domingo, 5 de agosto de 2012

"Los periodistas tenemos que dejar de alegar obediencia debida"

Entrevista al periodista Darío Aranda

Por Luis Zarranz y Cristian Estrella
Desde hace más de diez años, Darío Aranda recorre comunidades campesinas e indígenas para contar lo que allí sucede. Es periodista, es colaborador del diario Página/12 y de lavaca, y es autor de “Argentina Originaria. Genocidios, saqueos y resistencias”, en el que describe y denuncia cómo impacta el modelo económico extractivo (soja, minería, petróleo, pasteras) en las poblaciones rurales.
Es, entonces, un trotamundos: allí donde hay un conflicto campesino o un reclamo de los pueblos originarios, dirá presente. Esta manera de ejercer la profesión, que al fin de cuentas debería ser el abc de cualquier periodista, lo ha transformado en un referente de la temática y en algo más: en un espejo donde mirarse.
Lejos del relato maniqueísta entre periodistas opositores y militantes –como si los primeros no lo fueran– Darío denuncia con igual contundencia a empresarios sojeros que desmontan, a gobernadores oficialistas que reprimen, a los dueños de los grandes diarios que invisibilizan y al Gobierno que promueve la extensión de la frontera agropecuaria sobre la base del modelo agrotóxico.
El año pasado denunció, también, que Página/12 había censurado una nota suya sobre el crimen de Cristian Ferreyra, integrante del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MOCASE), en la que mencionaba la responsabilidad política del gobernador Gerardo Zamora. (El diario quitó el párrafo con esa mención en dos notas consecutivas).
En esta entrevista habla de todo eso y mucho más.

-¿En qué puntos nodales se puede definir el modelo extractivo?
-El modelo extractivo –no descubro la pólvora ni lo defino yo– se le llama a lo que es la política extractiva de recursos naturales que se da en distintas partes del mundo, particularmente en Latinoamérica. En Argentina está dada, principalmente, por la soja, el petróleo y la megaminería. No todos los países de la región tienen estas tres industrias, pero Argentina sí. La matriz que lleva este modelo es la obtención de distintos niveles de rentas con consecuencias ambientales, sanitarias, sociales, desalojos masivos de campesinos y comunidades indígenas, y represión.

-¿Cuáles son los riesgos más visibles de este modelo para las poblaciones campesinas y originarias?
-El modelo extractivo lo que necesita es territorio vacío. Entonces las primeras afectadas son las comunidades campesinas pero no solamente: distintas poblaciones, como Esquel, Andalgalá o Humahuaca, sufren esas consecuencias donde se prioriza la renta por sobre la calidad o la forma de vida de sus pobladores. Una aclaración: no depende de un gobierno más o menos progresista: todos los gobiernos de la región, incluso Evo Morales y Hugo Chávez, han impulsado este modelo que atenta contra la vida campesino-indígena.

-Durante el 2011 el Gobierno difundió el Plan Estratégico Agroalimentario (PEA), ¿Cuáles son las consecuencias que generaría su aplicación en las comunidades y las economías de grado familiar?
-Es un proyecto bien interesante de leer. Son 180 carillas. Lo que propone, entre otras cosas, es aumentar un 70% la producción granaria. Argentina produce 100 millones de toneladas de granos; la mitad es soja. El PEA planea aumentar la producción a 170 millones en el 2020. Lo que dicen las empresas y el gobierno es que el aumento se va a lograr a través de un mejor rinde, lo cual es cierto y factible, pero también reconocen que se van a necesitar nuevas áreas. No se va a avanzar sobre Palermo o Recoleta sino sobre las poblaciones campesinas e indígenas. Cada centímetro que se avance para incluirlos en el modelo agroindustrial va atentar contra su modo de vida y al mismo tiempo va a atentar sobre la soberanía alimentaria, que es la producción de alimentos reales para el país y no la producción de commodities o alimentos para las fábricas europeas. En ese sentido las consecuencias directas van a ser una mayor conflictividad. Lo que ya ocurre, al haber resistencia y organización de las comunidades, es la represión, sea por vía privada o estatal. Criminalización y represión de los campesinos indígenas. En los últimos dos años hubo cuatro asesinatos y en Neuquén hay 250 mapuches procesados, acusados de usurpadores en el territorio que siempre vivieron. En Santiago del Estero, con el tema de la soja y el avance de la frontera agropecuaria, hay 500 procesados por defender su territorio.

-¿Cuáles son las provincias con mayores conflictos?
-Todas donde se ha corrido la frontera agropecuaria: parte de Córdoba, Santiago del Estero, Chaco, Formosa, Salta, norte de Santa Fe, una parte de San Luis. Después hay consecuencias indirectas porque, por ejemplo, en Mendoza no hay soja, pero la ganadería que estaba en Córdoba fue corrida y se trasladó a esa provincia que sufre el corrimiento de la frontera agropecuaria. En Catamarca sucede lo mismo: la ganadería fue corrida por la soja y también hay un corrimiento de la frontera ganadera por monocultivo. Eso por el sector agropecuario; y por la minería toda la cordillera, donde no sólo están afectadas las poblaciones campesinas sino los pequeños pueblos.

-En el libro “Argentina Originaria” hacés mención a la ley nacional 26.160 que ordena la suspensión de desalojos y el relevamiento. ¿Qué nivel de cumplimiento tiene en las provincias?
-Bajísimo. Es una prueba concreta de mucha legislación que se aprueba, que es bienvenida y necesaria, pero que el poder político la utiliza como una barrera de contención tratando de no implementarla y avanzar igual con el modelo extractivo. Hay provincias donde ni siquiera se ha firmado el convenio de aplicación, por ejemplo Neuquén y Formosa, y no es casualidad que sean estas dos provincias donde su política es de las más represivas

-A partir de la articulación de los estados provinciales pro-minería, escribiste que había nacido el Estado minero. ¿Cómo es eso?
-El Estado nacional, junto con las provincias mineras, confirmó la OFEMI, la Organización Federal de Estados Mineros. El acta de formación de ese colectivo pro-minero lleva la firma de la Cámara Argentina de Empresarios Mineros, que en realidad tiene poco de argentina porque están todas las multinacionales. Ahí quedó en evidencia cómo el actual gobierno está asociado de una forma innegable con las grandes corporaciones mineras. En ese sentido decía, en términos periodísticos, que nacía el estado minero explícitamente: empresas, gobierno nacional y gobiernos provinciales.

-A partir de las luchas de Famatina y Tinogasta, la Presidenta dijo que existía la posibilidad de impulsar el desarrollo minero sin contaminación. ¿Lo ves viable?
-Es difícil pensar que la megaminería no traiga problemas ambientales para las comunidades porque los casos concretos de la historia latinoamericana lo muestran así. Me parece que es un tema que se merece un debate serio, que no aceptan ni el gobierno nacional ni los provinciales porque saben que tienen mucho que perder. Las pruebas concretas no ayudan a creer que puede haber una minería no contaminante. Tomo como referencia a Minera Alumbrera: 15 años de explotación sin cumplir ninguna de las promesas que trajo. Ni trabajo, ni bienestar social, ni cuidado ambiental. Nombrame un proyecto megaminero de Latinoamérica donde el pueblo donde se ejecuta no sea pobre.

