jueves, 5 de marzo de 2009

“Toda riqueza se nutre de alguna pobreza”

Eduardo Galeano

Esta entrevista surgió entre Buenos Aires y Montevideo, se concretó en Mar del Plata y será publicada en una revista de Bariloche. Ésas son las coordenadas geográficas pero sin embargo no tiene una geografía definida ni un tiempo preciso. En ella, Eduardo Galeano, un escritor y periodista que excede este recorrido, hablará de los cafés, de la crisis económica mundial, de América Latina, Bagdad, la inseguridad, las palabras traicionadas, los medios de comunicación, los servicios públicos y otras tantas cuestiones que nos atraviesan.

Por Luis Zarranz
Cuando uno de nosotros era chico, y ser periodista era cosa del futuro lejano, se dijo que entrevistar a quien ahora baja del ascensor a nuestro encuentro era su máxima aspiración.
La anécdota sirve, como pocas, para reflejar la admiración que nos despierta el entrevistado y sería totalmente injusto omitir el dato, sabiendo lo fácil que usted se dará cuenta al leer la entrevista, ajena a todo manual del entrevistador: ahí donde decía que debíamos interrumpirlo, lo hemos dejado hablar. Donde estaba escrito eso de que “un buen periodista no muestra sus sensaciones”, hemos hecho el esfuerzo para que estuvieran a flor de piel.
La reflexión sobre esta experiencia, cosa que los manuales tampoco aconsejan hacer, nos arrojó una interesante conclusión: la subjetivación del hecho periodístico, ya de una manera intencionada, nos permitió no sólo saborear el momento, sino merodear la esencia de quien teníamos enfrente, pero sentimos de nuestro lado.

La puerta del ascensor se abre en la planta baja de este refinado hotel de pretenciosa arquitectura y decoración pero de escaso buen gusto. De él baja el único pasajero que transporta, procedente del décimo piso: pantalones de jeans, camisa azul turquesa. Por debajo, una camiseta negra. Por encima, un pulóver en forma de mochila, colgando sobre sus hombros y cayendo por la espalda.
Camina lento. No hay apuro en él. Las manos abrazadas por detrás, a la altura de la cintura. Un paso y otro, mirada marinero hacia el frente. Uno percibe una armonía entre ese tempo de cada paso, entre esa manera tan reflexiva de caminar y el intelectual que es, que ya, a prima vista, se siente trasladado a otro espacio y no en el anexo del Hotel Hermitage que lo hospeda en estos primeros días de la IV Feria del Libro de Mar del Plata, en la que es uno de los invitados ilustres y el encargado de la Apertura.
Transitamos los quince metros que nos distancian desde el mostrador del lobby hasta su persona, es justo reconocerlo, con mucha más prisa, ansiedad y expectativa que él. Nos saludamos e intercambiamos las primeras palabras: que el tiempo está loco, que es extraño para la época el frío y el viento que se registra hoy, y otras vaguedades climáticas.
Caminamos por el hotel, ya metidos en su ritmo, en busca de un lugar agradable y tranquilo donde poder sentarnos a conversar, actividad que los tiempos actuales desprecian. Ese sitio será el exclusivo café para huéspedes, donde los (pocos) que están presentes no hablan entre ellos sino con un alguien vía celular. Ninguno de ellos repara en la presencia de Eduardo Galeano. Es probable que, incluso, no sepan de quién se trata, ni quieran saberlo.
Hombres de negocios, negocios de hombres: la presencia femenina es nula. Cada uno de ellos actúa tal como se espera que actúen en un ambiente como éste. El salón es, en efecto, una millonada de clichés, de poses y de gestos comunes. Somos nosotros y él los únicos que desentonamos con la geografía y eso más que una pena, genera orgullo.
Antes que el grabador se encienda, uno ya se siente complacido de estar a punto de cruzar palabras (de eso se trata) con quien ha hecho de ellas alquimia de sueños, dolores, alegrías, tristezas y las ha incorporado a la vida cotidiana. Este viaje relámpago a “La Feliz” con el exclusivo objetivo de entrevistar al escritor de Las Venas Abiertas de América Latina, El libro de los Abrazos, Patas Arriba y el reciente Espejos, entre muchísimos otros a través de los cuales ya hablamos con él; los intercambios de correo electrónico, el llamado al celular para avisar(nos) que lo habían cambiado de “tapera”, un decir galeanesco para referirse a estos hoteles de múltiples estrellas: todo queda en el pasado en el silencio que pregona la primera pregunta.

-Vamos a arrancar, como diría mi abuelo, por el principio. Dicen que la vida es el reflejo de la infancia. ¿Cómo fue tu infancia, qué te acordás de aquellos años?
-La verdad que no tengo mucho para contar de mi infancia porque fue una infancia bastante silvestre. Yo vivía en un barrio donde ahora en Montevideo hay rascacielos pero en mis tiempos eran puro descampado. Mi hermano y yo, la verdad, que tuvimos una infancia muy libre, con bandas que se organizaban para pelear, al estilo de la edad.

-Así como cambió tu barrio, ¿cambió mucho Uruguay de aquella época a hoy?
-Sí, cambió. Claro que cambio. Cambio todo, Uruguay y el mundo han cambiado muchísimo. El Uruguay que me formó era el de los cafés. Soy hijo de los cafés de Montevideo. Yo no tuve educación formal. Todo lo que sé se lo debo a los cafés viejos de Montevideo, los que me formaron. Ahora quedó uno solo vivo, pero había muchos.

-¿Qué se aprende en los cafés que no se aprende en los lugares formales?
-En mi caso una lección de vida que es saber valorar el tiempo y la posibilidad de perder el tiempo, tener siempre tiempo para perder el tiempo.

-Esta es otra de las cosas que también se perdió
-Sí, se perdió porque ahora el tiempo tiene un valor de rentabilidad, que tiene un precio que es superior al valor y entonces el tiempo se vende, como todo. En mi caso en particular, aprendí el arte de narrar en los cafés, escuchando narradores orales, gente que no sé quiénes eran pero me colaba en las mesas. En aquel tiempo se podía andar por Montevideo sin documentos, sin nada. No había violencia, entonces yo en los cafés me sentaba y escuchaba: así aprendí el arte de narrar.

-Y ahora que hay menos cafés, ¿dónde se puede aprender el arte de narrar?
-Todavía tengo un café, que me lo habían cerrado pero ahora me lo reabrieron, el Brasilero. Es un café de 1887, de las pocas cosas así que quedan vivas. Y la verdad es que el café, hablando de rentabilidad, no es rentable. Que un tipo esté tres horas en una mesa con un cortado es inimaginable en el mundo de hoy. De todos modos el arte de narrar se aprende escuchando, siempre: eso no ha cambiado. Para no ser mudo hay que empezar por no ser sordo. Si vos no sabés escuchar no vas a saber hablar o en todo caso lo que digas no va tener interés para los demás porque los laberintos de tu propio ombligo pueden ser apasionantes para vos pero para el resto de la humanidad no tienen porqué ser un tema que interese demasiado. Entonces creo que para poder hablar hay que saber escuchar y hay que recibir esas voces y aprender que las voces que valen la pena escuchar suenan, a veces, en los lugares menos presentables. Digamos, no en los foros universitarios, en los centros donde se reúnen los expertos para explicar cómo es el mundo, sino en lugares sencillos, simples, por ejemplo las paredes.

