a despelotar el mundo, de hecho fue desde que yo era niñita cuando Susy, todavía sin consolidarse como tal, ya se subía a los tacones altos y llevaba esos vestidos tan ceñidos, amparada por el ambiente familiar de una fiesta de disfraces (y digo familiar en el sentido de amistades, en ese momento los parientes no sabían mucho); hasta llegar a los tablones de Giribone. Ahí es donde nace, donde se muestra y empodera, en el 2001. Susy/Daniel es mi mapa, hasta en ese sentido es tan poético, es mi ma-pá. Es mi compañerx, amigx, confidente, va más allá del mero rol paternal, me mostró todas las posibilidades de cómo ser y más, hasta las que todavía no se catalogaron. Cada día soy más consciente de las muchas fallas que hay en este mundo binario y heterosexual, pero nunca olvido lo que sí se está construyendo, gracias a seres hermosxs como Susy o Marlene, que tengo el gran honor de contar en nuestra monstruosa familia.
*
Como dice Anahí, en este tránsito de creación de Susy hay una estación obligada: Giribone. En ese espacio –que toma su nombre de la calle en donde está ubicado, en el barrio de Chacarita, otra vez Buenos Aires– hubo espectáculos, hubo convivencia, hubo creaciones. Susy y Daniel lo habitaron durante siete años, paridos por el espíritu asambleario que generó la gran crisis política, económicosocial y de representatividad del año 2001 en Argentina, donde asumieron cinco presidentes en una semana y surgieron, o se visibilizaron, formas de organización autogestionada.
Entonces, Susy saltó de los escenarios a la calle. La crisis de representatividad se hizo cuerpo y espejo. Fue el final, también, de su militancia de izquierda en estructuras partidarias, verticales, en las que había participado en los ochenta.
–En el socialismo encontré muchas de esas reivindicaciones que me siguen inquietando todavía, pero después de pasar por algunas estructuras entendí que también necesitan reverse, porque hay mucho machismo. Lo patriarcal y lo binario no todxs lo ponen en duda: no creo que sea un problema únicamente del capitalismo, como me lo explicaban. Entonces está muy bien ser revolucionarixs pero lo de puto no está tan bien, y menos si encima te me hacés la trans… Es mucho el trabajo que, entendí, primero tenemos que hacer entre lxs pares para enfrentar al sistema, rever eso que reproducimos en nuestros vínculos.

En medio de la legislatura que nace en tu cerebro,
esa que llena de leyes chatas la bata de tu deseo,
que dice que ahora no,
que dice que el sueño agota,
que dice qué limpito el piso,
que dice que mejor semáforo que paloma.

¡Quemo el recinto de tus leyes!
piquetera trans de la aurora.
(“Poemario Trans Pirado")
*
Tuvo una hija. Escribió un libro. Escribió dos: “Relatos en Canecalón” y “Poemario Trans Pirado”. En ambos, poemas arremolinando las hojas. Los ojos leen: versos, dolores, sexo, amor, lágrimas, resistencias, luchas, rimas, coplas.

Boca abajo soy leona,
Viento arriba soy paloma,
Puerta arriba rebalso.
(Fragmento de Mi espalda, “Poemario Trans Pirado”)

La imagen de adolescentes echadxs de sus casas por expresar su identidad travesti es recurrente en el universo trans. La inmensa mayoría es, antes que nada, hijx del dolor. Ser padre, a veces, es creerse dueño del destino de lxs hijxs. Lxs padres de Daniel, lxs de Susy, lx dejaron crecer. Su dolor, dice, no es personal: es y será social. Por eso no reniega de su propia masculinidad.