-¿Cuál es la situación en Río Negro con el pueblo mapuche?
-En Río Negro, ahora está suspendido pero era escandaloso el proyecto para ceder tierras a capitales chinos para la siembra de producción intensiva en el Valle, en la zona de Choele Choel. A la vez, el gobierno provincial habilita la megaminería. La provincia ya tiene antecedentes con el proyecto Calcatreu de lo que es la minería, la contaminación, cómo se afecta a las poblaciones mapuches, a los puesteros, a la población urbana. Es muy fuerte ahí la organización de la asamblea de Bariloche, de Viedma, de Patagones. Por otro lado lo que se está dando es la exploración de la cuenca del Ñirihuau, petrolera e hidrocarburífera, que incluso afecta a partes del Parque Nacional Nahuel Huapi. Es una política de Estado y creo que con la avanzada petrolera, acentuada a partir de la expropiación de YPF, es un grave riesgo que corren las poblaciones, que están muy atentas. Están en alerta porque es parte del mismo modelo extractivo. No hace falta mucho recorrer las grandes ciudades como Bariloche para ver la gran población mapuche y campesina que ha sido expulsada de sus territorios en las últimas décadas.

-¿Por qué creés que el genocidio de los pueblos originarios no tiene el mismo nivel de repudio ni de visibilidad que el genocidio de la última dictadura militar?
-No es un descubrimiento mío sino que es una reflexión de las comunidades. En algunos lectores de Buenos Aires hizo falta que lo diga el juez Zaffaroni con algunas palabras más lindas pero con el mismo sentido. Dijo que el genocidio de los pueblos indígenas es un genocidio negado por una cuestión de clase social y de etnia. El de la última dictadura afectó básicamente a clases medias, (universitarios, trabajadores, estudiantes), no en cuanto a poder adquisitivo sino en cuanto a identificación de clase. En cambio los pueblos indígenas son sectores empobrecidos, históricamente discriminados, invisibilizados. Por otro lado un factor más que importante es que el genocidio de los pueblos indígenas es sobre el que se asienta el estado moderno argentino, que nace a partir de ese genocidio. Entonces reconocerlo es reconocer el papel genocida del Estado actual también.

-Los pueblos originarios lograron convivir con el planeta durante siglos. En esta época todo está conducido al consumo, que requiere cada vez más metales, papel, combustible.  ¿Qué le pasa a un periodista como vos cuando viaja y entra en contacto con esa cosmovisión, y volvés a tu vida cotidiana?
-Por un lado trato de no idealizar tampoco la lucha indígena ni la lucha campesina. Están las mismas virtudes y miserias que en cualquier otro sector de la población. Lo que sí admiro profundamente es la capacidad de resistencia de generación en generación para defender una forma de vida. Mi hipótesis, tampoco es una verdad revelada, es que durante los 90 y a principios del 2000 la mayor conflictividad se daba en los sectores urbanos (grupos de piqueteros, desocupados, fábricas recuperadas, sindicatos) a partir de la exclusión del mercado de trabajo; entonces pedían ser incluidos. En esta década ha habido mejoras económicas concretas, y la mayor conflictividad se ha trasladado, a mi parecer, a los sectores rurales (vecinos, pueblos indígenas, asambleas socioambientales) y la diferencia de la conflictividad es cualitativa, quizás también cuantitativa. Los pueblos indígenas y campesinos no están pidiendo mejoras económicas, aunque les vendría muy bien porque muchas veces las necesitan. Lo que están pidiendo es que se respete una forma de vida, entonces no hay negociación posible, porque no hay plata del mundo que pueda pagar esa aceptación del modelo que se les quiere imponer. Y ahí es cuando me queda el convencimiento de que toda esta mayor conflictividad se va a acentuar porque los pueblos organizados, los campesinos, las comunidades indígenas van a resistir cada centímetro de avanzada territorial.

-¿Qué es lo que más te sorprendió de estas luchas?
-A mí me sorprenden muchas cosas. Por un lado el doble discurso de los gobiernos que dicen defender los derechos humanos o están contra las corporaciones mientras los pueblos indígenas y campesinos sufren, día a día, la vulneración de sus derechos humanos, justamente a favor de las corporaciones mineras, petroleras, sojeras. También me sorprende mucho el doble discurso de los medios de comunicación masivos que se van acomodando según para qué sector de intereses juegan en un momento determinado. Una cosa es la línea editorial, eso no se discute en los medios comerciales, y otra cosa es mentir sobre la realidad. Siempre tomo como paradigma la represión al pueblo Qom en Formosa, el 23 de noviembre de 2010. Clarín y La Nación enfocaron el hecho vinculando al gobernador Gildo Insfran con el gobierno nacional. Estaba muy bien porque hay una clara vinculación: lo protegieron todo el tiempo y demás. Ahora, Clarín y La Nación nunca hablaron del modelo extractivo, que es lo que impulsa el avance de la frontera agropecuaria en la zona, porque son socios estratégicos sostenedores de ese modelo. Por otro lado los diarios más vinculados al gobierno enfocaron el hecho inicialmente como un hecho policial y después llegaron hasta la responsabilidad política de Insfrán. Nunca vincularon algo obvio: a él con el gobierno nacional.
Creo que queda en evidencia cómo los grandes medios de comunicación ya no son importantes por lo que dicen sino por lo que ocultan. Y ahí me parece que nos debemos una autocrítica del rol que cumplimos los laburantes de los distintos medios de comunicación. Me parece que también eso es algo pendiente que tenemos en este oficio: hacer la autocrítica de hasta dónde somos funcionales a esa mirada mentirosa de los grandes medios.

-Hace algunos meses denunciaste que Página/12 había cambiado el sentido a unos de tus artículos. ¿Qué pasó a partir de entonces? ¿Cambió algo?
-Hay censura en todos los grandes medios de comunicación. Se hizo público en su momento en Télam y en Página pero hablo seguido con colegas de Tiempo Argentino, de Clarín, de La Nación y la censura es cotidiana. Lo más peligroso es que hay mucha autocensura también. No apunto al gobierno nacional: la responsabilidad es de los grandes medios de comunicación, de los editores, que se han transformado en comisarios políticos; y también hay una responsabilidad de los trabajadores de prensa –menor, que quede claro: los periodistas nos debemos la autocrítica de hasta dónde somos funcionales a esos comisarios políticos que se disfrazan de editores. A mí me han cuestionado mucho por haber hecho pública una situación de censura y muchos creen que esas cosas hay que silenciarlas o discutirlas hacia adentro y para mí no. Desde 2003 que escribo sobre pueblos indígenas en Página y nunca pude escribir nada sobre Formosa. No es casualidad. Es algo visible: estoy publicando muchísimo menos de lo que publicaba antes, con notas mucho más pequeñas.
 