-Vos has rescatado mucho los graffitis. ¿Qué admiras de ellos?
-Soy un gran lector de paredes, que es la imprenta de los pobres, el periódico abierto a todos. Y ahí, en el Río Pinturas, en Argentina, están los primeros graffitis: son esas manos, que es un modo de decir ‘yo estuve ahí, yo soy algo más que una mota de polvo en el universo, yo soy algo más que un instantito de tiempo, estuve aquí’. Y un poco lo que mueve a la gente a escribir algo en una pared es eso, aparte de opinar. A veces opinan estupendamente: “Las vírgenes tienen muchas navidades pero ninguna Nochebuena” o “nos mean y la prensa dice llueve”.

-Ese es de Buenos Aires
-Ese es de Buenos Aires, el otro es de Montevideo pero hay millares de maravillas que uno va encontrando, va rescatando, y después lo que uno escucha: la maravilla del relato oral. Se supone que las voces del pueblo son nada más eco de las voces del poder, según los técnicos, pero no es verdad eso. Es verdad que el lenguaje popular se ha degradado mucho por obra de la televisión y de los medios masivos que imponen cierto lenguaje obligatorio. Yo tengo una amiga canaria, de las Islas Canarias, que se interesa mucho por estos temas de lenguaje y el lenguaje rural en las aldeas perdidas de las islas. Entonces andaba recorriendo por ahí con un aparatito de estos (señala al grabador) para recoger las voces de los viejos. Y muchos de los viejos les decían, ‘no, mejor hablé con él que habla mucho más bonito’. Y él era el nieto, el bisnieto. Y ellos hablaban como la tele, por eso hablaban más bonito.

Galeano hunde sus labios en el cortado, los humedece, y luego, lentamente, absorbe su contenido. No habla sólo con su boca, no. Sus manos hablan también. Su mirada tiene voces, que es preciso saber escuchar y también mirar. La boca te mira con la misma pasión con que los ojos sueltan las palabras. Nos habla a nosotros pero casi podríamos jurar que le habla al café, a él mismo, a la historia que será, al futuro que fue.
Le preguntamos en qué cosas América Latina sigue teniendo las venas abiertas y en cuáles fue suturando las heridas y no esconde el fastidio por una pregunta que juzga reiterada en sus entrevistas. Nos lo dice con la boca pero también con los ojos, las manos, los gestos. “¿Qué te voy a contestar, lo mismo que siempre contesto?, que me encontré con el conde Drácula en una calle de Buenos Aires, que andaba buscando psicoanalista por el complejo de inferioridad que le producían las grandes corporaciones internacionales. Eso contesto siempre para evadirme”, argumenta para volver a evadirse. “Lo cierto que sí, -agrega- es una región del mundo que trabaja al servicio de otra. Sí, es cierto, eso sigue siendo verdad, y que no hay ninguna riqueza inocente: toda riqueza se nutre de alguna pobreza y ahora fíjate con esta crisis mundial el mundo entero está aceptando con bastante pasividad, y hasta con aplausos, estos regalitos que van recibiendo los banqueros, los pobres banqueros que son los culpables de esta catástrofe financiera”, sostiene.
Luego se explaya sobre el plan de “salvataje” con que Europa y Estados Unidos hicieron de Papa Noel: “Los banqueros son los que reciben la recompensa con que los premian, por lo menos, con 3 millones de millones, que te da una buena cantidad de ceros. A la larga lo paga eso que llaman ‘Tercer Mundo’, o sea las naciones sometidas, que venden lo que venden cada vez más barato, pagan deudas externas que son como sogas ahí metidas en el pescuezo con una vuelta de rosca y otra y otra. Por fin se le ocurrió a alguien –Correa, en Ecuador- ver si era legítima o no. Le vamos a pagar la deuda legítima, pero primero vamos a ver qué es esa deuda. Argentina no sabe la deuda que paga, Uruguay tampoco. Se supone que son deudas que vienen de alguna parte, que tienen un fundamento, pero nunca a nadie se le ocurrió escarbar una por una para decir ‘ésta deuda no la vamos a pagar’”, dice mientras escarba el aire con la mano.
“Chile no tendría que pagar los prestamos que le dieron a Pinochet para que asesinara gente, al igual que otros asesinos de países que contaron con auxilio. La mayor deuda se incrementa en la época de las dictaduras”, recita dando cuenta, una vez más, que ese crisol que es América Latina tiene también, en lo más horroroso de su historia reciente, una historia presente.

Estamos tratando de entender, Galeano mediante, lo inentendible de un sistema que paga lo que no debe, debe lo que no paga, premia lo que debería castigar y castiga lo que debe premiar. Semejante esquizofrenia nos altera y las preguntas se preguntan si hubo un hecho puntual, algún suceso concreto, que impulsó a Eduardo a ponerle palabras a las injusticias, para que sean menos injustas: “Yo nunca sentí que fuera el denunciador de nada. Yo simplemente soy un enamorado de la realidad y trato de contarla, en lo que tiene de horrendo y en lo que tiene de maravilloso. Porque si contara nada más lo que tiene de horrendo, la gente se moriría de aburrimiento, que es lo que pasa con la mayor parte de la literatura bien intencionada, que en lugar de generar indignación genera sueño. No sueños sino sueño, o sea una irresistible necesidad de dormir porque es aburridísima y en efecto estas letanías de dolor incesante no conducen a ninguna parte porque aburren a todos. Además, justamente, los dolientes del dolor lo que menos quieren es volver a escuchar el dolor que padecen, encima que lo están padeciendo. Entonces hay que saber cómo tratar de acercarse a estos temas a veces muy espinosos logrando que sean atractivos y que además estén siempre acompañados por una contraparte: a veces una pequeña frase, una pequeña cosita que indique que en medio de ese desierto hay un trébol de cuatro o de cinco, o de seis hojas”
En criollo, diría la abuela, mezclar una de cal con una de arena. ¿Ejemplos?: “Por ejemplo, en Espejos, hay unas cuantas referencias a la guerra de Irak, claro, lógico, una guerra que nació de una mentira y que mintiendo sigue y que ha matado no se sabe cuánta gente porque se sabe cuántos muertos hay entre los invasores pero no entre los invadidos, de eso no hay la menor idea. Entonces hay unos cuantos textos que se refieren a eso pero también hay uno que dice ‘cuidado con confundirse, querido lector, mucho cuidado. En Irak nació el primer poema de amor de la historia de la humanidad, en ese mismo lugar que es ahora ese escenario de horror incesante, y que se refiere al encuentro de una diosa inmortal y un pastor mortal’. En mi versión sintetizada lo que dice ese poema es que ‘la diosa amó aquella noche como si fuera mortal y el pastor fue inmortal mientras duró esa noche’”.

-¿Como “las mil y una noches”?
-En Irak nació la escritura, y en Irak la princesa Sherezade contó las mil y una noches, que es el libro que nos enseñó a todos el arte de contar, porque yo aprendí lo que aprendí en los cafés pero también porque Sherezade me enseñó que si el rey se aburría, le cortaba la cabeza y que por lo tanto está prohibido aburrir. Y me enseñó el arte del suspenso porque siempre dejaba los cuentos sin terminar para que el sultán no la matase. Entonces para saber cómo terminaba la historia tenía que llegar a la noche siguiente. Así te enseña la técnica del tigre en el aire, cómo se puede lograr mantener la tensión del lector. Bueno, eso fue escrito en Bagdad, a partir de una cantidad inmensa de historias que circulaban en la época.
Bagdad era el cruce de todos los caminos, allí se encontraban las cosas y las palabras: las cosas porque era un centro comercial importantísimo y las palabras porque era el centro cultural más importante del mundo, por lejos. Esta misma Bagdad ahora bombardeada, despreciada, triturada por Occidente que, entre otras cosas, aniquila lo que ignora. Qué nivel de ignorancia. Seguramente Bush cree que la escritura fue inventada en Texas, estoy seguro. Qué nivel de brutalidad, qué nivel de patanería que tienen los amos del mundo, es algo que te deja bizco.

