sábado, 3 de mayo de 2008

Se hace camino al andar


Ya pasaron 40 meses de la masacre de Cromañón y la impunidad sigue intacta. Aún no hay fecha establecida para el juicio oral y se sigue dilatando el proceso. Los familiares, amigos y sobrevivientes siguen su lucha heroica y marcan un camino poco transitado: el dolor transformado en lucha y ésta, en esperanza

Por Luis Zarranz
   Ya han pasado 40 meses. 40 infinitos meses de dolor, de impunidad, de lucha, de movilizaciones, de resistencia, de injusticia. 40 meses en los que quedaron desnudos el progresismo barato, la izquierda paleozoica, la derecha repugnante y la alarmante indiferencia social.
   Todo esto, y mucho más, pasaron durante estos 40 meses en que Cromañón se convirtió en un adjetivo que califica mejor que ningún otro las situaciones latentes donde la vida  corre riesgo, frente a la más absoluta complicidad institucional.
   40 meses.
   Suele ocurrir que los números redondos tengan mayor repercusión. No es el caso. Para los medios comerciales, Cromañón es noticia si los padres lucen alterados. Si no, no vende.
   No es noticia que el juicio oral no comience, que los funcionarios no sean investigados, que la causa judicial sea cualquier cosa menos lo que debería ser: el reflejo de una masacre absolutamente preanunciada, y por ende, evitable.
   En estos 40 meses el movimiento Cromañón ha dejado una estela maravillosa de alegría, lucha y esperanza: una murga, una articulación que reúne los distintos grupos, una muestra de fotos itinerante, un ciclo de charlas-debate, foros, un santuario levantado con igual empeño que dolor, y una lucidez que impresiona.
   Los familiares, amigos y sobrevivientes de Cromañón –en realidad, todos sobrevivientes– no han dejado de movilizarse ni un sólo mes en estos 40 meses. Ni uno sólo.
   Cada 30 días han articulado un documento que en la mayoría de las ocasiones es un espejo de lo que pasa en el país. Una descripción perfecta, dolorosa y trágicamente negada por la sociedad de lo frágil y precario que resulta vivir en este sistema depredador, voraz y asesino.
   La República de Cromañón, ese país visible pero invisibilizado (y no sólo por el humo) sigue latente y silenciado hasta que una nueva masacre lo saca a la luz.
   40 meses de impunidad es una invitación a la locura. Sin embargo ahí están los familiares, amigos y sobrevivientes demostrando una lucidez apabullante frente a la estigmatización de “violentos”.
   En el medio, la masacre de sus hijos, las mentiras cotidianas, las puertas cerradas, el silencio miserable del rock, del progresismo, de los intelectuales, de muchos organismos de derechos humanos, del Gobierno, de la Justicia, de los medios, de la sociedad que se escandaliza lo que dura la noticia en TN.
 Demasiados silencios como para no gritar bien fuerte.
  Hace 40 meses atrás Cromañón era un infierno. Las causas que hicieron posible que ocurriese lo que ocurrió siguen repitiéndose en cualquier esquina de la Ciudad: subtes, colegios, shoppings, talleres textiles, peloteros, entre otros. Eso sigue. El silencio, también.  
    El movimiento Cromañón está ahora marchando por la Avenida Rivadavia, en sentido contrario al transito. En sentido contrario, y no sólo literalmente. 

(Publicada en el sitio "Jaque al Rey", 3 de mayo de 2008)

viernes, 25 de abril de 2008

Como ratas por tirante


Presionados por las cientos de firmas que reclamaron el apartamiento de dos jueces vinculados a la Policíala Justicia platense resolvió separar a la Bonaerense de la causa por la desaparición de Julio López y cambiar la carátula a "Desaparición Forzada", tal como venían insistiendo los organismos de derechos humanos. Un triunfo histórico en la peor de las batallas: el Terrorismo de Estado versión moderna.

Por Luis Zarranz
   No tuvieron otra opción y tuvieron que admitirlo. Tal como denunciaban los organismos de derechos humanos y organizaciones sociales, la Policía Bonaerense se encuentra implicada en la desaparición de Jorge Julio López. Así lo resolvió la Cámara Federal de La Plata, cuyos dos de sus tres miembros habían sido recusados por sus vínculos con la Fuerza.
   Frente a los centenares de firmas que reclamaron el apartamiento de los jueces Alicia María Di Donato y Alberto Durán, éstos no tuvieron más alternativa que dictaminar lo que ya era un secreto a voces: la implicancia de la Policía Bonaerense en el secuestro, desaparición y encubrimiento de uno de los principales testigos y querellantes del juicio que condenó a cadena perpetua a Miguel Etchecolatz por genocida.
   De esta manera, la Sala I, integrada además por Julio Reboredo, dictaminó apartar a la Bonaerense y cambiar la carátula de “averiguación de paradero” a “desaparición forzada de personas”. Sí, recién ahora la Justicia reconoce que Julio López fue y está desaparecido y no perdido por ahí.
   La causa había recaído en la Cámara Federal de La Plata ya que los abogados querellantes, agrupados en Justicia YA! habían pedido al juez federal, Arnaldo Corazza, que se cambie de carátula y aparte a la Policía provincial de la investigación. Al ser rechazado reiteradamente por el juez, los organismos apelaron y, de esta forma, el expediente pasó a la Sala I de la Cámara Federal platense.
   Guadalupe Godoy, abogada de la querella, sostuvo que la medida está destinada a calmar los ánimos de quienes exigen Justicia. “Esto es porque la semana pasada presentamos una recusación para que el juez Durán se aleje de la causa por su ya conocida vinculación con policía de la dictadura”.
   La Dra. Di Donato –recientemente incorporada a la Sala I– había sido recusada por pertenecer a la Policía bonaerense desde marzo de 1978 hasta octubre de 1990, momento en que renunció con el cargo de Oficial Subinspector. En tanto Durán, por su estrecha vinculación con la policía provincial, tal como quedó demostrado en el año 2005, oportunidad en la que también fue recusado con similares fundamentos cuando llegó a su juzgado una de las causas contra los genocidas. 
   A esos fundamentos hay que agregar que Durán es hoy integrante del Consejo Asesor del Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, donde se desempeñan varios de los investigados en la causa López, y se lo sindica como Ministro de Seguridad en las sombras.
   Godoy aseguró que esta modificación en la causa, si bien es recibida con emoción, no los hará cambiar de postura: “Seguiremos exigiendo la inmediata renuncia de los jueces Alberto Durán y Alicia Di Donato a la causa por la desaparición del compañero López”.
   En el fallo de la Cámara se explícita que la Policía Bonaerense, defendida por las autoridades provinciales hasta minutos antes de la resolución judicial, debe apartarse de la causa y dar lugar “una Unidad Especial conformada por integrantes de una fuerza de Seguridad del orden nacional” debido a su mal desempeño en la investigación y las sospechas de su accionar.
   Ahora la causa sigue en manos del juez federal Arnaldo Corazza, pero se creará un organismo de investigación especial para el caso integrado por integrantes de fuerzas de seguridad federales.
   Hasta el momento la desaparición de López no arrojó ningún imputado ni, mucho menos, un detenido. Como se observa, la Justicia también está desaparecida, secuestrada por los mismos de siempre. Hasta que la presión popular la hace aparecer.