“Soy Susy y todos los Danieles que tuve, que tengo y que tendré, y cada vez que soy más Susy, me voy más sucia y masculina con mi hembra creada por el lado del camino, ese que me sigo abriendo e inventando…
Susy Shock
Daniel Bazán Lazarte
Daniel Shock Lazarte
Susy Lazarte Shock”
(Prólogo del “Poemario Trans Pirado”)

En su casa no hubo andáte: –Amé ser ese niño que además fue amado y respetado por mis viejxs. Supieron ejercer ese rol materno paternal que suelo poner muy en duda en esta sociedad machista y patriarcal, ya que a nadie lo obligan a venir a este mundo, y menos a que si no sos lo que esperan te paguen con expulsarte a la calle, con la violencia y el desprecio, como sucede la mayoría de las veces. Por eso entiendo a mis compañerxs cuando queman su pasado al quemar sus fotos; no querés acordarte que sufriste y no te quisieron, no querés el recuerdo que te hace mal y desde donde tanto tuviste que remarla para salir y poder construirte en tu mismidad.
Mismidad es una palabra que dan ganas de cortar y pegar. Lo hago, velozmente: mismidad.
Un día después de la última vez que nos vimos, Susy me envía un mail. Antes de pulsar “Enviar”, escribe: “Te doy un dato trans. Mi bisabuelo se llamaba Rosa y mi bisabuela se llamaba Santos, así que ellxs andaban por el mundo de esa manera, Don Rosa y Doña Santos... jejej que además fueron lxs padres de mi abuela Rosa Lazarte, la que me dijo: ‘Buena vida y poca vergüenza’!!!”

ME RECUESTO
En la parte muerta de la vía
a sentir el tun tun de los antiguos carruajes,
esa fechoría del pasado que me arremete
en el incienso de la levedad,
ese ojo calmo, donde navega la profecía
(Me recuesto, “Poemario Trans Pirado”)
*
Antes de aquel último encuentro, nos volvimos a ver. Buenos Aires es un bar siempre abierto. En los parlantes hay tango electrónico y más acá, dos vasos, una cerveza: nosotros.
Hace cuarenta y ocho horas llegó de Brasil, en donde hizo dos funciones dentro del Queering Paradigms IV que se realizó en la Universidad Federal de Río de Janeiro: –Dos funciones hermosas y bien distintas, una en el auditorio y la otra en la noche de cierre, en la fiesta en un boliche gay del barrio de Lapa, que estaba lleno de gente del Festival y de brasilerxs que suelen ir al lugar y no me conocían. Después me fui a Belo Horizonte a actuar con Guilherme Figueiredo, artista genial con el que ya trabajé en Buenos Aires.
Queering Paradigms es un congreso internacional que va por su cuarta edición. Surgió como una reacción académica, política y científica ante una decisión homofóbica (ya revocada) de la Canterbury Christ Church University en Inglaterra, en 2008. Su objetivo es discutir y problematizar los procesos de normatización y la marginación en las sociedades contemporáneas.
Lejos de las academias, en las calles, Susy Shock se define como súper tetera. –En las teteras, que siempre están desprestigiadas, encontré lazos afectivos impresionantes. Por eso siento que en los márgenes nace la humanidad. Parece que hay algo en la supervivencia, en ese lazo de cuidado, en guarda que viene la cana. Yo me formé ahí. Mi genitalidad está formada en esos espacios, en momentos más complicados que éstos.
No tengo idea, hasta que menciona la palabra, de qué son las teteras. Se lo digo. Me dice: –Las teteras son los baños públicos adonde nos fuimos encontrando y descubriendo en ese ‘toco y me voy’, que para mí es una reapropiación del deseo en lo público y una resistencia, no sólo de cara a quienes te perseguían y persiguen por eso, sino a la moralina que en nuestra propia comunidad tenemos con respecto a lo promiscuo, a lo que está ajeno al amor, parece que siempre es el discurso higiénico con el cual nos queremos hacer respetar y desde donde pretendemos que nos acepten.
En esa academia potenció su arte. –Son espacios de cofradía de las catacumbas para encontrarnos, y nos cuidamos. Lo he visto más profundamente ahí que en asambleas o en partidos políticos y me parece una posibilidad cotidiana de otra construcción. Hay que andar así por el mundo. No puede ser que solamente sea una linda poesía, una linda canción, una bella consigna partidaria y después, en la práctica, no nos pase por el cuerpo. Me hace mucho ruido eso. No lo quiero. Quiero el gesto más compacto entre el decir y el hacer.
*
En su casa suenan Mercedes Sosa y Liliana Herrero. Mucho brasilero, mucho rock. “Mucha música rara”. Así dice. Elige a autores y cantantes “periféricos”. Así dice. Valeria Cini, Pat Morita, Soema Montenegro, Sofía Viola, Andrea Bazán, Mariano Barrionuevo, Caro Bonillo, Camila López. Y arriba del podio pone a Juan Gelman. “Con Gelman tendría sexo”. Así dice.
Su pareja no es pareja: es una tríada. La Wikipedia dice que tríada “es un conjunto de tres elementos especialmente vinculados entre sí”. La Shock dice: –No hablamos de unx compartido por dos, no somos swingers, somos tres en un abrazo de tres.
Siempre pensé que ese tipo de vínculo era exclusivo de los canales de cable con documentales gomosos, pero enfrente no hay un televisor. Le pregunto, entonces, cómo se estructuran en la vida cotidiana y siento vergüenza por mi estructurada pregunta. Susy me pone en Shock. Me responde con ironía: –Comemos, vamos al baño, pagamos expensas, etcétera.
Me río por reflejo y mis ojos vuelven a inquirirla. –No sé qué somos, pero sí lo que vamos dejando de ser –dice, con retórica. También dice: –Al no ser sólo dos somos más comunitarixs. En lo íntimo también es circular la cosa, no hay proveedor y proveído, todo abunda y todo rota, eso nos saca de la lógica de que hay uno que manda, que penetra, que es el jefe. Tiene que existir el diálogo y los nuevos acuerdos; mal no nos va: hace ocho años que estamos juntxs. Ellxs (Edu y Mauri) tienen otro perfil, de menos exposición. La que lo hace (porque es mi oficio) soy yo. No les interesa esto de salir en notas. No es un fenómeno, es una búsqueda muy hermosa, muy gozosa. A partir de la necesidad de estar juntxs tuvimos y tenemos que reaprender los modos, ya que en ningún lugar se indica cómo es esto de armar una historia entre tres.
Esa es la noche en la que la veo mezclarse en la sombra, tras el farol, en la calle. El adentro se transporta afuera y son, entonces, la misma cosa: el mundo interior de Susy Shock.