Nos reímos, está claro que para no llorar. “Tienen el complejo mesiánico de que son los salvadores del mundo, de blancos, negros, rojos, violetas. Bush hablaba con Dios, nunca aclaró si era por fax, por mail y tampoco qué días se comunicaba, pero él dijo que la orden de invadir Irak se la había dado Dios”, esgrime Eduardo ya sin café que llevarse a la boca.
“Y quién nos salva a nosotros de ellos”, le preguntamos y nos reímos ya sin saber si para es, o no, para evitar las lágrimas. “De ese tema Dios no dio orientaciones”, apunta Galeano, marcando los “olvidos” del Señor. “Lo que quiero decir es que ellos tienen una vieja costumbre, insana costumbre, tóxica para la humanidad, peligrosa para la humanidad, de sentir que tienen que salvarte. Yo no quiero que me salven, qué mierda. Además todos los que vienen a salvarte terminan chupándote hasta la última gota de tu sangre y exprimiéndote hasta la última gota de tu sudor. Estos salvadores…”, dice meneando la cabeza, que también habla, de izquierda a derecha.
“Además fíjense la importancia que tienen en Estados Unidos todas estas sectas evangélicas desde donde insisten con la idea de la salvación.  Salvar a los otros en lugar de respetarlos, de escucharlos. En lugar de decir ‘señores, por ahí ustedes tienen algo interesante que decir’, no: el mensaje siempre es al revés. Es unidireccional, del que manda al mandado, del que opina al opinado. ‘Yo te voy a decir cómo son las cosas, te voy a explicar cómo es el mundo, te voy a dar la receta para que te vaya mejor en la vida’”.

-¿Por eso el sistema acepta la caridad, de arriba hacia abajo, y no la solidaridad, que es entre iguales?
-Si, además ahora con los resultados estos podrían, en un acto de sentido común, decir ‘bueno al fin y al cabo esa idolatría del mercado, que hay dejar que el dinero actúe y que el Estado no joda, por lo menos es sospechosa’. El hecho es que hicieron puré el Estado en todo el sur del mundo. Los servicios públicos están desechos. Mirá lo que es Aerolíneas Argentinas. ¿Qué quedó? Un pobre resto humeante. Parece que hubiera sido victima de algún bombardeo: un avión de guerra que fue victima de un bombardeo. Yo viajaba en Aerolíneas Argentinas cuando dirigía la revista Crisis, y era la mejor línea del mundo. Mirá cómo está ahora. Mira cómo está el Correo. Yo estoy harto de mandar cartas de Uruguay a la Argentina que no llegan nunca. Son servicios religiosos: los entregan cuando Dios quiere. (Otra vez risas compartidas. Otra vez, para no llorar).

-Bueno, con YPF nos pasó algo muy parecido
-YPF es otro desastre. Y los trenes. Esa película, “La Próxima Estación”, qué gran tarea hizo Pino Solanas con eso. Todas esas situaciones son collares de infamias por todas partes para aniquilar el Estado porque era una molestia, algo que se interponía entre el progreso y el hombre. Y lo pulverizaron y ahora que lo necesitamos, ¿qué hacemos? ¿Cómo no va a funcionar el correo? No puede ser.
Acá es especialmente desastroso pero en Uruguay, fíjense lo que me pasó con Espejos, les cuento una sola de las muchas experiencias que tuve: en Montevideo tengo una casilla de correo, la 751, donde me llegan las cartas, las revistas. Entonces yo le quería mandar el libro a un gran amigo mío que es músico y musicólogo y tiene otra casilla en el mismo lugar, que es el Correo Central de Montevideo. La casilla de él está a un metro y medio de la mía. Entonces yo voy con el libro y le digo a los amigos que atienden ahí, que me conocen de memoria, ‘mirá, ponele este libro en su casilla’. Y me dicen: ‘No, eso no se puede hacer. Tenés que franquearlo, mandar el paquete’ y entonces… recorrer ese metro y medio, demoró un mes”.

La anécdota, por demás gráfica, permite que la charla se entremeta con el deterioro de los servicios públicos en todo el mundo, y en especial en América Latina. Galeano rebalsa en anécdotas personales que ilustran de qué hablamos: un libro perdido rumbo a la Argentina, otro hacia España, paquetes que no llegan. “Esto es horrible de decir pero en la época de Franco se decía que ‘la única carta que no llega es la que no se escribe’. Y era verdad. Y este deterioro de los servicios públicos conspira contra la democracia porque la desprestigia. Pareciera ser que los servicios públicos sólo funcionan bien cuando hay milicos en el poder. Y ese es un flaco favor que le hacemos a la democracia, porque también se supone que es un esfuerzo civil”.

-Los medios de comunicación también se mueven como si muchas cosas funcionaran mejor con los milicos en el Poder, por ejemplo con la seguridad, que pareciera acechar como una flaqueza de la democracia.
-Sí, yo a veces escucho TN y me da la impresión de que Buenos Aires debe ser como Irán o Bagdad, y voy a Buenos Aires y no tiene nada que ver con lo que cuentan que es. Además se ha dado un fenómeno, éste también internacional: es impresionante cómo, en la época de la globalización, se repite todo. Qué poca originalidad. Los países tienen menos capacidad de decir lo suyo, de caminar su camino. Entonces se dan esas copias universales: los informativos de la televisión. Empiezan, en casi todos los países, con temas de seguridad pública, crímenes, violaciones, asesinatos. Eso es la mitad o más del informativo, con lo cual la población queda temblando y diciendo "Estamos en manos de los delitos, de los delincuentes, de los criminales".

-Tocan las fibras del miedo…
-Miedo que es el peor de los consejeros, porque el miedo, ¿qué es lo que te va a aconsejar?: mano dura. "Acá lo que se necesita es mano dura" y la democracia tiene mano blanda, entonces a la nostalgia de la dictadura militar hay un camino muy chiquito. Es un tema bárbaro porque hasta ahora la izquierda no ha podido resolver el tema de la inseguridad. Quizá porque la inseguridad no existe, la inseguridad es el resultado de otras cosas, de la injusticia social, de la cultura del consumo.

Las palabras, quizás felices por ser bien tratadas, dan una vuelta en el aire antes de meterse en el grabador, en los oídos, en la boca, en los ojos. Es extraño expresarlo pero hay una sensación de comunión, de común-unión, que parece, también, dar vueltas en el aire.
Es posible, acaso, que nada de eso ocurra y el sólo hecho de coincidir con lo que este escritor está escribiendo con la boca, nos genere tal impresión. El manual dice en ese punto que es el primer error del “periodista ingenuo” que se deja convencer con lo que el entrevistado dice. ¿Será así?
“Antonio Machado, el gran poeta español, decía una frase lindísima: ‘Ahora cualquier necio confunde valor y precio’. Y ese es un retrato del mundo de nuestro tiempo. Entonces la cultura del consumo, que es lo que se le inyecta a la gente todos los días sobre todo por los medios pero también por el sistema educativo, sostiene la idea de que el que no consume, no existe. Y esa cultura se funda en esa confusión del valor y el precio. Entonces vos valés si tenés ropa más cara. Y eso es una incitación al delito porque si vos le metes eso en la cabeza a los chicos de la villa o la gente más desamparada de la población, la idea de que ser es tener, y que sino tenés no sos, es una invitación al delito. Es decirles ‘dale, andá con esa vieja que está ahí al pedo, dale, arrancale la cartera’”.