-También es cierto que esta situación laboral que a vos mismo te afecta (ser “colaborador” desde el 2003, con la precariedad que eso implica), también habla de la facilidad para controlar los contenidos
-Sí, está claro que la censura y la precariedad laboral van de la mano. No sólo en mi caso sino en cualquiera. Creo que el gremio de prensa es de los más flexibilizados a nivel nacional. De hecho en Buenos Aires, después de 30 años, se ha logrado llegar a una paritaria, Es paradójico: estos medios de comunicación que publican muchas veces el tema de flexibilización laboral y el trabajo en negro son los primeros a la hora de flexibilizar. El gremio no contempla, o lo hace muy mal, la figura del “colaborador ocasional” o freelance. Las revistas del grupo La Nación, por ejemplo la revista Rumbos, se hace toda con colaboradores. En Página/12 hay una redacción paralela de colaboradores. Obviamente que eso le abarata los costos a cualquier gran medio. Si a vos te tienen en una situación de precariedad laboral la censura y la autocensura van de la mano, son complementarias.

-¿Cómo definís esta época para hacer periodismo?
-Hasta el año pasado daba clases de periodismo y siempre decía lo mismo: es un oficio muy duro en cuanto a los intereses que hay que sortear y los problemas que muchas se plantean, pero es hermoso. Me parece que como nunca antes el periodismo está en debate. ¡En buena hora! La Ley de medios ayudó muchísimo para eso. Este momento de descrédito se lo debemos a los grandes medios y también a nuestro rol: los periodistas tenemos que dejar de alegar obediencia debida para ocultar lo que pasa. Si hoy el periodismo está en un descrédito enorme, que bienvenido y bien merecido lo tiene, es por el rol de los grandes medios de comunicación y por los profesionales que estamos en esos medios también. Hay que hacerse cargo. Más allá de eso hay un enorme potencial y una enorme necesidad de seguir laburando y mucho de eso canaliza en los medios alternativos, comunitarios, cooperativos, sociales. Buena parte del mejor periodismo está pasando por esos lados, sin por eso decir que todo lo de los grandes medios es malo porque también es mentira: hay muchísimos colegas de los grandes medios que día a día dignifican el oficio.
-¿Por qué elegiste este tipo de periodismo y quiénes son tus referentes?
-A los temas que trabajo llegué de casualidad y me di cuenta que me rencontré con mis raíces. Mi viejo era laburante del campo en Corrientes y mi vieja una cosechadora de algodón del Chaco. Mis referentes son, básicamente, Rodolfo Walsh y Osvaldo Bayer. Por ahí son lugares comunes pero es la verdad. A Osvaldo lo leí en la contratapa de Página/12 y la primera vez que tuve la posibilidad de darle la mano casi me desmayo. Es un nivel de coherencia tremendo. Después, en el día a día, uno va conociendo mucha gente y también son inspiradores, pero de ellos creo que aprendí a escuchar más que otra cosa. Después lo único que uno hace es tratar de escribir y dar testimonio. Hay una cuestión conceptual: muchas veces los periodistas dicen “damos voz a los que no tienen voz”. No concuerdo con eso: creo que todos tienen voz. A lo sumo lo que hacemos es tratar de amplificar esa voz que muchas veces los poderosos no quieren escuchar. Pero todos tienen voz y está bueno ir a los lugares donde sucede, donde esas voces están gritando.

(Publicada en la revista "Al Margen", Bariloche, Agosto 2012)

jueves, 5 de julio de 2012

Música para indignados

Javier Ruibal

El flamenco de última generación tomó el impulso de este original músico andaluz, que acompañó los acampes en la Plaza del Sol y manifestó en Wall Street.

Por Luis Zarranz
Es un cantante original, un excelente guitarrista y un compositor fascinante. No lo digo yo, sino el escrito Luis García Gil, quien escribió la biografía de Javier Ruibal, como antes había escrito las de Serrat, Brel y Jupanqui.
Javier Ruibal es una referencia ineludible para músicos como Joaquín Sabina, Pablo Milanés y Jorge Drexler, entre otros, para los que compuso diversos temas y con quienes compartió estudio de grabación. Y es, además, un militante del Movimiento de Indignados que ganó las calles y las plazas en España y el mundo entero.
De gira por nuestro país, se presentó acompañado por su guitarra. Con ella en el escenario le basta para reafirmar su personalísima propuesta artística en un espectro ancho que abarca las sonoridades del flamenco, la música del Magreb, de India y del Caribe en un ir y venir constante y armonioso.
Cuando no canta, Ruibal no abandona sus ideales: es uno de los indignados que llenaron las plazas de Madrid y Cádiz, su ciudad natal. Dice sobre el Movimiento: “Son la generación mejor preparada de la historia de España y al final se encuentran con que el Estado no cumple con ellos: no tienen trabajo ni lo van a tener en la próxima década, con lo cual habrán perdido el tren de su propio destino. Denuncian que el Estado, todos los políticos, no los representan. Por otra parte han conseguido aglutinar a muchísima gente de otras edades que sienten la misma decepción que ellos y no se resignan a vivir frustrados y sin futuro. 'No nos representan'  es el grito de los indignados y tienen toda la razón”. También señala a los responsables políticos de esta crisis: “La izquierda socialdemócrata ha hecho una labor muy parecida a la derecha especulativa, se han perdido los horizontes de mejora de las clases trabajadoras y el sistema ha tocado fondo. Se exige un rearme moral urgentemente”.
 
DEL ACAMPE A WALL STREET
-¿Qué sentiste al participar de esas movilizaciones y acampes? ¿Cómo fue tu experiencia allí?
-Una emoción renovada, un soplo de esperanza en el futuro, constatar que no todo está perdido, como dice Fito, que ellos "vienen a ofrecer su corazón". Por mi parte no tenía mucho más mérito cantar en las plazas, el esfuerzo era el de ellos que acamparon y demostraron que una asamblea permanente puede desencadenar un movimiento solidario internacional.

Además de participar activamente en las movilizaciones españolas, Ruibal tuvo el gusto de manifestarse en el corazón de Nueva York, donde estaba de gira. Allí, entonces, participó de la primera concentración de Ocuppy Wall Street: “Estar allí en pleno Wall Street manifestándome ha sido un experiencia que creí insólita pero se produjo, éramos no mas de setecientas personas pero por la noche había mas de mil y así sucesivamente se fue incrementando la protesta. La llama prendió y ya es imparable”.
Sin embargo, el músico andaluz prefiere no hacer vaticinios sobre el futuro aunque aclara que su deseo es que “prospere allí y en todos los países”. Más que en el porvenir, centra su mirada en las conquistas ya logradas: “Se ha redactado una ley que permitirá que los desahuciados entreguen las llaves de su casa sin que tengan que seguir pagando al banco su hipoteca. Son pequeños logros pero gigantescas esperanzas y somos muchos los que tenemos fe en que esto continuará ya para siempre. Los políticos no hacen caso a las demandas del movimiento de indignados y los consideran antisistema, pero no lo son: es el sistema el que los ha excluido”.