Yo, trans… pirada,
Mojada, nauseabunda, germen de la aurora encantada,
la que no pide más permiso
y está rabiosa de luces mayas,
luces épicas,
luces parias,
Menstruales, Marlenes, Sacayanes, bizarras.
Sin Biblias,
sin tablas,
sin geografías,
sin nada.
Sólo mi derecho vital a ser un monstruo
o como me llame
o como me salga,
como me pueda el deseo y las fuckin ganas.

Mi derecho a explorarme,
a reinventarme.
A hacer de mi mutar mi noble ejercicio.
Veranearme, otoñarme, invernarme:
las hormonas,
las ideas,
las cachas,
y toda el alma.

Amén.
(Fragmento de “Reivindico mi derecho a ser un monstruo”)

(Inédita. Enviada al "III Premio Nuevas Plumas. Crónicas inéditas en español")

viernes, 5 de marzo de 2010

Ni flores ni bombones

“Día Internacional de la Mujer Trabajadora”

El 8 de marzo se conmemora el “Día Internacional de la Mujer Trabajadora” en homenaje a las costureras estadounidenses que, en 1908, hicieron huelga para reclamar sus derechos y fueron incendiadas por el patrón dentro de la fábrica. Otras mujeres decidieron tomar esa fecha como jornada de lucha. Aunque desde entonces han logrado diversas conquistas históricas, aún sobran las razones para seguir reivindicando la igualdad de sus derechos.

“La mujer, está donde le corresponde.
Millones de años de evolución no se han equivocado,
pues la naturaleza tiene la capacidad
de corregir sus propios defectos.”
Albert Einstein