(Publicada en el sitio "Jaque al Rey", 25 de abril de 2008)

viernes, 18 de abril de 2008

López sigue desaparecido: la Justicia, también

La causa que “investiga” el secuestro y desaparición de López recayó en la Sala I de la Cámara Federal de Apelaciones de La Plata, en la que dos de sus tres miembros tienen fortísimos vínculos con la Policía Bonaerense, implicada en los hechos “investigados”. Ambos jueces fueron recusados. Una prueba más de que la Justicia, como López, también está secuestrada.

Por Luis Zarranz
   La causa que investiga el secuestro y desaparición de Jorge Julio López sigue generando asombro: no por su contundencia, mucho menos por sus notables resultados. Todo lo contrario: su virtual paralización a diecinueve meses de iniciada no deja lugar para la duda: la justicia no busca Justicia.
    Ahora depende de dos jueces con alta vinculación con la Policía Bonaerense, institución que, cuanto menos, ha hecho mucho por desviar las pistas que conducían a los responsables del secuestro de López.
   Desde el momento en que Julio desapareció, los organismos de derechos humanos y organizaciones sociales querellantes, sostuvieron que, necesariamente, se encontraba implicada la Policía Bonaerense, y cientos de pruebas conducen a ese destino.
   Hace unos meses, los organismos presentaron un nuevo pedido para que se cambie la carátula a “desaparición forzada” y que se aparte la Policía de la investigación. Una vez más ese pedido fue rechazado por el juez Arnaldo Corazza. 
   Las agrupaciones decidieron, esta vez, apelar a la instancia superior, la Cámara Federal de Apelaciones de La Plata, y la causa recayó en la Sala I, integrada por los jueces Alicia Maria Di Donato, Alberto Durán y Julio Reboredo.
   Di Donato y Durán, de fuertes vínculos con la Policía, fueron recusados.  La Dra. Di Donato, –recientemente incorporada a la Sala I- por su pertenencia a la Policía bonaerense desde marzo de 1978 hasta octubre de 1990, momento en que renunció con el cargo de Oficial Subinspector.
   Al juez Durán, por su estrecha vinculación con la policía provincial tal como quedó demostrado en el 2005, oportunidad en la que también fue recusado con similares fundamentos cuando llegó a su juzgado una de las causas contra los genocidas.  
   A esos fundamentos hay que agregar que Durán es hoy integrante del Consejo Asesor del Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, donde se desempeñan varios de los investigados en la causa López, y se lo sindica como ministro de Seguridad en las sombras. 
   Increíblemente, o no tanto, mientras se resuelve la recusación ambos jueces siguen en funciones y la primera medida que tomaron fue impedir que una copia de la causa quedara en el juzgado de Corazza, con lo que ésta queda virtualmente paralizada. 
   Además, Durán intenta desprestigiar a los organismos de derechos humanos, esgrimiendo que cuenta con el apoyo de otras agrupaciones. Es así que el viernes pasado -11 de abril- se presentaron como querellantes en la causa la CGT de La Plata y la Asociación de Abogados Justicialistas de la misma ciudad. Lo curioso es que lo hicieron con un escrito que en su casi totalidad se dedica a defender la "probada trayectoria democrática" de Durán. 
  Alberto Ramón “Tito” Durán es uno de los más polémicos jueces bonaerenses. Además de integrar la Sala I de la Cámara Federal de La Plata, fue profesor de la Escuela de Policía Juan Vucetich y fue amigo de quien fuera jefe de la “maldita policía”, Pedro Klodczyc, ya fallecido.
   Durante la última dictadura, el experto que asesora a Scioli en Seguridad trabajó en el Ministerio de Gobierno, Jurisdicción 03, ítem 12, Subsecretaría de Asuntos Legislativos, Dirección de Proyectos, en calidad de agente temporario con retribución equivalente al cargo de “abogado C”.
   A Durán se lo acusa de boicotear los Juicios por la Verdad. Se opuso, por ejemplo, al secuestro del fichero del ex secretario del vicariato castrense Emilio Graselli e intentó devolverle a Aldo Rico el archivo de inteligencia policial secuestrado por la Cámara, fichero que hoy forma parte del patrimonio de la Comisión por la Memoria.
   En los 80 comenzó a prestar servicios en el Poder Judicial de la provincia de Buenos Aires, también durante la dictadura. Pasó de ser juez de primera instancia de Lomas de Zamora a camarista, de la mano del ex presidente Eduardo Duhalde.
   Allí tuvo su primer traspié cuando al ser tentado para asumir en la Secretaría de Seguridad tuvo que declinar el cargo por proponer como subjefe al comisario mayor Darío Delfín Rojas –torturador y represor– ascendido por Ramón Camps a raíz de su participación en el caso Graiver.
   Ante esta situación, los organismos de Derechos Humanos piden la firma de un petitorio, que aquí publicamos, para enviar por fax a la Presidencia de la Cámara Federal de La Plata: 0221-4256858 o 0221-4258208.
   También es posible solidarizarse enviando una adhesión a justiciayalp@yahoo.com.ar,  ya que intentaran publicar el texto como solicitada.
    Además, realizarán las siguientes medidas al cumplirse 19 meses de la desaparición de Julio:
-Solicitar entrevista a la Corte Suprema de Justicia de la Nación para presentar el escrito por retardo y denegación de justicia del que hablaron el mes pasado con el Presidente de la Corte, Dr. Lorenzetti.
-La Multisectorial La Plata, Berisso y Ensenada realizará el viernes 18 – como todos los meses- una marcha a las 18 desde Plaza Moreno a Plaza San Martín, harán una parada en 8 y 51 para exigir la separación de los jueces cuestionados por sus vinculaciones con la Policía Bonaerense.
-La Mesa de Escrache Popular realizará asimismo, el mismo viernes 18 a las 12, una intervención urbana para denunciar la complicidad del Poder Judicial. La actividad se llevará a cabo en la intersección de las calles 8 y 50 de la ciudad de La Plata.