DESCLASIFICADO
En todas las historias, suele haber “un día” para señalar el inicio de algo. Para Javier Ruibal ese instante que lo marcó para siempre fue a los nueve años cuando escuchó por primera vez “A hard day's night” de los Beatles y quedó fascinado por esa música que, dice, “le abrió la puerta de muchas otras músicas”. “Luego el tiempo y el aprendizaje me hicieron músico. Dejé de correr detrás de un balón, que era lo mas común en los niños de mi edad, para correr detrás de los acordes”, expresa.
En esa carrera incorporó diversas sonoridades, a punto tal de ser considerado “inclasificable” por la amplitud de su espectro musical. Dice Ruibal: “Siempre quise hacer algo distinto a todo lo que aprendí a tocar y cantar del repertorio de otros; en eso ando todavía, buscando y buscándome, y para eso intento conformar un encuentro entre diferentes músicas, unas como el flamenco me son naturales por mi condición de andaluz, otras las fui encontrando en el camino, la música árabe y la africana, y el rock y el jazz... Soy heterodoxo por naturaleza”.
Sobre sus propias letras reflexiona: “Intento que haya poesía sin que falte la inmediatez natural que debe tener una buena canción para conectar con la sensibilidad del oyente, sea músico o no”.

MÚSICA EN TODAS PARTES
-En tu trayectoria se aprecia una intensa búsqueda de nuevos sonidos y tramas. ¿Cuáles son las exploraciones que en este momento despiertan tu curiosidad?
-La verdad es que no se acaba nunca de experimentar, suelo componer una melodía sobre una armonía que me emocione y me haga sentir que algo mágico está sucediendo mientras la hago, es una especie de revelación la que tiene que producirse. Y luego es la composición la que me sugiere de qué hablar y si va a ser de modo más lírico o prosaico, dependiendo de la rítmica y el colorido tonal de la pieza.

-Has dicho “Compongo y escribo la música que no oigo por ahí, la que todavía no está en el aire”. ¿Qué otras cosas sentis que “todavía no están en el aire”?
-Más música con corazón, creo que la obsesión por llegar al éxito masivo está rebajando mucho la calidad de la música y se piensa antes en la fama que en otra cosa. En el arte hay que profesar, en lugar de ser un profesional: es bastante distinta una posición de la otra.

-Lennon decía que “algunos están dispuestos a cualquier cosa, menos a vivir aquí y ahora”. ¿Qué implica para vos lo cotidiano y cómo se puede abordar desde ahí lo trascendente?
-Si ejerzo la libertad, la tolerancia, el respeto, la democracia, la solidaridad en mi metro cuadrado más inmediato; si todos hiciéramos lo mismo realmente estaríamos construyendo para el futuro. Las grandes consignas y dogmas no han servido para nada, mucho mejor funciona el refranero popular, el sentido común. Así me manejo: vivo y dejo vivir.

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(Publicada en la revista "MU", julio 2012) 

miércoles, 6 de junio de 2012

Clases de locura

ALBERTO SAVA

El fundador del Frente de Artistas del Borda explica en esta charla lo que representa hoy un manicomio, cómo el Estado sigue alternando la ley y el sentido de la lucha que sintetiza una palabra rara, que marcó su trabajo y su vida: desmanicomialización.

“El manicomio no es un hospital: es un campo de concentración”. Se abre el telón de la entrevista y Alberto Sava, mimo, psicólogo social, fundador y coordinador general del Frente de Artistas del Borda (FAB), sale a escena.
Ésta vez, como mimo que es, no usa gestos ni muecas para expresarse o, mejor dicho, si lo hace es para enfatizar su voz ronca como un motor encendido. No usa palabras: le salen flechas: “El manicomio es, por donde se mire, un lugar de violación de los derechos humanos donde hay internados-detenidos-desaparecidos: por cómo viven, por la sobremedicación, por la violencia psíquica-física. Con mayor o menos intensidad, se los tortura con electroshock. Pichón Riviere decía que uno es una persona en la medida que pueda pensar, sentir y hacer. El manicomio te va como anulando esas capacidades progresivamente: día a día va destruyendo tu pasión, tu deseo, tus vínculos sociales. Entonces te convertís, como dicen ellos, ‘en un ladrillo más del hospital’”.
No lo dice desde la distancia, desde la academia, ni tampoco con el dedo levantado desde arriba de un pupitre. Ni siquiera desde un lugar de denuncia panfletaria. Lo dice como integrante y creador de una experiencia transformadora y alucinante: el arte como dispositivo para combatir ese centro de torturas y la lógica manicomial, agraviante del sufrimiento mental.
Con ustedes, el padre del Frente de Artistas del Borda.

Primer interrogante: ¿qué significa el trabalenguas llamado desmanicomialización?. Sava: “Es la negación del manicomio, de un lugar violatorio de los derechos humanos. El desequilibro psicofísico se puede atender en un hospital general como cualquier otro problema, en tiempos más o menos cortos, y después, básicamente, con tratamiento ambulatorio. La locura no requiere internación, no necesita sobremedicación ni exclusión”.
En ese sentido, el Frente de Artistas del Borda surge a fines de 1984 con el objetivo de producir arte como herramienta de denuncia y transformación social desde artistas internados y externados en el Hospital Borda, posibilitando que, a través de diferentes formas de presentaciones, las producciones artísticas generen un continuo vínculo con la sociedad. “Ir al frente” (uno de los motivos por los que se llama “Frente de Artistas”), exponerse a salir, cuestionando de esa manera el imaginario social respecto a la locura.