-Y eso también lleva a que veamos al otro, como describe una frase tuya, “como una amenaza y no como una promesa”
-Exactamente. Y hay una dictadura del miedo en escala universal. Ahí también todo se copia. Hay una vieja leyenda china, que tiene miles de años, de un leñador que pierde el hacha. Entonces el leñador lo mira al vecino, y ve que tiene cara de ladrón, aspecto de ladrón: ‘¿usted no vio un hacha?’, le pregunta. ‘No, no’, contesta el vecino. ‘Me contestó como un ladrón’, piensa el leñador. Le coincidía todo. A las dos o tres horas encuentra el hacha que se le había caído en unos árboles, vuelve a mirar al vecino y piensa: ‘La verdad que no tiene para nada cara de ladrón’. Pero mientras el hacha estaba desaparecida el vecino era el culpable. El tema de la justicia por mano propia proviene de ese equívoco, incide en los linchamientos y castigos de muchos que son inocentes.

Es imposible eludir, a esta altura, los intentos que a ambos lados del Río de la Plata pretenden bajar la edad de imputabilidad de los menores. (¿qué dirán los manuales al respecto?). Las cejas de Galeano se arquean en forma de herradura. Los ojos se clavan en un más allá que no alcanzamos a ver y las manos levantan vuelo. Todo el cuerpo dice una ironía: “Yo me pregunto, ¿y los bebés? Porque los bebés son bastantes jodidos. Ya Freud lo tenía estudiado a eso, la perversidad del bebé, entonces si el bebé es perverso, bueno, que vaya a la cárcel...”
El manual se enoja pero el humorismo vuelve: “O mejor, que ya desde el embarazo los metan presos con sus madres”.
-Pero no lo repitas porque les das ideas. Van a meter presa a la que tiene el delincuente en la panza.

-Tarde, ¿no fue eso lo que hicieron los militares genocidas?
-Sí, es así. Incluso muchos se han de haber contado el cuento que así los salvaron. Supongo, porque la conciencia culpable siempre necesita alivio, consuelo, aún en el caso de los tipos más jodidos. Probablemente disfrazaron ese robo, el más siniestro de todos, ese botín de niños que hubo sobre todo en la Argentina. Esta idea de que el vencedor, quizá recibiendo el trofeo, se contaba el cuento de que estaba salvando a aquel chico de la corrupción roja.

-Eduardo, vos que sos un escritor que trabaja con las palabras, ¿te han contado ellas el dolor que sienten por el cambio de significado que han tenido? Nombrabas la palabra “mercado” y antes el mercado era otra cosa, proceso era otra cosa al “Proceso”. ¿Se sienten dolidas las palabras?
-Está lindo eso que me decís. Sí, yo creo que sí. Hay una responsabilidad en el ejercicio de las palabras. Aquello que el maestro Onetti me dijo cuando era chico: "Las únicas palabras que deben existir son las palabras mejores que el silencio". Pero cuando vos estás peleando para encontrarlas y aparecen, hay que cuidarlas, regarlas, acariciarlas. Las palabras están muy mentidas, manoseadas, prostituidas. Entonces las cosas no significan lo que son, son lo que significan. Es un desastre, el diccionario parece un basurero. Y claro que a las palabras les duele ser basura. Nacieron para algo mejor, nacieron para ser manos que tocar, brazos que abrazan.

-En tus libros has rescatado que para los guaraníes, la palabra era el alma. ¿Cómo era eso?
-Sí, ñeñé, que significa palabra y alma. Toda la belleza de los mitos de origen guaraníes coincide en que los paraguayos son hijos de la palabra que los llamó. Y que sonó de adentro de un cedro, un cedro mágico. Ahí sonó la palabra que los llamó. Es muy hermosa la idea de que la uva está hecha de vino.

La frase se materializa, producto de los gestos que acompañan el racimo, en la imagen de la uva. El grabador se apaga pero la conversación no. (En este punto el manual también es confuso sobre los pasos a seguir). La charla sigue por los pasillos del Hotel que, después de largo rato, volvemos a habitar pese a no haber salido físicamente de él. Galeano relata, con lujo de detalles, su experiencia en la frontera entre Brasil y Venezuela, hace ya unos años, donde se infectó la malaria. Nos cuenta la experiencia de dormir en una hamaca paraguaya sobre el río y ver pasar las serpientes por debajo.
Hablamos de Luis Sepúlveda y “el viejo que leía poemas de amor”; de aquel negro orgulloso con sus dientes de oro macizo que Eduardo rescata en uno de  sus textos; algo de fútbol es inevitable; criticamos en conjunto el mal gusto del hotel, en conjunto criticamos a los críticos por el mal gusto de decirnos cómo se debe mirar, elogiamos un par de sueños de los “Sueños de Kurosawa”;  admiramos a Vicent Van Gogh y el texto que, para uno de nosotros, constituye uno de los mejores relatos de los múltiples relatos que constituyen Espejos.
Afuera ha parado de llover pero dentro nuestro hay un diluvio. El saludo se repite una vez más, pero esta vez sí es definitivo.
Se aleja unos pasos, a ese ritmo de ver las cosas, en busca del ascensor que lo trajo a la planta baja. Antes de perderse en él, nos dice sonriendo, en esa voz que no alcanza a ser grito pero que está mucho más elevada del tono medio, que nos entendemos con el tiempo. Ya no hay tiempo de preguntarle porqué.
Es una buena excusa para inventar un nuevo encuentro.


Galeano y la elección de Obama
Algunos son negros por fuera y blancos por dentro

-¿Qué nivel de esperanza puede generar la presidencia de Obama?
-Yo no te voy a repetir ahora porque publiqué un artículo, Ojalá

-“Ojala que no se olvide que la Casa Blanca fue hecha por negros”…
-Que no lo olvide nunca. Y es una cosa que nunca se dice, pero es verdad. La Casa Blanca fue hecha por negros y nunca jamás se dice y esa es la casa que va a ocupar. Por eso yo en el artículo decía, “ojalá no olvide nunca que fue hecha por negros esa casa, que va a ser su casa”. Porque puede ocurrir al revés, la historia que yo conté en Espejos sobre Martí y Fernando Ortiz. Fernando Ortiz fue el más importante antropólogo cubano y el más profundo investigador de la cultura negra en Cuba, el que llegó más hondo en la exploración de las raíces negras de la cultura cubana. Murió hace ya años. Y cuando era chico, un adolescente recién llegado a Cuba desde las Canarias, donde el padre lo había mandado para formarse, ve pasar un señor muy apurado, un flaquito, peladito, chiquito que camina apuradísimo. Le dice: ‘Mucho cuidado con ese porque es blanco por fuera y negro por dentro’. Y ese era José Martí y puede ocurrir al revés, que haya algunos que son negros por fuera y blancos por dentro.
El asunto es que esto, en principio, es una buena noticia porque hay que ver lo es el nivel del racismo en Estados Unidos, un país donde hasta hace quince minutos los negros no podían sentarse en los colectivos, no compartían ni siquiera los colectivos. En el año 1942 el Pentágono prohibió las transfusiones de la sangre negra, que no existe. La idea era que no se hiciera por inyección la mezcla prohibida en la cama. Bueno, eso fue hace quince minutos, así que esta victoria me parece que hay que celebrarla y está bien pero al mismo tiempo