(Publicada en el sito "Jaque al Rey", 18 de abril de 2008)

viernes, 4 de abril de 2008

¿López desapareció de cada uno de nosotros?


Jorge Julio López ya lleva un año desaparecido de su casa. Pero resulta que también está desaparecido de los medios, de los discursos oficiales y de la sociedad. Pocos ya se acuerdan de él. ¿Qué se puede hacer desde nuestro lugar? Seguramente mucho más que la nada misma que recorre a cientos de personas. Que nadie venga a decir que no hay nada por hacer, que no se puede hacer nada. Se puede hacer mucho, el tema es que la mayoría de esta sociedad no tiene ganas y, encima, no se hace cargo.

Por Luis Zarranz
   Una de las primeras consignas al momento de producirse la desaparición de Jorge Julio López fue “Todos somos Julio López”. El sentido del mensaje era claro. La desaparición de Julio era una intimidación para toda sociedad y sentirnos como él era decir que no iban a lograr desaparecerlo por completo.
   A un año y medio de ese tiempo, Julio sigue desaparecido y también muchos lo desaparecieron de sí mismos.
   Lo de la Justicia no sorprende: es la regla. En la causa no hay ni un solo imputado ni líneas firmes de investigación. Este dato, por si sólo, explica la complicidad estatal en la desaparición de Julio.
  López está desaparecido de su casa, pero también de los medios, de los discursos oficiales, del Congreso y, esto es lo que más duele, de la sociedad, Su desaparición es la prueba irrefutable –por si le hacía falta a un estúpido– de la continuidad de la política genocida implementada en la última dictadura militar.
   Son cómplices jueces, fiscales, funcionarios. Todos callan. Todos miran para otro lado. ¿Qué ven? ¿Qué pretenden mirar?
   La ausencia de López se hace insoportable pero vaya a saber cuáles mecanismos, o quizá por ese silencio que pretende hacernos creer que no existe lo que no se nombra, sigue siendo sostenible. Sigue siendo, existiendo, y con eso alcanza para ser espeluznante.
   La vida misma, la cotidianidad de todos los días, lo rutinario, todo eso que tiene la normalidad más normal de cualquier día, sigue como si nada.
   Nadie lo recuerda cuando hace sus compras, cuando entra al cine, cuando grita un gol como desaforado, cuando va a la plaza con el nieto, al laburo, a la escuela... nadie.
   Todo sigue. Todo pasa. Todo bien.
   Una pregunta se me instala en el cuerpo y me persigue como buscando una respuesta urgente: ¿Qué se puede hacer desde nuestro (cómodo) lugar?
   Poco, quizá, pero seguramente mucho más que la nada misma que recorre a cientos de personas con los que uno dialoga cotidianamente. “¿Ya pasó un año y medio?”, dice la voz que perturba los oídos.
   López sigue desaparecido, en parte, porque nosotros estamos más preocupados por si se pasa el feriado, si vuelve Tinelli o si mañana hacemos fútbol con los pibes. Su desaparición es cosa nuestra, y como cosa nuestra debe interpelarnos a la acción, a exigir respuestas.
   Hay ciertos hechos que nos definen como sociedad. La desaparición de López es uno de ellos. Las pruebas están a la vista. Nadie, más allá de los sectores movilizados, se inquieta por una desaparición que se prolonga un año y medio sin mayores novedades.
   Que nadie venga a decir que no hay nada por hacer. Que no se puede hacer nada. 
   Mentira.
   Se puede hacer mucho, el tema es que la mayoría de esta sociedad no tiene ganas, no le interesa, no le preocupa y no le inquieta que alguien haya desaparecido luego de testimoniar contra un genocida. Disculpen si les caigo mal, pero también son cómplices. No caben las metáforas, los recursos estilísticos, las expresiones refinadas: se están cagando en un tipo que fue chupado, como se cagan en Fuentealba, en los cartoneros y en los pibes que son molidos a palos en las comisarías.
   “La única lucha que se pierde es la que se abandona”, dice el póster pegado en la pared justo arriba del monitor de esta computadora. 

(Publicada en el sitio "Jaque al Rey", 4 de abril de 2008)

jueves, 3 de abril de 2008

El olvido es tan verdugo como la muerte


Este viernes 4 de abril se cumple un año del asesinato del docente Carlos Fuentealba, en Neuquén. El ex gobernador Jorge Sobisch, autor intelectual del crimen, goza de absoluta impunidad. Sólo hay un imputado, el autor material, el policía Poblete que irá a juicio oral el 4 de junio. Mientras tanto, buena parte de la sociedad que se estremeció con el crimen de Fuentealba es ahora totalmente indiferente a la impunidad reinante.