Por Luis Zarranz
La historia oficial le asigna a la mujer, desde antes que Einstein dejara claro que el machismo no diferencia niveles intelectuales, un papel de culpa: fue por una de ellas, Eva, que Dios echó a la humanidad del Paraíso y fue una del mismo sexo, Pandora, quien destapó la caja que llenó al mundo de desgracias.
Los libros de la primaria, cuando refieren a la conquista de América sólo hacen un lugarcito a las mujeres a la sombra de los próceres como madres abnegadas o viudas sufrientes. ¿El resto de su papel en aquellos años?: la bandera, el bordado y el luto. Rara vez se menciona la gesta que protagonizaron muchísimas de ellas.
Estos ejemplos reflejan, por citar tan solo algunos de los infinitos que podrían mencionarse, la situación de desigualdad, discriminación y opresión que sufren las mujeres, por cuestiones de género.
Así, en 1910, en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas realizada en Copenhague, Dinamarca, se proclamó –a instancias de Clara Zetkin y Kathy Duncker, dos incansables luchadoras– el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Ese es el nombre correcto para mencionar tal fecha, aunque luego el capitalismo se haya esforzado en quitar la cuestión de clase para imponer el mucho más suave “Día Internacional de la Mujer”.
La elección de ese día del calendario sintetiza la génesis por la que cada 8 de marzo debe ser considerado una jornada de reivindicaciones: dos años antes, 40 mil costureras industriales estadounidenses hacían huelga por el derecho a la sindicalización y en rechazo al trabajo infantil. El 8 de marzo de 1908 la fábrica textil Cotton de Nueva York era incendiada a manos de su dueño mientras las trabajadoras ocupaban la empresa: 129 de ellas quedaron atrapadas en el fuego patronal, pero su reclamo logró sobrevivir.
Desde entonces ha corrido mucha agua bajo el puente. En estos cien años la situación de la mujer ha avanzado de forma significativa aunque todavía queden muchas cosas pendientes para que la igualdad sea completa y efectiva. Aún hoy no son pocos los que se preguntan: “¿Un día de la mujer, para qué?”, como si el problema fuese el día en sí y no la situación de desigualdad que pone en evidencia. Imposibilitados de obviar la fecha, los medios proponen que cada 8 de marzo las mujeres reciban flores, bombones y saludos como fórmula para negar e invisibilizar los motivos que justifican no sólo ya su Día Internacional sino la situación de desigualdad que legitima tal fecha.
A través de los siglos, la concepción patriarcal ha considerado al hombre como centro de la humanidad en detrimento de la mujer. Cifras de la injusticia: en los países del sur, una de cada tres mujeres casadas recibe golpes por parte de su marido. Y a nivel mundial, de cada diez pobres, siete son mujeres.
Femicidios, violencia sexista, negación de derechos políticos y sociales, brecha salarial con respecto a los hombres son algunas de las cuestiones que tienen estricta actualidad y que ponen de relieve la cuestión de género y la pelea diaria que encarnan millones de mujeres contra tal situación.
En nuestro país la mujer ya representa más del 40% de la población económicamente activa y el 30% de los hogares está sostenido por jefas de hogar. Sin embargo ganan un tercio de lo que reciben los hombres por igual trabajo realizado. El 8 de marzo pasado la Confederación Internacional Sindical (CSI) presentó en Bruselas, Bélgica, el informe “(Des)igualdad de género en el mercado laboral: Visión general de las tendencias y  progresos mundiales centrado en la brecha salarial de género en el mundo”. El primer capítulo de este documento examina la diferencia entre los salarios de las mujeres con respecto a sus pares hombres. Los datos confirmaron lo que todo el mundo sabía: el promedio de la brecha salarial de género es de 22,4% a nivel mundial. En nuestro país, las últimas estadísticas sostienen que los hombres ganan entre un 30 y un 50% más que las mujeres por iguales tareas.
Pero hablar de la desigualdad de género jamás puede limitarse a una cuestión estrictamente salarial. Implica referirse a diversas realidades: a la violencia sexista que solamente el año pasado se cobró la vida de más de 200 mujeres; a la trata de personas y a las redes de prostitución, que esclavizan a millones de mujeres y cargan sobre sus espaldas la desaparición de más de 600 mujeres y niñas sólo en nuestro país; al derecho al aborto seguro, legal y gratuito que el Estado sigue negando y cuya consecuencia más visible son las cientos de mujeres fallecidas en abortos clandestinos; a la conversión de la mujer en un mero objeto de deseo que los medios estimulan como práctica cotidiana; etcétera, etcétera.
Como se aprecia, resulta indispensable rescatar el 8 de marzo como (otra) jornada para las reivindicaciones por la igualdad de derechos y no, como se pretende, como una fecha comercial color rosado. El Día Internacional de la Mujer Trabajadora implica no sólo ese día de lucha sino la necesidad de que ésta se multiplique y sea tan cotidiana como la situación de desigualdad que la genera.