CREARSE A SÍ MISMOS: LA PRIMERA LOCURA
Antes de propiciar el Frente, y aún antes de la dictadura militar, Sava trabajó en Hospital Moyano haciendo un trabajo psico-sensitivo en las mujeres internadas, a través de técnicas de mimo corporal. Como resulta obvio, los genocidas que asaltaron el poder también reprimieron este tipo de práctica. Si se quiere entender por qué, ya unos años antes Michel Foucault había escrito cómo el poder disciplina los cuerpos.
En esa génesis Sava desarrolló lo que él llama “teatro participativo”, que no apela a la ficción, ni a los espacios convencionales, ni convoca “espectadores”. En su lugar, trabaja con la realidad, en espacios cotidianos y con “participantes”: “Trabajar la realidad para transformarla y crear nuevas realidades”, lo precisa Sava. 
Sus definiciones tienen una potencia: surgen de la práctica: “En el teatro participativo tomás un lugar, haces un trabajo de investigación en función del espacio, situás acciones, generas una cantidad de situaciones que de alguna manera transformen la realidad de ese lugar para crear nuevas realidades con una actividad cuestionadora. Podés intervenir individualmente o grupalmente. Y otra posibilidad es trabajar el teatro participativo en instituciones”.
Eso fue lo que hizo en el Borda cuando lo convocó, en la primavera democrática de 1984, el jefe del servicio de Psicología Social del Borda, José Grandinetti, con quien había desarrollado toda la experiencia anterior.
Grandinetti le dijo: “Vos tenés la experiencia de sacar el teatro a la calle, ahora vamos a sacar a los locos”. Con la sensación de abismo propia cuando todo está por hacerse se echó a andar: primero hizo un profundo trabajo de campo y a partir de sus observaciones comprendió que había cierto interés en desarrollar cuestiones artísticas.
Estaba gestando, todavía sin saberlo, el Frente de Artistas del Borda como una herramienta de transformación: “Lo que veía era un lugar de mucha angustia y tristeza, mucho abandono psíquico y físico. Pero al mismo tiempo veía a estos potenciales artistas haciendo poesía, pintando en el pasillo. Entonces propuse formar un grupo de artistas, pero no para hacer arteterapia. El arte en el manicomio es también como el propio manicomio: siempre se utiliza como una excusa para que los llamados ‘pacientes’ puedan hacer una actividad artística, pero no arte: hacer una escena, elegir un personaje. Había una intervención clínica pero no hacían arte. Creo que el arteterapia es una actividad interesante, que trabaja sobre la subjetividad de las personas pero no provoca transformación ni dentro de la institución, ni afuera. Queda ahí: el límite es el sujeto. Entonces les comentamos que queríamos formar un grupo de artistas y que no iba a ser una experiencia de entretenimiento sino militante: asumir el compromiso de ser protagonistas de un cambio para sí y para los demás”.

-¿Qué pasos siguieron para que el proyecto tomara forma?
-Lo que planteamos es que si los beneficiados o perjudicados iba a ser las personas que viven adentro, lo teníamos que construir con ellos, con ‘pacientes’. En Italia los llaman ‘usuarios’, porque hacen uso de los servicios de salud del Estado; nosotros los llamamos ‘talleristas’ porque trabajan en talleres de arte. Empezamos por la elección del nombre, que fue pensado, discutido, debatido y votado a mano alzada. Luego, creamos un espacio colectivo donde todos pudiéramos pensar la historia que íbamos a recorrer y lo llamamos ‘la asamblea’, en donde una vez por semana, ahora cada quince días, proponemos todo lo que esté relacionado con el FAB: desde comprar una lapicera hasta organizar un Festival Latinoamericano de Artistas Internados y crear una Red Nacional de Arte y Salud Mental. Todo fue debatido y decidido a mano alzada entre todos, los que veníamos de afuera y los que estaban ahí. Eso dio, como primer movimiento para los que estaban adentro, una cosa nueva: volvían a sentir que eran protagonistas de algo. No sabían de qué todavía, pero empezaban a poner en funcionamiento un deseo, algo que les gustaba. A partir de ahí se empezó a construir el proyecto.

6.000 PRODUCCIONES
Desde ese comienzo se sostuvo que para formar artistas había que crear espacios donde se pudiera aprender y aprehender la disciplina y la técnica; se dijo que como docentes había que convocar a artistas, que no podía estar dirigido por psiquiatras, psicólogos ni asistentes sociales, sino por quienes sepan orientar esas capacidades potenciales: entrar en un proceso creador para llegar a una producción, de buena calidad, y brindarla para que los talleristas se expusieran como personas y se socializara su problemática.
Así, en estos 28 años crearon seis mil producciones donde lo central, sin embargo, no fue, ni es, la cantidad, ni siquiera la calidad, sino la posibilidad de cambio que implicó en sus integrantes. Sava detalla: “Desde el momento que el Frente sale afuera (en este caso “salir afuera” no es redundante porque ese afuera tiene otra dimensión para el adentro) produce tres efectos:

Ø  Uno subjetivo: la persona que está internada, que es un desaparecido, se hace visible: visibilizar su presencia, volver a ser persona, que no es poca cosa. Ser sujeto y además sujeto militante, agente de cambio.
 Ø  Otro institucional: el manicomio es un campo de concentración, es un lugar cerrado que desde la superestructura intenta que nada se sepa hacia afuera. En el momento que el arte sale circula la “locura” y la violación a los derechos humanos: se sabe lo que pasa adentro, donde genera un nuevo movimiento. Pone a flote las contradicciones: los que están a favor y quienes están en contra de un proyecto desmanicomializador. Cuando entramos, el 99% ni utilizaba la palabra. Ahora hay entre un 50 o 60% que quieren avanzar o lo ven con simpatía.
Ø  Lo social: "En la medida que todo esto circule, la gente tiene información nueva, por lo tanto se posiciona desde un lugar distinto, no el de ‘pobrecito el loco’, sino una cuestión más ideológica, más política. Solidarizarse desde un cambio, no desde la misericordia”.

LA ORGANIZACIÓN ES UN RECURSO
El FAB nunca, ni siquiera en esa primavera democrática, fue parte de la estructura del Borda. Es, como La Colifata o Pan del Borda, un grupo independiente, aunque enlazados entre sí.
En estos 28 años de años de trabajo han soportado de todo: la indiferencia de las autoridades, la deslegitimación, el cierre de sus espacios de encuentro, la falta de gas, y un amplio etcétera. De parte de la institución nunca hubo recursos humanos, económicos ni técnicos a disposición,  salvo honrosas excepciones a título individual.
Para organizarse, entonces, el Frente formó una cooperativa de trabajo: todo lo que produce el FAB se piensa para que genere algún tipo de ingreso: entradas de las funciones, por ejemplo. De lo que se recauda, la asamblea resolvió que el 80% se destine a los talleristas; un 10% queda para la compra de algún material; y el porcentaje restante se destina a un fondo común que la asamblea resuelve qué hacer y que, en general, se utiliza para apoyar algún viaje.
El otro recurso que saben administrar con apasionada locura son los vínculos sociales: “Lo que nos permitió es justamente este lazo social que produjimos con el afuera, saliendo del manicomio: con instituciones de la comunidad, con organismos de derechos humanos”, expresa Sava.
Además, planta bandera: “No nos ligamos a las empresas privadas porque te limitan en tu pensamiento y en tu acción, sobre todo los laboratorios que se han acercado a nosotros: quieren que les hagamos un programa, un afiche. Les dijimos que no porque estamos en contra de la existencia de los laboratorios en cuanto al negocio y la utilización indiscriminada de la droga. Se considera que el 80% de la medicación que se da en el Borda es inútil: sólo sirve para neutralizar. No es una medicación personalizada. En lugar de una píldora, te van veinte. Alfredo Moffat decía los manicomios no sólo tranquilizan a los pacientes sino a los laboratorios, que si no dejarían de ganar millones de dólares al año”.