Por Luis Zarranz
   Hace un año las armas y los disparos apuntaron contra la Educación pública. Contra los docentes. Contra los encargados de enseñar. Y la mataron. Lo mataron. Carlos Fuentealba fue asesinado por las balas policiales. Por los cobardes de siempre.
   Desde entonces, poco ha cambiado. La impunidad goza de absoluta impunidad. Entonces las palabras pierden sentido, se desencuentran con los hechos para ser atrapadas por una gigantesca tela de araña que las envuelve y las asfixia.
   No hay mucho por decir.  Verdad de Perogrullo: las balas matan. Pero resulta que también mata la indiferencia social, la impunidad, el olvido, el “no pasa nada”, el “todo pasa”, el encubrimiento.
   “Somos los maestros de sus hijos”, gritó aquel día, desesperada, una docente frente a esos señores vestidos de muerte. Una vez más, no escucharon.
   La policía neuquina reprimió brutalmente con palos, gases lacrimógenos y balas de goma a un grupo de 300 docentes que cortaban la ruta nacional 22, en la localidad de Arroyito, Neuquén.
   La respuesta del entonces gobernador Jorge Sobisch a la protesta de los maestros, quienes reclamaban desde hacía más de un mes un aumento salarial, fueron las balas y el asesinato de Carlos Alberto Fuentealba. (Además otros veinte manifestantes padecieron diferentes heridas).
   Una vez más, como Teresa Rodríguez diez años atrás, en la misma ruta.
   Una vez más, la Policía asesinando a un inocente.
   Sobisch sostuvo luego que él impartió la orden para que liberasen la ruta porque afectaba a muchos turistas que se dirigían a los centros vacacionales aquella Semana Santa.
   Fuentealba se encontraba dentro de un auto, dispuesto a huir de la caza de maestros que implementaba la Policía. El proyectil, un gas lacrimógeno, le impactó por atrás luego de atravesar la luneta del auto y le estalló en la cara. Fue tan corta la distancia de disparo, que le produjo la fractura y hundimiento de cráneo.
   El asesino, luego, huyó. Impune y cobardemente.
   Carlos Fuentealba era maestro de escuela en Cuenca XV. Docente de Química en uno de los barrios más pobres de la ciudad de Neuquén, tenía dos hijos, de diez y catorce años, y una compañera que fue -es- todo ovario. Fuentealba era delegado gremial y venía luchando, junto a sus compañeros, por un justo aumento salarial en una provincia rica que distribuye poco todo lo que recauda.

   Para el Gobernador era más importante que aquella Semana Santa la ruta que cortaban los maestros estuviera despejada para no molestar a los turistas que aportar soluciones a los docentes. Esa fue su idea “maestra”: no, no aumentó los sueldos: mandó a reprimir. A mansalva. Cueste lo que cueste.
   Y costó la vida de Fuentealba, y lo mataron a él y a buena parte de la Educación. El mensaje fue claro. Ya sabemos para qué lado apuntan sus armas.
   A un año sigue la impunidad. La asquerosa, vomitiva y asqueante impunidad.
   El autor intelectual del asesinato, Sobisch, luego fue candidato a Presidente y 284.161 personas consideraron que él era la mejor opción. Quedó 6º, en el peor de sus escenarios posibles.
   El autor material y único imputado en la causa judicial, el oficial Darío Poblete, irá a juicio el 4 de junio en la Cámara en lo Criminal Primera de Neuquén. Para la Justicia el único responsable del asesinato de Fuentealba es Poblete. Nada de nada sobre los que dieron las órdenes, sobre los demás que dispararon. Nada.
   Mañana habrá una “Jornada Nacional de Lucha contra la Impunidad”. Según anticiparon los organizadores, la Jornada consistirá en suspender el desarrollo de las actividades curriculares habituales y realizar clases alusivas en la escuela, clases públicas en las calles y plazas de todo el país, radios abiertas, recolección de firmas a través de un petitorio para exigir el juicio y castigo a los responsables del crimen y actividades artísticas, entre otras. Ese día habrá un acto central en Neuquén y otros en el resto del país. No habrá paro nacional docente porque CTERA, gremio nacional aliado al Gobierno, no aceptó el pedido de los docentes de la provincia de Neuquén.
   A un año sigue siendo poco lo que podamos decir. Pero es mucho lo que tenemos por hacer. No hay tiempo que perder, sobre todo después de haber aprendido la lección: o somos dignos defensores de la memoria y la lucha de Fuentealba o nos mereceremos un aplazo.

(Publicada en el sitio "Jaque al Rey", jueves 3 de abril de 2008)

viernes, 7 de marzo de 2008

El Reino del Revés


Un coronel prófugo de la Justicia, acusado de crímenes de lesa humanidad, dirige en las sombras una empresa de seguridad privada. Un caso testigo del Reino del Revés, en un país donde la seguridad privada aparece como una divinidad.

Por Luis Zarranz
   “Vamos a ver cómo es el reino del revés”, dice en varios pasajes la canción para niños que compuso hace ya varios años María Elena Walsh. Que sea una letra para pequeños y que tenga sus años, no impide que describa a la perfección la situación aquí narrada.
   Sólo en el Reino del Revés es posible que un prófugo por delitos de lesa humanidad sea director de una agencia de seguridad privada. Y éste es el caso. Aldo Álvarez fue jefe de Inteligencia del V Cuerpo, compañero de promoción y amigo del represor Ramón Camps. Desde las sombras controla Alsina SRL, una agencia de seguridad privada en la que fue gerente hasta 1998 y dueño hasta marzo de 2000, cuando le cedió las acciones a su yerno aunque, en las sombras, sigue con el control hasta el día de hoy.
   Nueve meses antes de marzo de 2000, fecha en la que Álvarez se desprendió de las acciones, en la provincia de Buenos Aires se había sancionado la Ley 12.297 que, entre otras cosas, inhabilita a poseer o integrar las empresas a represores indultados o impunes por las leyes de impunidad.
   Pero, en el Reino del Revés, Álvarez no se dio por aludido. Y la Justicia, mucho menos.  