-Sabemos de las limitaciones…
-Claro, no hay que enmascarar las cosas. Rosa Luxemburgo decía que no hay nada más revolucionario que decir lo que uno piensa y a veces lo que uno piensa es una cosa antipática, o que a la gente no le cae bien pero yo la digo igual porque siempre me acuerdo, yo soy rosista pero no de Juan Manuel sino de Rosa Luxemburgo.
Yo escuché todas las polémicas con Mc Cain, completas, me aburrí…: me dormía por la monotonía de dos discursos sospechosamente iguales, lo que no es un buen signo. Los Estados Unidos tienen un problema de Partido Único, disfrazado de dos y la verdad que no era muy diferente lo que decía uno que lo que decía otro. Me costaba mucho distinguirlo. Claro, lo distinguía por el aspecto físico: Obama mucho más simpático, joven, atlético, negro. El otro ya muy cascado por los años. Pero los discursos eran demasiados parecidos y algunas amenazas guerreristas de Obama contra Afganistán, Irán, Pakistán no sé hasta dónde fueron el impuesto que pagó a un sistema que obliga a mentir para conseguir más votos, o si es de veras lo que opina, lo que no nos anuncia nada bueno.
Y después, otra cosa que decía ahí en el artículo, es que he seguido muchísimo a él, tratando de ver las cosas como son y no como uno quieren que sea, y una cosa que a mí me molesta mucho es la insistencia en el “Leadership” (el liderazgo). Es una palabra que usó cada cuatro palabras. No, por favor. ¿Nos van a venir a mandar de nuevo? Ahora nos estaban dejando más o menos tranquilos por un rato y éste anuncia la recuperación del leadership…

 (Publicada en la revista "Al Margen", Bariloche, Río Negro, marzo-abril 2009)

miércoles, 11 de febrero de 2009

El sol con la mano


La campaña mediática que pretende privilegiar los cortes de ruta en Gualeguaychú por sobre las causas que lo generan, se topó con una invitada sorpresa: la realidad. Así, periodistas, funcionarios, burócratas, tecnócratas y otras raras especies, que lamentablemente no están en vías de extinción, debieron tragarse el sapo. Como ya se sabe, el pez por la boca muere, aunque los peces hace rato que mueran por otras causas.

Por Luis Zarranz
Enero fue el mes en que se pretendió, literalmente por todos los medios, desarticular el corte de ruta en Arroyo Verde (Gualeguaychú) en contra el funcionamiento de la pastera Botnia e impedir que Colón y Concordia apoyaran el reclamo.
Pero mientras los medios hablaban, en cadena nacional, sobre las consecuencias y no sobre las causas de dicha medida, Botnia dejaba en offside a un tendal de periodistas, funcionarios y mercenarios debido a los “daños colaterales” de su funcionamiento.
En efecto, si enero fue el mes en el que con más insistencia se aspiró a deslegitimar la protesta, los días que ya transcurrieron de febrero fueron los que más legitimaron la movilización.
El olor a Botnia generó, primero, más de mil denuncias de ciudadanos de Gualeguaychú por contaminación; y la extensa mancha de origen botnio sobre el Río Uruguay, en segundo término, pusieron en ridículo los informes citados por todos los matutinos sobre los nulos efectos contaminante de la pastera; lograron que las palabras de los tecnócratas y burócratas sonaran más desproporcionadas que de costumbre; y crudamente expusieron el nivel de desidia y manipuleo al que estamos sometidos: este flagelante nivel de contaminación sonora y visual de la realidad deja al descubierto que no sólo es Botnia la que contamina, por desgracia.
Por excepcional, esta nota debe adelantar lo que sería un interesante remate final: la paradoja de sentir como un triunfo la comprobación de la contaminación. La negación de una obviedad tal como el perjuicio que provoca en el ambiente una empresa de la dimensión de la pastera finlandesa, sea cual fuese su producción, (y más cuando hablamos de una de las cinco industrias más contaminantes), está generando este psicótico y doloroso contrasentido al saberse con razón.
Los asambleístas, que luchan para evitar la contaminación en el entorno en el que viven, se ven obligados a inflar el pecho ante los medios, como diciendo “teníamos razón”, cada vez que se produce un hecho evidente de contaminación, cosa cada vez más frecuente.
Esta alteración, que los que se oponen al funcionamiento de Botnia sientan una especie de penosa victoria reivindicativa debido al bombardeo mediático que insiste con que Gualeguaychú es casi más impoluto que una isla desierta, es apenas una muestra de los efectos de esta campaña que pretende poner el foco sobre el corte de ruta, antes que en la causa que lo genera.


Además de justificar el genocidio israelí en la Franja de Gaza, en enero los medios gastaron más tinta que nunca para reducir el movimiento “ambiental” (que es mucho más que eso) de mayor contundencia del país, a unos cuatro o cinco alocados; se llenaron la boca para referirse a los “estrictos” monitoreos que regulan la producción de pulpa; fustigaron el corte (a diferencia de los “del campo”, que propician) y pretendieron, de manera burda, desprestigiar a la Asamblea de Gualeguaychú.
Esta estrategia para restarle apoyo social, sobre todo hacia los que siguen el conflicto a la distancia, es uno de los mejores reconocimientos, además de la masividad, que la gente de Gualeguaychú ya puede atesorar.
Después de todo, fue un enero también, en el 2008, cuando el jefe de editores del diario Clarín, Ricardo Roa, les manifestó a una delegación de la Asamblea que el diario “tenía postura tomada en el conflicto” que, está claro, no hace falta aclarar en favor de quién.
El “debate” por los cortes de ruta, en enero, ganó todas las tapas que quiso de Clarín. En febrero, ninguno de los casos de contaminación mereció, por el contrario, la primera plana. ¿Hace falta mencionar los motivos?