HABLEMOS DE DESMANICOMIALIZACIÓN
El 25 de noviembre de 2010 el Congreso sancionó la Ley Nacional de Salud Mental. En su artículo 27, expresa: 

“Queda prohibida por la presente ley la creación de nuevos manicomios, neuropsiquiátricos o instituciones de internación monovalentes, públicos o privados. En el caso de los ya existentes se deben adaptar a los objetivos y principios expuestos, hasta su sustitución definitiva por los dispositivos alternativos. Esta adaptación y sustitución en ningún caso puede significar reducción de personal ni merma en los derechos adquiridos de los mismos”.

La ley recoge el espíritu desmanicomializador pero como aún no fue reglamentada su aplicación es lábil. Sin embargo, es una herramienta importante que legaliza lo que ya estaba legitimado en la práctica de diversos espacios: el fin de los manicomios. Que el sufrimiento mental no sea un infierno.
Muchas de las referencias desmanicomializadoras conducen a Trieste, Italia, donde Franco Basaglia, un médico psiquiatra, cerró por primera vez un manicomio y desplegó un dispositivo de salud mental con un enfoque comunitario: consideraba el hábitat, el trabajo, la educación, la familia. Su principal virtud era sostener que el sufrimiento mental no necesita internación prolongada, sino que es una enfermedad ambulatoria.
Sava: “Yo estuve en Trieste hace casi cinco años y funciona maravillosamente: el manicomio no existe más. Los pabellones pasaron a ser una universidad, un jardín de infantes, una cooperativa de trabajo, un museo. A medida que se van yendo los ‘usuarios’, con los mismos recursos destinados al manicomio, se integran a la sociedad: si la persona no tenía casa o familia, el Estado, con parte de ese dinero, les alquila un departamento y, paralelamente, desarrolla cooperativas de trabajo: en la medida que hay ganancia se distribuye equitativamente entre los cooperativistas. Ese es un verdadero proyecto desmanicomializador: no es el cierre del hospital, sino que el manicomio se transforma en un hospital general y con un servicio de atención del sufrimiento mental, con internaciones cortas”.
En la Argentina se intentó hacer en el año 84 con tres experiencias piloto: en Río Negro, Córdoba y en el Borda. En el primer caso, en la ciudad de Allen, se cerró el único manicomio que había y el proyecto desmanicomializador sigue funcionando. El resto lo explica Sava: “En Córdoba se avanzó pero no funcionó. Hubo mucha resistencia, como en el Borda, de las corporaciones médicas y de las organizaciones sindicales".

-¿Cuál es la razón por la que los sindicatos se oponen a la desmanicomialización?
-Por temor a la pérdida de trabajo, porque consideran que pueden ser medidas para el cierre del hospital. Eso es lo que propulsa Macri, que adoptando mal el concepto desmanicomializador, pretende el cierre de los hospitales psiquiátricos públicos sin ninguna atención ambulatoria. La experiencia desmanicomializadora a nivel mundial y en la Argentina requiere de más enfermeros, profesionales, asistentes sociales, artistas: una cosa es un enfermero que cuida 50 personas en un servicio y otra es, como vi en Italia, ir recorriendo las casas, controlar la medicación: genera más puestos de trabajo. En Trieste creció un 300% más de enfermeros y profesionales. La lógica manicomial también atraviesa a los profesionales: entran en una inercia institucional en la que no hay deseo, no hay pasión, no hay proyecto.

EL TIEMPO DE LA PASIÓN
Antes de apagar el grabador, saludarnos, levantarnos y despedirnos; antes de estirar la mano para frenar un colectivo desbocado, subirse a él y mezclarse entre otros, ocupar un espacio vacío, una porción de la nada o de minúsculas partículas que al ojo humano son la nada misma; antes de todo eso, antes de volver a ser yo y no Yo, en ese antes que entonces era un después, escuché a Alberto decir la  frase con la que comprendí que el tiempo, como recurso, puede medirse en segundos pero también en propósitos: “Esta obra va a terminar –porque una experiencia de teatro participativo puede durar un minuto, una hora, un día, diez, o 28, 30 años– cuando se cierre el manicomio. Yo voy a poner un cartelito que diga ‘Fin de la obra El Borda’. El Borda para mi es un proyecto a terminar: hasta que se produzca la desmanicomialización no lo voy a dejar”.

(Publicada en la revista "MU", junio de 2012)

sábado, 5 de mayo de 2012

Cables pelados

Entrevista a los autores del libro “Wiki Media Leaks”

Martín Becerra y Sebastián Lacunza abordan la relación entre periodistas, dueños de medios y gobiernos de América Latina, a partir de los cables diplomáticos revelados por WikiLeaks. En esta entrevista reflexionan sobre esos tópicos y sobre la concentración mediática.

Por Luis Zarranz
“Wiki Media Leaks” es un libro que tiene: mucha información, un excelente análisis de los cables filtrados por WikiLeaks, (en este caso entre las embajadas de Estados Unidos en Latinoamérica y el Departamento de Estado), y un completo mapa mediático que expresa la concentración y la relación de los medios con los gobiernos de la región.
Si no fuera patético sería gracioso leer, entre otras perlitas, que el progresista Jorge Lanata acude a la embajada yanqui en Buenos Aires acompañado del abogado de Ernestina Herrera de Noble, Gabriel Cavallo, su socio en el diario “Crítica”, que fundó y fundió; y cómo los hermanos Saguier, dueños de La Nación, van a llorar al embajador, suplicándole intervención contra la ley de medios.
El libro revela, además, cómo, en todos los países de la región, la embajada norteamericana se entromete en los asuntos internos, incluso a veces con opiniones más moderadas que la de las propias dirigencias locales. Y sirve para hacer creíble aquel chiste que consiste en preguntarse por qué no hay golpes de Estado en Estados Unidos y responderse “porque allí no está la embajada norteamericana”.
Martín Becerra y Sebastián Lacunza, los autores de Wiki Media Leaks”, conversaron con “Ni un paso atrás” sobre su flamante trabajo.
¿Cómo surgió la idea de utilizar los cables revelados por WikiLeaks para abordar la relación entre los medios y los gobiernos latinoamericanos?
Sebastián Lacunza: -Surgió porque ambos veníamos siguiendo los cables de WikiLeaks en nuestros respectivos trabajos. En los cables había muchas revelaciones impactantes. Comenzamos a ver que muchos medios, especialmente aquéllos que habían accedido al dossier completo brindado por Julian Assange, eran muy renuentes a publicar el contenido de los cables referido a ellos mismos. Había allí un material muy rico en cuanto a lobby, definiciones políticas, alianzas estratégicas, que no salía a la luz. Al mismo tiempo, nos encontramos con la oportunidad de dar cuenta de una época resignificativa del papel de los medios y de la trama de la comunicación, que tiene rupturas y continuidades en América Latina.