La seguridad privada (y la Justicia también)
   Según las leyes vigentes, el personal en actividad de las Fuerzas Armadas, de Seguridad y organismos de Inteligencia tienen prohibido trabajar en empresas de seguridad privada. Pero, en el Reino del Revés, la ley se diluye y es birlada con contratos “en negro”. La mitad del personal de las 850 empresas registradas en la provincia de Buenos Aires tienen contratados a sus empleados bajo esta modalidad, doblemente ilegal.
   El dato lo difundió el Ministerio de Seguridad provincial hace un mes, cuando intervino la Dirección Fiscalizadora de Agencias de Seguridad Privada en respuesta al aumento de robos en los countries. La cantidad de agentes privados registrados en la provincia llega a 45 mil hombres, apenas 6 mil menos que la Policía Bonaerense.
   En el Reino del Revés, ninguna ley nacional impide que ex miembros de grupos de tareas de la dictadura tengan ejército propio, con uniforme y escudo, al servicio de quien esté dispuesto a contratarlo. Tan solo el decreto 1002/99, con el que se buscó crear una instancia federal de control dependiente de la Secretaría de Seguridad Interior que nunca llegó a concretarse, permite que el Archivo Nacional de la Memoria objete a los candidatos a poseer o integrar las agencias. Pero su opinión no es vinculante para las direcciones fiscalizadoras.
   Aldo Mario Álvarez fue jefe del Departamento II Inteligencia del Cuerpo V de Ejército entre 1974 y diciembre de 1977. Ante la Justicia declaró que estuvo abocado a la guerra frustrada con Chile y permaneció ajeno a "la tarea antisubversiva". Sin embargo, el oficial que manejaba la picana eléctrica en La Escuelita, el campo de concentración donde Álvarez tenía voz de mando, admitió que dependía "del coronel Álvarez" y el que comandaba a los grupos de secuestradores confesó que las informaciones sobre los blancos las suministraba el G2 o Jefatura II.
   Egresado del Colegio Militar de la Nación como oficial de informaciones, cuando se produjo el Golpe de Estado de Juan Carlos Onganía ya era jefe del departamento "Actividades Psicológicas" del Estado Mayor de Ejército. Pasó por la SIDE y en 1974 fue destinado a Bahía Blanca hasta diciembre de 1977. Tres meses después se retiró.
   Durante los años en que dirigió el Cuerpo V secuestró, torturó y fusiló a gusto. Por su actuación durante la dictadura, Álvarez declaró ante la Cámara Federal de Bahía Blanca en 1987 y trece años después, durante el Juicio por la Verdad. En ambas declaraciones negó su participación en secuestros y torturas. Sin embargo, sus propios subordinados lo contradijeron y lo signaron como responsable y aseguraron recibir órdenes de él
   La indagatoria de Álvarez en 1987 duró cinco días. La Cámara Federal lo procesó por privaciones ilegales de la libertad calificadas y agravadas, y le dictó falta de mérito por homicidios, lesiones y tormentos mientras seguía acumulando pruebas. Como corresponde en el Reino del Revés, en 1988 la Corte Suprema de Justicia lo benefició con la ley de Obediencia Debida.
   En 2006 los fiscales Antonio Castaño y Hugo Cañón pidieron su detención por todos los delitos de lesa humanidad cometidos por el Cuerpo V entre 1975 y 1977. En el Reino del Revés, por su edad de 81 años, el coronel Álvarez tiene derecho a gozar de prisión domiciliaria. Sin embargo, está prófugo.
   Desde vaya a saberse dónde, este prófugo maneja una empresa a cargo de sus testaferros y cuya razón es dar “seguridad”.
   María Elena Walsh no debe conocer el caso. Sin embargo, varios años antes se lo imaginó: “Un ladrón es vigilante y otro es juez”, escribió con absoluta lucidez.

(Publicada en el sitio "Jaque al Rey", 7 de marzo de 2008)

Todos los caminos conducen a Roma

Estados Unidos está presente en cada rincón de este planeta, y la inmensa mayoría de las veces, con una política escandalosa y genocida. Sin embargo, son varios los indicadores de su decadencia: índices económicos, crisis hipotecarias, guerras perpetuas, etc. Su hegemonía es indiscutible, como lo era también la de Roma. Y Roma cayó…

Por Luis Zarranz
   Cuando el año que viene George W. Bush se retire de la Casa Blanca dejará a los Estados Unidos en peores condiciones que cuando asumió. No hace falta una mente demasiado lúcida para darse cuenta que ya los propios estadounidenses, sufren las consecuencias de su pésima y genocida gestión.
   Pero EEUU no es sólo Bush. Son también sus diputados y senadores, la prensa, los jueces y millones de ciudadanos los que perpetúan y legitiman el poder imperial, ya sea al estilo descarnado del actual Presidente, o más edulcorado como lo fueron todos y cada uno de sus antecesores.
   Que Estados Unidos está en franca decadencia es, de tan obvio, estúpido decirlo. Envuelto en una invasión a la que no puede dar por acabada según sus objetivos iniciales y ni siquiera por los posteriores (Al respecto: ¿dónde estaban las armas de destrucción masiva que fabricaba Saddam Hussein?); con una economía recesiva; con derechos civiles avasallados y en plena crisis hipotecaria: el Imperio no pasa, precisamente, por sus mejores momentos.
   Los 50 millones de personas sin servicio de salud, en un país que no cuenta con hospitales públicos, y los 40 millones de pobres, son un crudo testimonio de esa realidad. Sin embargo, Estados Unidos sigue atribuyéndose autoridad para meter sus narices en sitios donde no tiene nada que hacer.
   Raúl Reyes, el segundo hombre en importancia de las FARC, fue asesinado en territorio ecuatoriano por el Ejército colombiano en un plan pergeñado por los EE.UU. que desató una crisis que casi lleva a la guerra a Colombia, Ecuador y Venezuela. La renuncia de Fidel Castro a la presidencia de Cuba fue celebrada por Norteamérica pero sus autoridades no se cansaron en repetir la necesidad de un “cambio” y de mayor “libertad”. ¿Qué pasaría si fuera Cuba, Costa Rica o Paraguay los que pidieran un cambio en Estados Unidos? En la isla del Caribe no existen las personas sin cobertura médica y educación (ambas gratuitas). Frente a los números expuestos unas líneas arriba, ¿No sería el gobierno cubano el que tendría que exigir un cambio? ¿Qué pasaría si lo hiciese?

“Es la economía, estúpido”
   El cuadro actual de la economía estadounidense puede sintetizarse así: endeudamiento galopante, enorme déficit de cuenta corriente (diferencia negativa entre lo exporta y lo que importa), persistente déficit fiscal (saldo negativo entre lo que gasta y lo que recauda) y una crisis hipotecaria impresionante. Pareciera el síndrome típico de algún país periférico y subdesarrollado. Pero se trata de la primera potencia económica mundial y, con mucha ventaja, la economía nacional más grande (incluso más grande que toda la Unión Europea).