Género  y movimiento obrero
“Las mujeres han tenido una participación central”
Por Luis Zarranz
Nicolás Iñigo Carrera es historiador, investigador, docente universitario y especialista en movimiento obrero. Estará a cargo de la jornada “La situación de la clase obrera en América Latina” en el Seminario “América Latina frente a la reacción neoliberal y el imperialismo. Aportes del conocimiento colectivo al proceso de liberación”, que comenzará en abril en la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo. En referencia al “Día Internacional de la Mujer Trabajadora”, aquí brinda algunas pistas sobre la participación femenina en las luchas sindicales y en los movimientos de trabajadores desocupados.

-¿Cuál ha sido la participación histórica de la mujer en el movimiento obrero y qué modificaciones ha tenido con el transcurso de los años?
-Desde los orígenes del movimiento obrero, tanto en Argentina como en el mundo, las mujeres han tenido una participación central: en las huelgas desarrolladas en los ramos productivos en que la fuerza de trabajo femenina era importante (muchas veces abrumadoramente mayoritaria), en la solidaridad con los huelguistas y en huelgas como la de inquilinos de 1907. Incluso en la lucha callejera: es notable, en la huelga general de enero de 1936, el papel de las mujeres y niños atacando y destruyendo los medios de transporte que no se plegaron a la huelga. En este aspecto no sé si ha habido grandes cambios.

-¿Por qué resulta tan difícil encontrar referencias de mujeres al frente de movimientos sindicales?
-Es menos frecuente que haya mujeres en los cargos más relevantes de las organizaciones sindicales. Si a comienzos del siglo XX esto podría explicarse por la condición legal de la mujer, desde los años 20 sólo puede ser atribuido a una concepción del mundo (que involucra a hombres y mujeres). Pero es evidente que la participación de las mujeres en los órganos directivos de los sindicatos se incrementó a lo largo del siglo XX y en las últimas décadas hay varios sindicatos que han tenido como secretaria general a una mujer.

-¿A tu criterio, cuáles son las razones por las que dentro de los movimientos de trabajadores desocupados la mujer ha tenido una irrupción tan destacada?
-En el movimiento de desocupados las mujeres han tenido una amplia participación en la movilización y en la organización de base, pero menos cuando se observa quiénes son los dirigentes principales, o sea que se repite lo del movimiento obrero. La importancia en la base probablemente tiene que ver con que se trata de las capas más pobres, donde la mujer tiene un papel relevante en la organización familiar (incluso muchas veces el hombre no existe y la mujer es cabeza de familia) y también el tipo de organización (ollas, comedores, etc) que están más asociadas a la mujer.

-El machismo imperante en buena parte de nuestra sociedad, ¿registra niveles similares dentro del movimiento obrero? Es decir, ¿los factores de clase, inhiben o potencian el machismo?
-Obviamente no son marcianos y, en líneas generales, siguen las pautas del conjunto de la sociedad. Pero hay que recordar que desde su origen el movimiento obrero (o al menos sus corrientes político ideológicas principales: socialismo, anarquismo, sindicalismo revolucionario, comunismo) planteó una lucha constante en el plano de las concepciones ideológicas y en la práctica, contra la opresión de las mujeres. Y esto tiene que ver con los factores de clase: la lucha por la construcción de una sociedad sin explotados ni oprimidos involucra desde el comienzo la lucha contra la opresión de la mujer. Esto no significa que mágicamente desaparezca el machismo, pero sí que se plantee su superación. Desde las clases opresoras, no puede haber oposición a la opresión misma sino que pueden aparecer reclamos contra tal o cual opresión (puede ser la de las mujeres), pero nunca con relación al conjunto social.

-Algunos sostienen que pueden establecerse diferencias en los modelos de conducción femenina respecto a los masculinos. ¿Existe tal cosa: un modelo "femenino" de conducción y otro "masculino"?
-La diferencia entre modelos de conducción masculina o femenina me parece un cuento chino; lo mismo que en cualquier otro grupo social. ¿Dónde estaría el modelo de conducción femenino? Las dirigentes sindicales, lo mismo que las dirigentes políticas construyen y ejercen el poder de las dos únicas maneras posibles en esta sociedad (y que son las mismas que las de los hombres): o sobre la base de la competencia, la explotación y la opresión, o sobre la base de la construcción de una nueva humanidad. Todo lo demás es verso. No quiero poner ejemplos de dirigentes sindicales, pero sí se pueden poner de políticas: Thatcher, Condolleza Rice, Isabel Perón.