- ¿Qué fue lo que más los sorprendió de la lectura del material?
Martín Becerra: -Por un lado, la escasa circulación en los medios de aquellos despachos revelados por WikiLeaks que revelan el testimonio de empresarios mediáticos, reconocidos columnistas y editorialistas ante las embajadas. Los medios han sido muy poco transparentes con sus audiencias respecto de la conducta que varios de sus más conocidos representantes tuvieron en sus contactos privados con los diplomáticos estadounidenses. Asimismo, sorprende que líderes políticos y empresarios utilicen sus encuentros con la Embajada como confesionario, sincerando disputas con sus pares que rara vez hacen públicas. Además, es de gran interés aprovechar los cables de WikiLeaks para reflexionar acerca de cómo circula la formación de opiniones y datos entre la Embajada y las élites latinoamericanas, en un círculo que es muy endogámico, en el que se consultan siempre los mismos y reafirman sus propias prenociones.

- En varios países de la región la tensión entre gobiernos y empresas periodísticas genera una escena pública de conflictos. Según los cables revelados, ¿de que manera interviene en ellos la Embajada? ¿Con qué estrategias?
SL: -Depende los países. A veces, como articulador de uno de los bandos en pugna. Cuando son sus socios, se utilizan mutuamente. Otras, como un observador, que escucha, recibe quejas, e interviene puntualmente en lo que conviene a los intereses norteamericanos. Hay acciones que tienden a erosionar o deslegitimar a gobiernos, pero también respuestas moderadas frente a demandas de elites mediáticas que llegan a sorprender a la Embajada por su osadía. En Venezuela ocurren ambas cosas. Un aspecto sobresaliente en Caracas es la estrategia trazada junto a ONG para desgastar a Chávez, que está explicitada con toda claridad, y que es una vía alternativa que la Embajada elige antes que la acción directa porque había quedado muy expuesta en el golpe de 2002.

- ¿En qué país aparece más compleja la relación medios-gobierno?
SL: -Creemos que en Argentina, por varios motivos. No es un país enemigo de EE.UU., del eje chavista, pero tampoco que dé plena confianza de Washington, como Chile. Tampoco es una megaeconomía, como Brasil o México, pero es la segunda economía sudamericana; es decir, no es Perú. Y otro factor que le da singularidad es el proceso de la ley de medios, que fue seguido muy de cerca por la Embajada y la obligó a observar matices, a no jugarse rotundamente por ninguna posición, aunque hubo variaciones entre las gestiones de Earl Anthony Wayne y Vilma Socorro Martínez, la embajadora actual.

El libro destaca que la embajada norteamericana en Argentina no operó políticamente contra la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. ¿Cuáles consideran que fueron las razones para tal postura?
SL: -Aquí es donde se da un abordaje más táctico de la Embajada, como un escritorio por el que pasan desde funcionarios del Gobierno hasta unos veinte nombres clave de la primera línea del empresariado periodístico y principales editores. Claro está que el interés de la Embajada era el de las empresas periodísticas o de entretenimiento norteamericanas, por eso es que a EE.UU. le preocupaba, por ejemplo, desbloquear el monopolio u oligopolio del cable. Al mismo tiempo, se percibe en más de un párrafo cierta coincidencia con las críticas al kirchnerismo que, por ejemplo, hacen los hermanos Saguier, algunos voceros de Clarín o editores como Morales Solá, Lanata. Cierta coincidencia, no total; de ahí a que, en efecto, el Departamento de Estado haga el lobby que le reclamaban hay un trecho.

- En el libro dan cuenta, con claridad y precisión, del concentrado mapa de medios latinoamericano. ¿Esta característica favorece la polarización con los gobiernos reformistas? ¿Por qué?
MB: Los medios concentrados constituyen uno de los poderes fácticos, en cualquier país del mundo. Este poder en América Latina se constituyó durante décadas de vínculos íntimos entre empresas periodísticas y gobiernos de diferente signo político, en base a un esquema en el que no hubo reglas claras de juego y en el que los negocios de la comunicación se hicieron a espaldas de la opinión pública. Que ahora algunos gobiernos presenten la estructura concentrada de los medios como un problema para la vida política le da a la concentración de la propiedad una visibilidad que es molesta para quienes basaron su crecimiento, precisamente, en la falta de reglas claras de juego al respecto. Los medios grandes, los más concentrados, defienden un status quo que es reluctante al cambio y a la ampliación del derecho social a la comunicación.
- Como hombres de medios, ¿cómo analizan que en muchos países latinoamericanos éstos sean “la” oposición?
SL: -Creo que estamos ya en condiciones de evaluar cuál ha sido el resultado del papel de los medios en calidad de oposición. En algún país, como Perú, el papel de organizaciones periodísticas muy aguerridas y concentradas ha servido para de alguna manera fijar límites, ha tenido una función performativa. En Honduras, los medios coorganizaron un golpe de Estado que fue exitoso para quienes lo perpetraron. Pero en aquellos países que lograron establecer gobiernos que desafiaron seguridades históricas que tenían los principales medios, éstos han fracasado en el impulso de una estrategia política. Ciertas torpezas son denunciadas en los cables y llegan a desesperar a las embajadas. Los casos son variados. Las embajadas tienen claro que esa situación, esa polémica constante medios tradicionales versus gobiernos díscolos era funcional a determinados liderazgos, y quizás hoy se estén preguntando en cables que no podemos leer cuál es el mejor camino a seguir para romper una dinámica que hasta ahora estuvo lejos de generar opciones. Queda la sensación de que, por más que podamos tener muchas críticas, algunas severas, a las políticas comunicacionales de, por ejemplo, Chávez y Correa, los respectivos empresariados periodísticos emprendieron una estrategia fallida de victimización. Una victimización que ni las embajadas creían, si bien por una cuestión estratégica trataron de reproducir a través de ciertas ONG, de informes internacionales y demás. Denunciar a la "dictadura" chavista luego de haber coorganizado un golpe de Estado en 2002 configura, por sobre todo, una derrota argumentativa difícil de remontar. 

(Publicada en la revista ¡Ni un paso atrás!, mayo 2012)

jueves, 5 de abril de 2012

Tomá murga

MATEMURGA CUMPLE 10 AÑOS

Nació de una convocatoria radial y creció al ritmo del teatro comunitario. Estrena libro, documental y espectáculo para festejar el crecimiento de lo colectivo.

Edith Scher dice más o menos esto: “El teatro comunitario es una experiencia en la que todo el tiempo se está aprendiendo. Es algo muy singular, aunque es plural, paradójicamente, porque la persona es el nosotros”.
Pronuncia la frase con la familiaridad propia de quien reflexiona a partir de su experiencia. Hay, en sus palabras, una naturalidad y una cercanía con lo dicho que hace que lo enuncie sin ademanes ni gestos altisonantes. Scher ubica en primer plano lo que, en el teatro comunitario, aparece siempre en escena: el pasaje de lo individual a lo colectivo. Abracadabra.