Primarias
   La contienda electoral para las elecciones generales de noviembre de este año, se centrará en la disputa entre el Partido Republicano y el Demócrata, partidos que se alternan en el poder desde hace casi dos siglos.
   Por el lado Republicano, ya consagrado como su representante luego de imponerse en las internas, estará John Mc Cain. El ex combatiente y prisionero en Vietnam, de 71 años, dice ser menos conservador que Bush, integrante del mismo Partido.
   En tanto, al cierre de esta edición, Barack Obama y Hillary Clinton se disputaban la candidatura demócrata. La ex primera dama, que tiene menos congresales, insinuó que podrían compartir fórmula, aunque los votantes aún debían decidir quién la encabezaría.
   Es de una necedad galopante asegurar, como se ha dicho por ahí, que la política exterior estadounidense dará un giro con los demócratas en la Casa Blanca. Obama, por ejemplo, se opone a la guerra de Irak pero no por las atrocidades que causa sino porque ya murieron más de 3.000 soldados norteamericanos. Los iraquíes de todas las edades no cuentan.
Estados Unidos, lejos están estas líneas de discutirlo, son la única superpotencia mundial que existe en la Tierra. Sin embargo, no tiene ningún derecho de extorsionar, bombardear u hostigar a ningún Estado, por más pequeño que sea.
Frente a eso sí existe otra superpotencia: la opinión pública. Cada uno de nosotros dispuestos a no permitirlo. ¿O si?

(Publicada en el sitio "Jaque al Rey", 7 de marzo de 2008)

sábado, 10 de noviembre de 2007

PreS.O.S


“La inseguridad” lidera las preocupaciones de los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano, según lo señalan varios informes. Se suele pedir “mano dura” -eufemismo de moda para pedir represión- y que los delincuentes no salgan más de prisión. Sin embargo, la situación en las cárceles es alarmante. Nueve de cada diez no tiene condena, y por lo tanto son inocentes, “hasta que se demuestre lo contrario”. El Estado viola allí todo tipo de derecho. Sobran las denuncias y las pruebas pero a nadie parece importarle. ¿Y a vos?

“Es posible que nos estemos pasando un poquito
 en el límite constitucional,
pero también la Constitución
 dice que las cárceles tienen que ser limpias
 y sabemos que no lo son”.
(Gobernador Felipe Sola,
en un encuentro con miembros
del Comité Contra La Tortura)

Por Luis Zarranz
Cada día es más frecuente oír distintas voces que reclaman que se “haga algo” para frenar la “ola” de inseguridad. Por lo general, las opciones que más se escuchan son distintas opiniones que varían entre la “mano dura” y la “mano de hierro”.
Se dicen cientos de cosas sobre la inseguridad, los medios destinan cada vez más espacio para narrar hechos delictivos, pero sin embargo, pocas veces se (nos) explica las causas que la generan, rara vez se vincula los orígenes posibles –marginalidad, desigualdad, desocupación galopante, falta de oportunidades, discriminación y el sistema de consumo en el que vivimos que ofrece a todos lo que sólo unos pocos pueden obtener– con sus consecuencias.
Brillan por su ausencia los debates a fondo y se argumentan poco las escasas posibilidades que tiene cualquier política de seguridad sino va acompañada de una verdadera distribución del ingreso y de oportunidades.
Uno de los temas que están desaparecidos del debate público es la situación de las cárceles, puesto que allí debería –según la Constitución Nacional– empezar la reinserción de los delincuentes. Cuando uno acerca la vista y verifica su estado, percibe cuál lejos se está de semejante realidad.
 Las cárceles son depósitos humanos que, como admite con sorna el saliente gobernador bonaerense y diputado electo, Felipe Sola, violan el artículo 14 de nuestra Carta Magna y los derechos humanos de quienes están allí. Las cárceles están superpobladas, los presos viven en condiciones infrahumanas y los motines son moneda corriente debido al hacinamiento en el que se encuentran. Sin embargo, son pocos los que levantan la voz para denunciar estos atropellos por parte del Estado.
Dentro de este panorama, las prisiones que se encuentran en territorio bonaerense son las que presentan la situación más calamitosa. El 48% de todos los presos del país están detenidos en cárceles de la Provincia. Sobre una capacidad para 22.000 personas, éstas encierran a 25.250 presos, de los cuales el 83% no tiene una condena firme, es decir son “inocentes hasta que se demuestre lo culpable”.
Allí es mucho más fácil sufrir todo tipo de atropello que cualquier lección para reinsertarse en una sociedad. El Estado se muestra inerte frente a semejante realidad y no hace nada para modificar esta situación.
“Las cárceles son campos de concentración y de exterminio. No son más que un depósito de carne humana, donde los presos están obligados a domesticarse, cumpliendo todo tipo de directivas del Servicio Penitenciario, incluso órdenes ilícitas, como salir del penal para robar. Son lugares donde la vida no vale nada.”
La declaración no es el relato de un ex detenido, sino el testimonio del fiscal ante la Cámara Federal de Garantías de Bahía Blanca y miembro del Comité para la Tortura, Hugo Omar Cañón, que recorre a diario los penales bonaerenses y que tiene pruebas de graves delitos cometidos por el Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB).
En los últimos dos meses de 2006 y en los primeros dos meses de 2007 hubo más de 800 hechos de violencia en las 52 cárceles que tiene la provincia de Buenos Aires. En la abrumadora mayoría se trataba de hechos perpetuados o ideados por los propios miembros del Servicio Penitenciario.
Sin embargo para el SPB, oficialmente, no son más que autolesiones o agresiones entre internos. En ninguno de los informes que elevó el Gobierno este año existe siquiera la sospecha de participación de agentes penitenciarios.
Pero en las causas que integran el informe anual del Comité contra la Tortura (un organismo público financiado por el Gobierno bonaerense y que forma parte de la Comisión Provincial por la Memoria) aparecen internos misteriosamente ahorcados, brutalmente golpeados, apuñalados, con balazos de goma en la mano o en la espalda, electrocutados o que han sufrido pasajes de corriente eléctrica.
“Es directa, en muchos casos, la relación entre los que aparecen ‘suicidados’ y los que habían denunciado previamente abusos del SPB”, afirmó Cañón. El Comité, del que forma parte el fiscal, pudo comprobar en informes anteriores que esos “suicidados” habían sido asesinados.
No en vano, entonces, en marzo de este año la Corte Suprema bonaerense reconoció al hacinamiento como desencadenante de la violencia y la degradación de la vida humana. En el fallo no sólo daba la razón al defensor general de San Nicolás, Gabriel Ganón -quien había presentado un hábeas corpus colectivo por las condiciones de hacinamiento de todos los presos del penal de San Nicolás-, sino que además reprendió severamente a los jueces por quedarse pegados al asiento en lugar de impartir justicia. 
Es más, el Estado fue denunciado por violaciones a los derechos humanos, por las condiciones en las que son alojados los presos, muchísimos de los cuales no tienen condena.