De ellas no se habla
-En la Ciudad de Buenos Aires se denuncia una violación cada día y medio.
-De cada diez violaciones, sólo una se denuncia
-114 millones de mujeres y niñas sufren la ablación de clítoris, la mayoría en África, donde persiste el casamiento de niños y niñas.
-Cada día una mujer es quemada intencionalmente en Pakistán
-Los Derechos de la Mujer, proclamados en 1998 por las Naciones Unidas fueron incorporados a sus legislaciones por sólo 44 de los 193 países integrantes del organismo.
-En España la violencia de género es la primera causa de muerte entre las mujeres de 15 a 44 años, según la Organización Mundial de la Salud.
-El negocio mundial de la trata de personas genera ganancias por 32.000 millones de dólares al año y se ubica en el tercer lugar de un siniestro ranking internacional encabezado por la venta de armas y el comercio de drogas.

(Publicada en la revista "Sueños Compartidos", marzo 2010)

jueves, 5 de noviembre de 2009

"Mi felicidad incluye que exista un mundo mejor"


Lohana Berkins es la Coordinadora General de la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti Transexual (A.L.I.T.T) y una reconocida activista por los derechos de esta comunidad. Nadie mejor que ella para hablar de la identidad, de los cuerpos y de la sexualidad. Entre otras cosas, en esta conversación destruye la mítica dualidad hombre-mujer para hablar de otras construcciones posibles.

Por Luis Zarranz
La Real Academia Española dice que la identidad es el “conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad, que lo caracterizan frente a los demás”. La definición, quizá por su pretensión abarcadora, no expresa demasiado. Lohana Berkins, sólo en un rato, dice mucho más y no exclusivamente con palabras: ella misma, como activista travesti, es una contundente definición sobre la construcción de la identidad.
El grabador enciende la luz roja, pero es incapaz de registrar todo lo que ella expresa. Lohana no habla sólo con la boca: lo hace con los ojos, con las manos, con la coherencia, con el cuerpo. Todo su cuerpo es un discurso.
Sí.
Si algo habla, a veces con susurros y otras a grito pelado, es su cuerpo, alejado de todo estereotipo travesti. ¿Qué es lo que dice?
SOY LIBRE.
SOY YO.
Y te interpela: ¿Y VOS?
Por eso, las preguntas se apuran por salir.

¿De qué manera se puede salir de la esclavitud que muchas veces encierra al cuerpo de cada una y uno?
–Me parece que el sistema patriarcal, abonado por ideas religiosas, fundamentalistas, obturó en esta sociedad el debate sobre las sexualidades y las corporalidades. Éste sostiene binariamente que existen varones y mujeres, y que tienen características muy determinadas: se espera que el hombre sea macho, fuerte, dominador y que la mujer resulte dulce, pasiva, tranquila, contenedora. Si nacés con pene, automáticamente sos varón y hombre. Eso se llama una linealidad sexo-genérica. No es que nosotras estemos en contra de estas pautas, pero no queremos que se conviertan en normas.

¿Qué pasa cuando muchas personas empiezan a decir “yo no quiero construirme bajo estos parámetros”?
–Sobre todo cuando las mujeres empiezan a renegar de estos roles que históricamente les habían impuesto y dicen “no quiero lavar los platos”, “quiero profesionalizarme”, “quiero jugar a la pelota”: ahí se arma un escándalo. Son las feministas las que empiezan a cuestionar el biologicismo, a no aceptarlo como destino. Comienza a desplegarse un concepto bastante interesante: la construcción de las identidades en lo social, como construcciones sociales. Hay elementos culturales que nos construyen como personas, que nos dan la identidad, y no solamente el biologicismo. Como algunas culturas en las que está admitido que un varón pueda tener más de una mujer: se trata de una pauta cultural. El feminismo empieza a desnaturalizar, porque el problema aparece cuando una práctica se naturaliza y se acepta: “Que vaya a lavar los platos porque es mujer”, por ejemplo..