LA QUE TE PARIÓ
Edith dirige el grupo de teatro comunitario “Matemurga”, uno de los siete grupos que este año sopla diez velitas. Soplá fuerte. En su vida participó en diferentes experiencias de teatro y murga. Es crítica teatral y autora del libro “Teatro de vecinos. De la comunidad para la comunidad”, en el que repasa este tipo de espectáculos y desglosa los orígenes de cada grupo que existe en el país: más de 30, reunidos en la Red Nacional de Teatro Comunitario.
Sentada en una de las mesas del espacio que “Matemurga” tiene en Villa Crespo, el barrio donde el grupo echó raíces, minutos antes de un ensayo reparte más frases para comprender el teatro de vecinos: “El teatro comunitario, claramente, te da la sensación de que algo del destino de las cosas está en nuestras manos. Y a lo mejor estamos contagiando a otros que en otro lado se animan a hacerlo. Es un trabajo muy lento pero enormemente placentero”.
“‘Matemurga’ –dice Edith– nació el 18 de agosto de 2002, pero uno podría decir que estos proyectos en realidad nacen mucho antes en los deseos”. La génesis fue más o menos esta: en el 2002, Scher era columnista del programa “Mate Amargo”, un emblemático ciclo radial conducido por Omar López que aún continúa saliendo al aire (lunes a viernes a las 17 por Radio Provincia). El programa tenía (tiene) una audiencia interesante y un círculo de oyentes militantes. En ese contexto Edith les propuso hacer “algo teatral”. Lo cuenta ella: “Convoqué a partir del programa. Eso fue un 18 de julio. Me acuerdo muy bien, porque había ido al acto de la AMIA y tomé la decisión, con esa sensación de la falta de justicia, caminando hacia la radio. Hicimos la convocatoria durante un mes hasta que llegó el día, que fue lluvioso y pensé que no iba a ir nadie. A los diez minutos estábamos todos cantando: hay algo con el teatro comunitario que tiene que ver con concretar, con que es posible. Esto resultó impactante y partir de ahí se fundó el grupo”.
El relato permite dimensionar, además del nacimiento colectivo, la comunión entre dos medios de comunicación: la radio y el teatro comunitario.
Luego, a fuego lento pero apasionado, dieron sus primeros pasos. Dos años después estrenaron la primera obra, “La caravana”, una historia de la resistencia a partir de canciones de la memoria colectiva, que recorrió fábricas recuperadas, clubes, escuelas y salas de teatro, entre otros espacios. En el 2006 grabaron su primer CD, con el espectáculo completo. Al año siguiente, estrenaron la primera parte de “Zumba la risa” y en el 2009 de manera completa. Allí rinden tributo a la risa como otra forma de resistencia: ser felices. En estos meses del 2012 el grupo, integrado por más de 80 vecinos, está dando los primeros pasos para su tercer espectáculo colectivo. Además, en el marco de una serie de festejos por los diez años, estrenarán una película con la historia de “Matemurga”, un libro y la fiesta central, cerca de la fecha exacta del aniversario.

-En estos díez años se conformó y consolidó la Red Nacional de Teatro Comunitario, ¿qué genera el intercambio dentro de ella?
-Es fundamental. Como dice Ricardo Talento, del Circuito Cultural Barracas, “no nos juntamos sólo para contarnos los logros sino también las medias corridas”. La idea es decir “me pasó esto, no sé cómo resolverlo, cómo lo resolviste vos”. Buscamos estrategias conjuntas, planeamos juntos los Encuentros. Es parecido a lo que sucede dentro de un grupo pero entre todos. Tratamos de complementarnos en la diversidad. Es un espacio de mucho crecimiento y mucha fuerza.

LA TRANSFORMACIÓN
A partir de su experiencia, Edith puede apreciar qué implica la práctica del teatro comunitario, cómo juega en la subjetividad del vecino (“para nosotros la palabra ‘vecino’ no tiene el valor institucionalizado del gobierno de Macri. En todas las palabras hay lucha por ver qué sentido gana”, me dirá luego). En ese sentido, observa una cuestión no menor: el arte en general, y el teatro comunitario en particular, como una experiencia transformadora en sí misma:
“La práctica artística democratizada da batalla a paradigmas opresivos en todo sentido, porque en esta sociedad el cuerpo está muy disciplinado. El juego y la creatividad lo discuten. Y, además, permanentemente está ensanchando el campo de lo posible, modificando los paradigmas culturares, los modos de vincularse de las personas. El teatro comunitario no es el adorno, el mero entretenimiento: cuestiona el individualismo, el miedo a los demás, el ‘no voy a poder’. De pronto puedo, porque el arte concretamente da esa posibilidad. Actuar es crear una realidad paralela: jugás muchas posibilidades que no jugás en la vida cotidiana. Ponés el cuerpo de otra manera y derribás una cantidad de disciplinas sociales, deberes ser: el miedo y la desconfianza al otro. Se modifica algo profundo y en este caso mucho más porque el marco colectivo hace que vos todo el tiempo estés en producción colectiva: mientras vas desarrollando tu creatividad como vecino/actor, junto con otros, estás creando un espectáculo”.

-¿Es este el eje principal para abordar el teatro comunitario?
-Creo que hay dos: uno, la preocupación por lo artístico: sin arte, no hay nada. A la larga o a la corta, si es malo lo que se hace, va para atrás. Y lo segundo es la organización y la capacidad de soñar, que está también alimentado por el arte. No es poca cosa animarse a imaginar por fuera de los límites impuestos. Nosotros decíamos ‘¿te imaginás cuándo grabemos el primer CD?’ ‘¿Te imaginas cuando tengamos una sede?’ Poder meter la cabeza en esa línea y para eso ir alimentando la organización, la gestión y la generación de recursos, es central. Y aprender mucho sobre eso: diez años atrás sentarme con un funcionario a discutir era una cosa imposible para mí. No sólo que ya me sucedió sino que me siento con la seguridad de lo hecho.

SOPLAR LAS HERIDAS
El teatro comunitario no narra la historia individual de alguien ni es un teatro que se meta adentro del cuarto de una casa de familia. Sus relatos tienen que ver con el barrio y con aquellos temas neurálgicos para el vecino. Entre ellos, suele aparecer la ocupación del espacio público y la preocupante perdida de vínculos entre la gente del barrio. Así lo observa Edith: “No es una cuestión personal nostálgica recordar cómo era el barrio de la infancia: es una herida social, la necesidad de compartir con otros el espacio público. En todos los relatos aparece el hecho de ir a comer a la casa del vecino o saludarlo por arriba de la medianera. Cosas así. Y creo que cuando se hace una actividad en la calle en la que no solamente se muestra un espectáculo sino que está hecho por tus pares, los vecinos, estás volviendo a una práctica que fue muy golpeada: si algo lastimaron la dictadura y los noventa es la cuestión de los lazos. Cortas la calle, ponés la música, jugas y empiezan a venir. Evidentemente hay una necesidad y se vence ese terror. Te cargas de esperanza. Cada vez que hacemos una actividad en la calle siento que es un pasito más de modificación de la subjetividad”.

-¿Qué te parece que ocurre ahí con los vínculos?
-Siento como que se vuelve posible algo tabú, siento que hay una gran avidez. La gente pone la silla en el medio de la calle, más allá de la función. Hay algo ahí: un deseo.

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(Publicada en la revista MU, abril 2012)