Según la ley, la prisión preventiva debería ser una excepción que, sin embargo, para los presuntos delincuentes que son pobres, funciona como regla. Sólo correspondería cuando se corre el peligro que el procesado se fugue o entorpezca la investigación. ¿Todos los presos preventivos que hay van a fugarse? ¿En serio? ¿Adónde pueden fugarse, la mayoría de ellos, presos de la miseria y la exclusión?
En definitiva, la prisión sirve para estigmatizar y criminalizar la pobreza y para ser parte de un círculo vicioso que empieza y termina con la exclusión.
Los presos se encuentran en una situación deplorable, en pésimas condiciones de higiene, con las cloacas que rebasan casi todo el tiempo y un olor insoportable, las ventanas tapadas con mantas o maderas, las instalaciones eléctricas son cables de los que cuelgan la ropa lavada, no hay red de incendio y los matafuegos se encuentran a unos 70 metros y atravesando dos puertas con candados. "Los extinguidores están acá por precaución", dijo recientemente un penitenciario sin explicar "precaución" para quién.
Ni aunque hayan cometido el delito más grave de nuestro Código Penal, el Estado puede brindar como respuesta la sistemática violación de sus necesidades básicas. De esta manera, es el propio Estado quien se está apartando del Estado de Derecho para infringir la ley. Así, la situación no dista demasiado de los centros clandestinos de detención de la última dictadura militar, incluso cuando ya se están registrando varias muertes producto de picana eléctrica, crímenes que siguen impunes pese a su denuncia.
En algo más de cuatro año 640 personas murieron dentro de las cárceles bonaerenses. Una lectura de la composición de esos números ofrece una perspectiva más reveladora: tomando como base el año 2005, de los 193 internos muertos en custodia del SPB, más de la mitad (104) lo fueron en forma violenta, a una tasa anual de 338,52. Ese mismo año, en la provincia de Buenos Aires pero fuera de los muros, la tasa fue de 6,4. O sea, un intramuros 5.189% más violento que el exterior. (Y eso que el Conurbano no es, precisamente, un lugar donde sentirse “seguro”).
Si las estadísticas se cumplen, en los próximos dos días un interno de cualquier cárcel bonaerense será asesinado a puntazos, se suicidará, será suicidado, morirá de sida o de tuberculosis, los modos más comunes de llegar al fin del recorrido tumbero, porque si algo es seguro es que en la cárcel no se muere de viejo.
Tales argumentos llevaron a que Ganón presentara el 15 de diciembre de 2004 un hábeas corpus colectivo. Menos de un año después, el 15 de octubre de 2005, uno de los años más oscuros de la historia de las cárceles de la provincia, la relación entre hacinamiento y muertes violentas quedó explícita: 33 presos murieron quemados o asfixiados, encerrados como ratas en el módulo 16 de la U28 de Magdalena, uno de los "módulos de bajo costo" (como los definió el abogado del Cels Rodrigo Borda), construidos por el gobierno de Felipe Solá para ampliar la capacidad de alojamiento sin los servicios necesarios.
Solá debería ser juzgado, aunque el hecho de que se trate de una persona del poder, lo convierte en inimputable.
Así como están las cosas, el gobernador electo Daniel Scioli no sólo deberá atender la que, dijo, será la prioridad de su gobierno –“la seguridad pública”– sino bajo qué condiciones viven quienes están, y vayan a estarlo, en las cárceles bonaerenses. Sino cualquier política en el área carecerá de sentido y correrá la misma suerte que sus antecesores, aunque Scioli haya dicho, en cientos de oportunidades, que de la “mano dura” no quiere ni hablar.
Parece chiste. Ojalá lo fuera. 

(Publicada en la "Agencia Walsh", 10 de noviembre de 2007)

martes, 6 de noviembre de 2007

La imposible misión de enrejar la realidad

Las rejas parecen ser un elemento sagrado de los tiempos actuales. Cada vez que crece la sensación de inseguridad, crece su demanda. Plazas, monumentos, ventanas, balcones, casas y hasta bóvedas soportan rejas de todo tamaño y estilo. ¿A quiénes separan de qué? Aunque los espacios públicos ya no son los mismos, las rejas, sobran ejemplos, no son efectivas para encerrar la realidad, ni mucho menos. 

Por Luis Zarranz


“Del otro lado de la reja está la realidad, de 
este lado de la reja también está
la realidad: la única irreal
es la reja… ”
Extracto del poema “La verdad es la única realidad”,
escrito en la Cárcel de Devoto. Paco Urondo (1973)