¿Nacional y popular?
Fue Néstor Kirchner, siendo Presidente, el que aclamó, junto con su esposa, que la lucha contra Botnia era una “causa nacional”. Es el gobierno de Cristina Kirchner, junto con su esposo, el que no se cansa de repetir su oposición a la “metodología” del corte de ruta y a urdir diversas estrategias para plantear que el único ámbito de reclamo es la Corte Internacional de La Haya. La evidente contradicción admite una sola explicación: el doble discurso oficial.
Uno de los principales referentes del kirchnerismo, Luis D’Elia, también dejó sentada su pertenencia al espacio nacional, popular y antiimperialista: “La presencia de Botnia en Uruguay es saludable para la región", afirmó el hombre que hasta hace quince minutos se declaraba en oposición a la instalación de empresas del capital extranjero en nuestra región. “Fomenta la sana competencia entre empresas", agregó, compartiendo los ideales de Adam Smith y del liberalismo.
El Presidente del INTI, el ingeniero Enrique Martínez, otro de los que quisieron salir a confundir a la opinión pública, tuvo que meterse las palabras en el bolsillo (seamos generosos) cuando salió a afirmar que, según los estudios del organismo, “Botnia no está contaminando". "Hoy por hoy creemos que el tratamiento de efluentes que hace Botnia y los controles de Uruguay están garantizando que la planta no contamine"(1).
Diez días después, más de mil denuncias por olores a huevo podrido llenaban los hospitales de Gualeguaychú. Veinte días más tarde, el funcionario desmentía lo que había dicho ante la evidencia en sentido contrario (2)
En el medio, los trabajadores del INTI iniciaron una acción para objetar a su propio presidente y para demostrar los defectos y errores del informe en el que se basaba Martínez para aseverar que la pastera no esté produciendo ningún efecto contaminante: ese documento tenía resultados preliminares e incompletos pero fueron considerados suficientes para afirmar, a pesar de lo reconocido por la propia empresa, que “de los valores hallados (por el INTI) hasta el momento, no se infiere que haya indicios de afectación del curso de agua del Río Uruguay dentro de la zona objeto de estudio”.
Martínez, que creyó oportuno difundir el informe en plena cruzada contra los asambleístas entrerrianos, no creyó oportuno esperar los resultados de las mediciones de los elementos órganoclorados, tanto en el agua como en los sedimentos. Esos controles estaban previstos pero, se informó luego, no se pudieron hacer porque "el equipamiento adquirido por el INTI aun no fue entregado por el proveedor".
Tampoco pudo medirse la presencia de dioxinas y furanos, contaminantes orgánicos persistentes, porque "las muestras fueron remitidas a un laboratorio en Canadá" y los resultados no llegaron al Instituto. Las dioxinas son el compuesto más contaminante, a tal punto que la comunidad internacional adoptó una Convención para evitar su producción. En el informe sobre su primer semestre de producción, Botnia reconoce que las genera. ¿Cómo puede presentarse como positiva una evaluación que carece de ese dato?
Unos días después, desde el INTI emitieron un nuevo informe ya sin la ansiedad del señor Martínez: éste ya tenía procesados los datos del laboratorio R&PC (Canadá). “Hasta el momento se detectó mayor concentración de dioxinas y furanos en sedimentos localizados frente y aguas abajo de la pastera, respecto de los valores hallados aguas arriba”(…) “Estos valores deben ser cuidadosamente evaluados a lo largo del tiempo", concluyó el INTI, con menos difusión.
La nueva conclusión quizá explique los motivos del apuro de Martínez…

Parte y contraparte
El domingo 25 de enero, Clarín publicó una nota en la que sostenía: “Por la papelera, el río Uruguay es hoy el sitio más monitoreado del mundo” (3). A continuación podía leerse: “Al menos siete organismos estatales y no gubernamentales evalúan si sufre un daño ambiental”. “Casi seis años desde el primer análisis. Siete organismos de control. Estudios sobre el agua, aire, radiogeoquímicos y de fito y zooplancton. Más de 40 informes redactados. Muchas son las características del plan de vigilancia ambiental sobre el Río Uruguay. La conclusión es siempre la misma. Por ahora, "Botnia no contamina".
El artículo, tan tranquilizador como sospechoso, tuvo su contraparte. No fue la réplica de ningún asambleísta enfurecido. 48 horas más tarde, la realidad golpeó las puertas de Clarín, que no tuvo opción de dejarla entrar:
-“En Gualeguaychú soplaron ayer ráfagas de gases y malos olores”.
-“Un fuerte olor a repollo hervido o a huevo podrido se percibió ayer en el balneario Ñandubaysal, sobre el río Uruguay, y la ciudad de Gualeguaychú. Las rágafas provenían de la planta pastera de Botnia, ubicada cerca de Fray Bentos, en territorio uruguayo, frente al balneario y a 27 kilómetros de Gualeguaychú”.
-“‘Por primera vez sentí ese olor en mi propia oficina’, dijo el intendente local Juan José Bahillo”.
-“La pastera finesa admitió que esos olores provenían de su planta, pero los adjudicó a tareas de mantenimiento y aseguró que no se trataba de escapes contaminantes”.
-“‘Personal de la Oficina de Vigilancia Ambiental tomó muestras: ‘El olor es indicativo de ácido sulfídrico en el aire’, dijo Martín Piaggio, Secretario Municipal de Salud”.
-"La OMS indica que los niveles de ácido sulfídrico aceptables en el aire son de cero, porque es tóxico". (4)
La contundencia, queda claro, es irrefutable. Con un agregado: el problema del olor no es que sea asqueroso sino mucho peor: es tóxico.
Algunas preguntas que asaltan el sentido común: Si siete organismos no son capaces de detectar este efecto contaminante, ¿es de muy mal gusto decir que hacen mal su trabajo? ¿Quién controla el “control” de estos monitoreadores? ¿Registran la angustia que siente quien sabe que vivirá toda su vida en los alrededores de la planta?
Estas preguntas, que no encontraron respuesta, estaban frescas cuando una mancha apareció sobre el río Uruguay, a la altura del puerto de la pastera de Botnia en Fray Bentos. La mancha, de gigantescas proporciones, se extendía 6 kKm. aguas abajo de Botnia y 5 Km. aguas arriba (6). La casualidad, y no el efecto de la producción de Botnia, que quede claro, la habían localizado justo ahí.
El gobernador Sergio Urribarri, que jamás podrá ser acusado de “asambleísta”, sostuvo exactamente lo contrario que había dicho un mes atrás y aseguró, con idéntica convicción, que era “innegable" que la pastera finlandesa esté afectando al río compartido. ¿No era que no había que preocuparse, Gobernador?

Los funcionarios y las funciones
El secretario de Medio Ambiente uruguayo, Carlos Colacce, que hasta donde uno entiende debería preocuparse por defender el medioambiente, no a la empresa, sostuvo que la mancha en el río eran algas. Nada dijo, en cambio, sobre porqué, entonces, esas algas rodeaban el predio de Botnia, hecho que comprobaron todos los técnicos que acudieron al lugar.
La Presidenta Cristina ordenó al Ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Aníbal Fernández, (si, está bien escrito: al Ministro de Justicia) que extrajera muestras de la mancha para comprobar su origen y toxicidad.
El experto en cuestiones ambientales Aníbal Fernández confirmó luego que la mancha fue provocada por "microalgas verdes": “No hay pasta celulosa en el agua. Es la presencia de una floración de microalgas verdes" (6).
Otra vez, las preguntas nos asaltan: ¿Por qué es el Ministro de Justicia el que debe extraer la muestra, siendo que, como los medios destacan, el monitoreo sobre Botnia es intenso? ¿No existen, además, funcionarios de áreas más idóneas? ¿Puede ser que ningún periodista le haya trasladado la inquietud al Ministro ni que él se haya quejado por el trabajo extra?
Aún aceptando la hipótesis de que la mancha son “algas” ¿Por qué éstas rodean a Botnia? ¿Por qué nunca antes el río tuvo algas de semejante extensión? Fernández dijo que no hay pasta celulosa en el agua. ¿Qué esperaba, una plancha de papel con la firma de Botnia? ¿Es de fundamentalista o de sentido común suponer que si la mancha se dispuso alrededor de la planta, implicaría la existencia de algún elemento particular que favorezca tal aparición?