¿Cómo se entronca la sexualidad con esta noción de construcción de la identidad y los cuerpos?
–Es central. A nosotras, si una cosa nos han diezmado la Iglesia y las dictaduras, es la sexualidad: de eso no se habla. No te enseñan a reconocer tu cuerpo, a quererlo, a respetarlo, y te van quitando la sexualidad.

Es paradójico, porque desde los medios siempre se está haciendo eje en lo sexual, pero no con este sentido que señalás. Incluso la mujer se exhibe como un objeto.
–Exactamente. El mensaje es que lo único que tiene la mujer para mostrar es el cuerpo. Sucede también con las conductoras de los noticieros: la mayoría son como modelos, pero no pasa lo mismo con los conductores, que no responden a ese perfil de exigencia que sí está presente en la conductora mujer. Y allí se ve muy clara la diferenciación que se hace de ambos. Otra cuestión de los medios es exhibir las cosas de manera estereotipada; por ejemplo, si muestran a un gay, lo exponen como histérico, ridículo, un ser pintoresco; las travestis aparecen a través de las páginas policiales, la morbosidad. En realidad, no se quiere hablar del fondo, de la funcionalidad del cuerpo, los deseos y los placeres. Si a los medios les interesa tanto mostrar a travestis y gays, por qué no ponen una conductora travesti. No lo harán nunca, porque se les acabaría el negocio.

La propuesta de Lohana –por qué no– podría ser recogida por cualquiera de las organizaciones o universidades que, a partir de la sanción de la nueva ley de Servicios de Comunicación, están en condiciones de tener su propio medio.
Mientras esta idea queda en el candelero, ella avanza, como un tren de alta velocidad que te lleva de estación en estación. La que sigue, aborda la construcción de la identidad travesti.

¿Cómo se construye lo trans, teniendo en cuenta esta dualidad hombre/mujer?
–Imagináte cuando abiertamente aparecemos personas que desafiamos esa lógica binaria; cuando decimos “no quiero ser ni varón ni mujer” y empezamos a pensar en términos de apropiación y construcción de nuestro propio cuerpo: la sociedad reacciona de manera escandalosa. A diferencia de los gays y lesbianas, que pueden elegir cuándo decirlo, el travestismo es una cosa de la visibilidad, salimos así, como kamikazes palestinos: bumm, arriba, divinas: nos mostramos. Entonces la sociedad reacciona de manera violenta porque se le cae la ficción de esta dualidad hombre-mujer: nos tildan de enfermas, psicóticas, descontroladas. La violencia empieza a ser muy directa.

¿Y qué es ser travesti?
–Nosotras creemos que es una identidad que está en constante construcción, no hay una definición exacta. No es como decir “mesa”. Nosotras, en términos políticos y organizativos, hemos tomado la voz hace pocos años, cuando empezamos a pensarnos a nosotras mismas. El travestismo es una prueba viviente de que alguien que nace con una genitalidad puede construirse o autoconstruirse en otra identidad, contraria a su genitalidad. Para mí siempre fue una cuestión liberadora, nunca me produjo un conflicto. Yo amo ser travesti; si volviera a nacer elegiría ser lo mismo: cien kilos de pura alegría y potencia travesti.

Lohana se ríe a viva voz. Su risa tiene el mismo vigor que su palabra. Sigue: “Desde la Iglesia se sostiene que nuestras identidades son ‘cuestiones culturales’ y que ‘hay que esperar’. Qué hay que esperar, yo no quiero esperar nada; además, sería como aceptar que soy una construcción por fuera de la sociedad. Yo soy salteña y a mí las empanadas me gustan con papas, no concibo la empanada sin papa. Entonces, por qué tendría que aceptar esa condición de algo por fuera de esa cultura. Que esta sociedad se haga cargo de lo que produce; entonces no acepto eso de las ‘cuestiones culturales’”. “Además, yo no nací en Travestilandia: nací en Salta y soy parte de la idiosincrasia salteña; no voy a permitir que por algo cultural me dejen afuera”, manifiesta contundentemente.