La frase de “Paco” Urondo impacta, y golpea. Queda en el aire, en la mente, en el corazón, en las entrañas. Ese poema, escrito desde la cárcel de Villa Devoto donde estaba encarcelado como “preso político”, define con magnifica exactitud una cuestión que suele rebuscárselas para complicarnos la vida: la realidad y su capacidad de multiplicarse.
Sin embargo, se detiene en un elemento, la reja, que resulta imposible, inevitable obviar. “La única irreal es la reja”, sostiene el poeta y militante para precisar que la realidad se halla a ambos lados. Y esa característica, precisamente, le otorga la categoría de irreal. Sin ella, sería lo mismo, porque con ella lo es.
El poema de Urondo, no obstante, le imprime una cualidad inevitable a este elemento  cada vez más visible –por desgracia en cada rincón de cualquier ciudad: la capacidad para dividir, separar espacios, nociones.
Por eso, a partir de las rejas, como aparato y como sustantivo, podemos pensar en varias situaciones que hacen a nuestra vida cotidiana. La Real Academia Española, que de real también tiene poco, define a las rejas como un “conjunto de barrotes metálicos o de madera, de varias formas y figuras, y convenientemente enlazados, que se ponen en las ventanas y otras aberturas de los muros para seguridad o adorno, y también en el interior de los templos y otras construcciones para formar el recinto aislado del resto del edificio”.
La Academia no describe que en la actualidad son un elemento sagrado para vastos sectores que colocan una reja en cada rincón para sentirse más "seguros". Así, son cada vez más usadas como seguridad que como adorno. No existe elemento más iconográfico frente a la inseguridad, en estos tiempos, que un par de rejas. Sus ventas aumentan a diario, cada vez que el mejor agente de prensa, los noticieros, dan cuenta de una nueva “ola delictiva”.
De todos los tamaños, colores y formas, las rejas funcionan como la medicina de acción más rápida para combatir el vandalismo y la inseguridad. La fiebre por instalarlas es ya a esta altura una enfermedad donde los únicos beneficiados son las empresas de seguridad y, con suerte, algunos herreros, trabajadores artesanales que se benefician por su demanda.
Escenas típicas. Chicos jugando detrás de las rejas de una plaza. Monumentos convertidos en jaulas de zoológico. Escuelas y estaciones de trenes cercadas con barrotes de acero. Balcones que parecen fortalezas. Estas son algunas de las postales de la vida cotidiana que se repiten cada vez con más frecuencia. ¿Qué está pasando?

La estética de calabozo

No hay manera de que la piel no se erice cuando uno recorre una ciudad y se encuentra con la imagen repetida de casas con rejas, plazas con rejas, monumentos enrejados. En la Ciudad de Buenos Aires, su mayor ícono, el Obelisco, está actualmente enrejado, vaya a uno a saber para qué. ¿A quién de quién separa? ¿Resulta muy alocado concluir que si una Ciudad desborda de rejas es porque, efectivamente, se han perdido grandes espacios de libertad?
Mario tiene 62 años. Los últimos quince años los vivió en la calle porque, cuenta, atravesó varios conflictos familiares que lo alejaron de su casa. Solía dormir en el Parque Centenario porque le parecía seguro, tranquilo y “ya estaba acostumbrado”. El tiempo verbal en pasado se debe a que desde hace algunos meses el Parque está enrejado, como la mayoría de las plazas porteñas.
Para muchos vecinos Mario era un problema. No su pobreza, ni mucho menos el hambre ni el frío que sufría. No. Nada de eso. Lo que los inquietaba era su presencia allí.
Ahora que el Parque luce como una cárcel a cielo abierto, Mario no está más. Para muchos vecinos se terminó el problema, aunque él sigue buscando qué comer y también dónde dormir. Eso sí, el parque es un lujo: un lujo de 8 a 20, cuando abre las puertas.
Si por definición, las plazas son un “espacio público” ¿cómo se puede concebir que estén enrejadas? Aquellos noctámbulos que en las noches de verano van en busca de aire fresco, ¿tendrán la llave para poder entrar a un lugar que debería ser libre? Está muy bien que se las quiera proteger, pero hacer de las plazas un lugar enrejado da cuenta hasta qué punto el discurso del Poder ha calado en el ciudadano medio.
En los últimos años los balcones, las plazas, las escuelas, los árboles, los monumento: todo está enrejado. En esos casos la reja es real, lo que es ficticio es la distancia que genera, el nuevo vínculo que se construye, por ejemplo, con un espacio público cerrado con candado.
En la Ciudad de Buenos Aires, la comuna puso 8.000 metros de rejas en los últimos años. Hasta los arquitectos y urbanistas más tradicionales coinciden en que la estética porteña cambió.
No hace mucho tiempo atrás era común ver a los chicos jugar con barquitos de papel en alguna fuente pública o a una pareja de enamorados jurarse amor eterno. Esas postales típicas ya pertenecen a otro tiempo histórico. Ahora una reja separa a niños de las fuentes y a enamorados de juramentos románticos. La estética del calabozo ya es “natural” en los lugares públicos. Pero la reja no puede encerrar las ganas de jugar del niño, ni el amor de esa pareja que ve cómo se dificulta su deseo de arrojar una moneda a la fuente que desborda humedad.
La voluntad, los sentimientos, se pueden filtrar por entre las rejas...

Adentro y afuera

Algo está claro. Las rejas marcan un límite. Para eso existen. Unos afuera. Otros adentro. Su sola presencia permite establecer parámetros de inclusión, exclusión, encierro o libertad. Pero asimismo hablan de una fractura social importante. Cuanto más crece la sensación de inseguridad, más rejas se colocan, casi como acto reflejo: más cárceles para evitar robos, más plazas y monumentos enrejados para evitar vandalismo, más vallas en los estadios para evitar colados, la Plaza de Mayo dividida en dos para evitar...
Se enchufan rejas allá y acá, sin detenerse a reflexionar siquiera un segundo sobre lo que implican, sobre soluciones alternativas y mucho menos sobre las causas que generan esa inseguridad.
El mensaje está claro: se encierra lo que se teme. Y se teme lo que se desconoce. Por eso este modelo encierra las plazas: porque le asusta cada vez más la libertad, el encuentro.
¿Las rejas mitigan los delitos? Está claro que no, a la luz de su eficacia. ¿Será que Urondo estaba en lo cierto y entonces son irreales?
Paco Urondo agregó en su poema: “La libertad es real aunque no se sabe bien si pertenece al mundo de los vivos, al mundo de los muertos, al mundo de las fantasías o al mundo de la vigilia (...)”. “Aunque parezca a veces una mentira, la única mentira no es siquiera la traición, es simplemente una reja que no pertenece a la realidad”.
La realidad es otra cosa, que se filtra por las millones de rejas que la intentan cercar.

(Publicada en el portal "Jaque al Rey", en el 2007)