El sol y el agua
Unos días antes de la aparición de las algas misteriosas, el ex encargado de Asuntos Ambientales de la Cancillería (durante la Presidencia de Kirchner), Raúl Estrada Oyuela, consignó en un informe: “Quien tenga ojos para mirar el Río, le bastará observar la proliferación de algas tóxicas que son la consecuencia del vertido de fósforo y nitrato que para el estudio del INTI se encuentra a niveles aceptables, cuando es universalmente conocido que el Río de los Pájaros ya no admite más nutrientes”
Hay quienes pueden sospechar de la subjetividad de Oyuela. Para eso es necesario incorporar otra fuente: El biólogo Norberto Oldani, investigador del INTEC (UNL/CONICET) es uno de los científicos santafesinos que forma parte del promocionado equipo que realiza trabajos en el marco del Plan de Vigilancia Ambiental del Río Uruguay, encargado por la Secretaría de Medio Ambiente de la Nación.
Según explicó Oldani, a la altura de la pastera Botnia se produjo una combinación entre las condiciones hidrológicas del Río Uruguay que sumado al enriquecimiento de las aguas debido a los vertientes de la empresa, generó un gran florecimiento algal.
“Es una situación que no estamos acostumbrados a ver en un río, entonces llamó muchísimo la atención ver esa mancha que tiene distintas tonalidades de verde, ya que no era blanca. La gente veía como que Botnia había tirado algo distinto a lo normal, pero no fue así, sólo sigue vertiendo lo que tira siempre (…)”. (7)
Es eso, lo que Botnia vierte al aire, al suelo y al río todos los días, lo que preocupa y genera la resistencia social masiva en Gualeguaychú. Es eso lo que moviliza y movilizará a los asambleístas y es la misma causa que origina uno de los métodos de su lucha: el corte de ruta que los medios fustigan, que los funcionarios repudian y que la ciudad sostiene.
Sería gastar pólvora en chimango si se insistiera con la legitimidad social que lo sustenta; con la legitimidad jurídica que muchos autores y fallos ya destacan; con la legítima defensa al derecho a la vida y la salud que los asiste; con la libertad para elegir el ambiente sano en el que aspiran a vivir, y tantas otras cuestiones de menor importancia frente a semejante inversión.
Está bien. No lo haremos. Pero la próxima vez -mañana mismo- cuando vuelvan a fustigar a la lucha de la gente de Gualeguaychú busquen nuevos (y mejores) argumentos porque no se puede, por mucho que se intente, tapar el sol con la mano. De alguna forma, de mil formas, este siempre se escurre por entre los dedos, como el agua que ahora mismo Botnia está contaminando.
La manipulación mediática, el doble discurso oficial, el tecnicismo y el servilismo produce tanta contaminación como la que emana de Botnia y hace falta un movimiento tan o más grande que Gualeguaychú para combatirlos.

Fuentes

11 de febrero de 2009

jueves, 20 de noviembre de 2008

Demasiado grande para cumplir dos años


El corte de ruta a la altura de Arroyo Verde en Gualeguyachú, cumple hoy dos años de lucha. Dos años ininterrumpidos en los que logró visibilizar la causa que lo sustenta hasta transformarse en un emblema de ella. Los miles de individuos que contribuyen a su sostén están dando una lección maravillosa de constancia, resistencia y democracia que ni los descreídos de siempre pueden desconocer.

Por Luis Zarranz
Para los descreídos, que cada vez abundan más, el segundo aniversario ininterrumpido del corte de ruta en Arroyo Verde es un golpe certero. Un cross en la mandíbula. Un knock out técnico.
Para los muchos que dos años atrás se rieron y se burlaron, por considerar absurda aquella propuesta de los asambleístas de cortar la ruta ininterrumpidamente, este 20 de noviembre les resulta no sólo increíble sino también incómodo, inverosímil.
Cualquiera sabe que  mantener una actividad, sea cual fuera, todos los días a lo largo de dos años es una tarea heroica. Y ellos, los militantes de lo posible tomaban con sorna que una asamblea multitudinaria resolviera realizar un corte de ruta extendido a lo largo de los meses. “No podrán sostenerlo”, vaticinaban y, por eso, especulaban con el desgaste que produciría el paso del tiempo.
Ni eso, ni las campañas mediáticas, ni las operaciones de prensa comandadas por Aldo Leporatti, ni los siervicios, ni las amenazas, ni el bustismo, ni los Gobiernos, ni Botnia funcionando, ni Rosetti, ni sus Rotwaillers, ni las tapas de Clarín,… nada ni nadie pudo con el Corte. Más bien, cada uno de los intentos por levantarlo –que exceden largamente los enumerados– generaron el efecto contrario: movilizaciones masivas, convocatorias espontáneas, más apoyo a la causa, nuevas acciones.
En estos dos años de Corte ininterrumpido sobre la ruta 136, en Arroyo Verde, corrió (nunca mejor la frase) mucha agua bajo el puente. Es cierto: Botnia funciona. Pero tan cierto como eso es que la Asamblea Ambiental de Gualeguaychú no ha abandonado su lucha ni su reclamo. Y ese es el dato que sorprende a más de uno.
Cuando en algún momento la historia recopile las acciones éticas colectivas tendrá reservada páginas de gloria para los habitantes de una ciudad que se transformó en sinónimo de resistencia, mediante la más democrática de las prácticas políticas: la asamblea abierta, donde todo es debatido, donde ningún voto ni palabra vale más que otro.
Hoy que el corte de ruta cumple años, es imposible no reconocer cada una de las acciones y las personas que lo sostuvieron. A los que se turnan para pasar la noche, los que no han dudado en mantenerse firmes pese al frío, el calor, el temor, la comodidad, el desgano, el desgaste.
Los grandes, los chicos, los ancianos, los bebes, que han pasado días y noches apostados en Arroyo Verde para “hacerle el aguante”. ¿Cuántos termos se habrán compartido? ¿Cuántas reposeras se habrán abierto? ¿Cuántos juegos habrán jugado los más pequeños? ¿Cuántos visitantes de otras latitudes habrá recibido? ¿Cuántos asados se habrán comido allí? ¿Cuántas lluvias soportado? ¿Cuántos debates? ¿Cuántas lágrimas de emoción o de bronca acumula? ¿Cuántas discusiones? ¿Cuántos se habrán conocido allí? ¿Cuántas manos se habrán alzado para aprobar mociones?
No hay persona, con un mínimo nivel de sensibilidad, que no se conmueva por lo que es y genera Arroyo Verde: un antídoto contra la impotencia. Eso es. Una vacuna contra el “no se puede”, una inyección frente a la resignación, una lección de esperanza, un remedio ante el individualismo, la máxima expresión, el símbolo, la trinchera de la Asamblea.  De esa Asamblea democrática como pocas, seguramente aún perfectible, como toda expresión de tal naturaleza.

Corte por lo sano
Mientras Gualeguaychú cumple dos años de corte, Botnia debió resignarse a festejar su primer año de existencia, cumplido el 9 de noviembre, con la planta cerrada debido una suspensión, según la empresa, por “tareas de mantenimiento”.
A nadie escapa, sin embargo, que el cierre obedece a los efectos de la crisis global: ahora la oferta de pulpa de celulosa excede largamente lo que el “mercado” demanda.
El lenguaje empresarial prefiere el surrealismo: la planta detiene su funcionamiento frente al escenario económico pero se niega a hacerlo frente a la contaminación que produce.
Luego de dos semanas de suspensión, Botnia retomó, este domingo, la producción y en un comunicado hizo saber que el proceso de reactivación podría provocar "olores y ruidos". La respuesta no provino de ningún sector radicalizado: el director del Hospital Centenario de Gualeguaychú, Hugo Gorla, afirmó que tres personas que se encontraban sobre el puente internacional General San Martín fueron atendidas y presentaban reacciones alérgicas, dermatitis y conjuntivitis.
Sin embargo, en los medios se polemiza más sobre el corte que sobre la contaminación.  ¿Qué habría que “atacar”, la causa o la consecuencia? Antes que los legalistas se pongan de pié y levanten la Constitución: si el corte de ruta es ilegal, lo es tanto como la contaminación o la violación al Estatuto del Río Uruguay. ¿Por qué le prestan mucha atención a lo primero y poco y nada a lo segundo?