Venimos hablando de cuerpos, identidades y sexualidad y, en general, las tres cuestiones se potencian en la juventud. Sin embargo, aún se sigue negando la posibilidad de una educación sexual libre...
–Hay que hablar de educación sexual pero no de manera punitiva: celebrar nuestro cuerpo, entenderlo, pelear por el derecho a decidir sobre él; no hay que aceptar esas cuestiones totalitarias y esclavistas: el cuerpo también produce placer. Es preciso decidir sobre él y quitarse esta cosa del ser y deber ser. Lo único que tenemos en este mundo es el cuerpo, hay que empezar a verlo de manera mucho más celebrable.
Debemos permitirnos explorar nuestra sexualidad: si soy gay, soy gay; no vivir pensando en el qué dirán, o dejar al margen de una amistad a alguien porque manifieste su sexualidad. Hay que construir y avanzar sobre esos prejuicios y mitos. La revolución tiene que ser en la casas, en las plazas y en la cama también. Si no, a veces creemos que es más importante discutir sobre la economía y la distribución de la riqueza. Esos son temas importantes, pero la sexualidad también lo es. Para mí, no debe ocupar un lugar relegado. No hay que dejarse presionar por los entornos, la decisión es de uno.

¿Y qué cosas seguís eligiendo?
–Intento ser feliz, y no lo digo como un acto egoísta porque mi felicidad incluye que exista un mundo mejor, que las compañeras puedan acceder a la educación, a la salud, al trabajo. Por eso hemos creado otro proyecto, la cooperativa Nadia Echazú (ver recuadro), que está amadrinado por las Madres, para rescatar a las compañeras de la prostitución y que puedan tener un trabajo digno. La felicidad me parece primordial, porque me da alegría para hacer las cosas.
Elijo seguir siendo travesti y luchar por ser dueña de mi propio cuerpo. De haber tenido cuando era niña la mentalidad que tengo ahora, no me hubiese sometido, por ejemplo, a la prostitución. No tengo una cuestión moral sobre eso, pero de haber podido elegir, no lo hubiese hecho.

¿Lohana, qué aprendiste en todos estos años?
–Entendí que las y los oprimidos somos muchísimos; yo había caído en una victimización y creía que era la que más sufría. Cuando empecé a ver que había otras realidades, cuando conocí a Hijos, a las Madres, a los movimientos de mujeres, dije “somos miles las que cuestionamos el sistema”. Entendí que estaba dentro de un sistema que me oprimía y eso ya fue liberador: comprender que en todos los espacios había miles de personas que cuestionábamos lo mismo, y que había que hacer un cambio.

La importancia de lo colectivo…
–Claro, eso me energizó. Nos sirvió para organizarnos, entender que no se puede salir sola, que hay que ser parte de una organización, porque si no son como cuestiones de uno solo: para cambiar el sistema hay que formar parte de un colectivo y entrás como en un engranaje de gente que está haciendo lo mismo. Entonces, eso me cambió totalmente la perspectiva, me puso en otro lugar y desde allí pude ayudar a las compañeras que hicieron también ese mismo proceso: como ir allanando camino. Es que a veces se trata de eso, de abrir espacios. Somos como la punta del iceberg, vamos abriendo espacios para que otras vengan y a otras chicas les parece natural.

Ya que hablamos de identidad, ¿quién es Lohana?
–Esto: una bellísima gordita, feliz, de origen boliviano, salteña, plena, una persona orgullosa de ser travesti, de ser feminista; alguien que pudo revertir su propia historia y que lucha para que otras compañeras puedan hacer lo mismo. Una persona bastante afectiva, lo que hasta a mí misma me sorprende; soy una tía que ama mucho a sus sobrinos; soy bastante leal; tengo un código inquebrantable de haber sido puta: cuando digo “estoy”, estoy, no me importa si estás en las buenas, en las malas, con errores o defectos. Intento ser coherente entre lo que digo públicamente y lo que hago en mi vida.
Llevo una vida como todo el mundo: tomo el colectivo, me gusta leer mucho, y volver a Salta es una de mis pasiones. Soy bien familiera y tengo buen sentido del humor: creo que eso es fundamental porque te quita esa cosa de dramatismo. Me río mucho de mí misma, también.

Lohana se calla pero sigue diciendo muchas cosas. El desafío es aprender a verlas y escucharlas.

(Publicada en la revista "Sueños Compartidos", noviembre de 2009)