Contamina la razón
Frente a la reciente suspensión de su producción, Botnia les informó a los fraybentinos que los olores que se podían llegar a percibir, a "ácido de batería" o a "huevo podrido", "en ningún caso afectan la salud de los ciudadanos y el medio ambiente".
¿Será sólo por sugestión, entonces, que la gente de Fray Bentos aumenta las consultas  médicas debido a los mareos y las nauseas, y que los médicos diagnostican continuos problemas respiratorios producto de la contaminación? ¿Quién miente a quién? ¿Los doctores a los pacientes, los pacientes a los doctores o la empresa a ambos?
Esta nota tiene un anexo, único recurso periodístico disponible debido a su extensión, que cuantifica los daños y muertos que la planta generó en su primer añito de vida.
Cada día que funciona Botnia toma, sin ninguna autorización, 80 millones de litros de agua, unos 32 mil millones al año, que devuelve al río Uruguay con un 70% de productos tóxicos y a unos 10º más de temperatura. ¿Por qué será que esta información jamás se transforma en noticia? ¿Qué pasaría si la televisión, los diarios y las radios se dedicaran a hablar de lo que Botnia genera con el mismo entusiasmo con el que hablan de lo que genera el corte de ruta?
Con tanta contaminación en el aire, pocas cosas están tan claras como que, en desigualdad de condiciones, Gualeguaychú está dando una pelea que por legítima, por respaldo, por genuina  y por capacidad de movilización, tiene una potencia y una potencialidad imposible de desconocer.
En los más de cinco años de reclamos, Arroyo Verde se ha transformado en el espacio simbólico más representativo de la Asamblea. Si como dicen, “la única lucha que se pierde es la que se abandona”, Gualeguaychú tiene sobrados argumentos para creer que aún no está dicha la última palabra.
Los motivos, queda claro, abundan.
Y eso, para los descreídos, es otro golpe de knock out.

ANEXO:
BOTNIA: UN AÑO NO MUY FELIZ

Septiembre de 2007: El Ministerio de Medio Ambiente uruguayo encuentra “fisuras” en una de las piletas. BOTNIA paraliza, temporalmente, sus obras.

Noviembre de 2007: Once operarios son derivados al hospital de Fray Bentos tras intoxicarse con sulfuro de sodio, lo que les provoca problemas en la piel y las vías respiratorias. La pastera se encontraba ya en período de pruebas. Ante las consultas, le echa la culpa al viento, responsabilizándolo “por haber hecho volar por el aire el polvillo tóxico”.

21 de noviembre de 2007: 22 chicos de un colegio de Fray Bentos se intoxican por una nube toxica que emana BOTNIA. Los alumnos deben ser internados por sufrir mareos y vómitos. La maestra relata que el olor era insoportable, que pensaba que había explotado la garrafa del colegio pero que al abrir la ventana el olor era mucho peor. La empresa sólo pide disculpas.

Diciembre de 2007: Episodio similar al anterior, pero en una escuela del otro lado del Río Uruguay, en las afueras de Gualeguaychú. Alumnos deben ser internados de urgencia. La empresa se llama a silencio.

Diciembre de 2007: Cuatro obreros deben ser internados por un derrame de cloro. La empresa minimiza el hecho.

Diciembre de 2007: Un empleado finlandés se quema con licor negro cuando realizaba tareas en la caldera de recuperación. De acuerdo con lo detallado por la Jefatura de Policía de Río Negro (del Departamento de Fray Bentos), el accidentado “se quemó los dos brazos y parte del cuello”, por lo que es trasladado a un centro de salud de la zona.

15 de diciembre de 2007: Por un nuevo accidente en BOTNIA, cuatro obreros deben ser internados. El episodio ocurre el martes 11 aunque se conoce el sábado 15. Los operarios son afectados por un derrame de cloro que les provoca irritación en las vías respiratorias y la vista. Según trasciende, estaban trabajando en la torre de enfriamiento de la planta de tratamiento del agua. Son trasladados a una clínica de Fray Bentos con ardor en los ojos y en la garganta; el más afectado de los cuatro permanece dos días en observación.

Enero de 2008: La planta tiene un desperfecto en un instrumento de medición, lo que genera que se apagara la caldera principal, y por ende, toda la fábrica. Provoca un importante derrame de celulosa semilíquida sobre el Río Uruguay. Nuevamente, la empresa y el Gobierno uruguayo minimizan el hecho.

31 de enero de 2008: Nuevo “accidente”: se derramaron 200 toneladas de pasta de celulosa al río Uruguay. Como consecuencia, la pastera permanece inactiva durante algunos días. Voceros de la empresa confirman el derrame y su volumen, aunque se encargan de aclarar que no era material tóxico. No obstante, la zona de Fray Bentos vuelve a quedar impregnada de olor a “ácido de batería”, que distintos expertos aseguran ser tóxico.

Febrero de 2008: Muere un obrero. Juan Pedro Molina, de 31 años, uruguayo y empleado de la empresa contratista Cujó, sufre un accidente mientras realiza tareas de terminación de obra.

3 de abril de 2008: Muere un obrero. Otro “accidente” laboral provoca la muerte del trabajador chileno Rodrigo Rivero, de 33 años, quien desempeñaba tareas con la moladora en la zona cercana a la chimenea de la planta, en las denominadas “calderas de recuperación”. Una "viga hache" de metal, de 1,2 metros y 10 centímetros de ancho, cae desde una altura de 20 metros e impacta en la cabeza del obrero, que fallece en el acto.

Agosto de 2008: Una “nube incontrolada de sulfuro de sodio” provoca una fuerte dolencia en las vías respiratorias de los trabajadores de la planta. Resultado: 24 personas intoxicadas. El olor se siente en todo Fray Bentos.

18 de septiembre hasta primeros días de octubre de 2008: Un fuerte olor a ácido de batería inunda Fray Bentos filtrándose en hogares. Alcanza pueblos más lejanos como Las Cañas y Nueva Berlin. Los habitantes denuncian que el aire se hace irrespirable y que al abrir las ventanas el olor es más fuerte. Aumentan las consultas tanto en los centros de salud de Fray Bentos como en los de Gualeguaychú. Síntoma inmediato: nauseas, sequedad en garganta. Las autoridades no dan respuesta y BOTNIA se llama a silencio. Luego de varias semanas, la DINAMA (Dirección Nacional de Medio Ambiente) reconoce que el olor es fuerte. Sin embarbo no logra “encontrar” el origen del olor. El organismo, no obstante, emite un comunicado en el que asegura que “no habrá consecuencias a la salud ni al medio ambiente”.

7 de noviembre: Botnia paraliza su producción por dos semanas para realizar actividades de mantenimiento. Según el comunicado oficial de la empresa, el motivo principal para tomar la decisión es “el debilitamiento del mercado y el crecimiento del stock de pulpa de celulosa”.

Desde el 9 de noviembre de 2007: Desde su puesta en funcionamiento Botnia ha arrojado al agua y al aire mas de 4000 toneladas de contaminantes todos de reconocida toxicidad, aguda o crónica: metales pesados, órganos clorados, dioxinas y furanos (todos tóxicos acumulables persistentes), compuestos órganos sulfurados, nitratos, nitrógeno, fósforos, sulfuros y gases altamente peligrosos (SO2, SH2, y NOx).

           

(Publicada en la "Agencia Rodolfo Walsh", 20 de noviembre de 2008)